Ciudadanía y democracia

A mí tampoco me gustan las lentejuelas de Juan Gabriel ¿Hay algún problema?

Este debate contiene 20 respuestas, tiene 8 mensajes y lo actualizó Imagen de perfil de Román Suárez RomanSuarez hace 5 años, 2 meses.

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  • #3956
    Imagen de perfil de Carlos Francisco
    @carlosfrancisco
    Participante

    Gracias, @romansuarez, por la imagen. Según esta, la zona de conflicto está sobre todo en el cuadrante IV, para lo cual una dosis de empatía (“sentimiento de identificación con algo o alguien”, RAE) podría generar acuerdos entre voluntades inicialmente opuestas. Y, ¿de dónde sacar esa dosis? Algunos dirían que del esfuerzo de “ponerse en los zapatos del otro”. Pienso que es muy probable que así sea. ¿Qué opinan?
    Para ilustrar la idea de empatía, encontré el cuento de los hermanos Grimm, El plato de madera.

    El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.
    La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el alimentarse un asunto difícil.
    Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel. El hijo y su esposa se cansaron de la situación. “Tenemos que hacer algo con el abuelo”, dijo el hijo. “Ya he tenido suficiente”. “Derrama la leche hace ruido al comer y tira la comida al suelo”.
    Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos su comida se la servían en un plato de madera.
    De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado solo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.
    El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde, antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo. Le pregunto dulcemente: “¿Que estás haciendo?”
    Con la misma dulzura el niño le contestó: “Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos.” Sonrió y siguió con su tarea. Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla.
    Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.
    Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupo un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

    #3960
    Imagen de perfil de Román Suárez
    RomanSuarez
    Participante

    Hola compañero/as las cuestiones que plantean son muy sugerentes. Como lo señala @paolarochonherrera, el tema de la tolerancia implica aclarar una serie de cuestiones aledañas. Una de esas cuestiones es la definir lo que somos al interior de una sociedad. Bien lo señala @urielhernandez cuando apunta las frases de Nicolás Alvarado acerca del rol, no asumido, que jugaba como funcionario público. Me parece que la cuestión de fondo podría ser la de los límites de nuestra acción y con ello la de definir nuestra identidad. Creo que ambos han llegado a ese problema por diversas vías: Paola ha preguntado ¿dejo de ser funcionario público una vez que salgo de mi centro o que termina mi horario de trabajo?, Uriel apuntaba:”Desempeñar una función pública nos convierte en funcionarios públicos”. La cuestión aquí es si se es o se deja de ser funcionario público en un ámbito o en un momento, o se es funcionario público 24 horas al día y siete días a la semana y de ser así, ¿cómo distinguir al funcionario de la persona? En un artículo que compartí sobre el caso de Nicolás Alvarado el autor decía lo siguiente:

    “Los funcionarios públicos en funciones no gozan de derechos, únicamente de obligaciones, y la principal es garantizar los derechos de las mayorías. El servicio público no es tanto una recompensa o un lugar para hacer negocios o emitir opiniones, sino una responsabilidad con la sociedad que hoy goza de cabal desprestigio.”

    Lo que me llevaba a pensar en dos cosas: la gradual desaparición de lo individual al interior del Estado y/o en su ficcionalidad.

    Saludos!

    #3961
    Imagen de perfil de Román Suárez
    RomanSuarez
    Participante

    Gracias por el cuento @carlosfrancisco me parece que nos da una buena lección sobre las posibilidades de la empatía que, como decías, es un ingrediente necesario en las relaciones que cotidianamente se traban en el vivir juntos, sin embargo, el cuento mismo nos hace reflexionar sobre sus límites. Una de las lecturas del cuento puede ser que la empatía es algo que se enseña con la práctica, pero otra puede ser que la empatía es “obligación” con los que comparto lazos de algún tipo, en el caso de la historia esos lazos son familiares, pero qué pasa cuando no comparto lazo alguno con aquellas personas que tengo que tratar que es, como ya señalabas, el caso de cuadrante IV de la ilustración. Pienso en el trato que reciben algunos sectores sociales o algunos grupos que han sido etiquetados de manera peyorativa al interior de una cultura (hace unos años los “emos” o actualmente los “chakas”) y de la manera en que la convivencia se torna difícil una vez que esas etiquetas comienzan a propagarse. En ese sentido, me parece que la tolerancia no puede depender de la empatía. ¿Cómo ves?

    Saludos!!

    #3968
    Imagen de perfil de Uriel hernández
    urielhernandez
    Participante

    @romansuarez me parece que el debate sobre el rol de un funcionario público en el fondo es el mismo problema de la identidad subjetiva. Este me parece uno de los temas mas complejos de la filosofía, creo que el problema de la identidad de un sujeto no puede reducirse a una esencia, es decir, no somos algo que pueda deducirse de la naturaleza humana o del código genético; nuestras experiencias, nuestro entorno, nuestras actividades nos modelan.

    En este sentido, tampoco podríamos definirnos siempre de la misma manera, es decir, no siempre jugamos los mismos roles; en ciertos contextos, por ejemplo, puede ser irrelevante mi condición de nieto consentido durante un juicio penal. En cada contexto podemos jugar más de un papel a la vez, lo interesante y lo complicado es que esos roles se entrecruzan y no siempre es claro en qué momento soy qué personajes a la vez o cuándo es irrelevante, por ejemplo, ser profesor o ciudadano.

    En cuanto al problema de si Nicolás Alvarado puede o no hacer comentarios como funcionario público, como ciudadano o como miembro de una familia, es algo que, me parece que tendríamos que analizar en su contexto específico ya que difícilmente podríamos pensar en una solución aplicable a todos los casos posibles, máxime cuando definir una sola manera de definir la identidad de cualquier sujeto podría representar una forma de limitar la libertad de sujetos que no contemplamos al momento de dar una definición de la identidad.

    ¿Qué opinan al respecto? ¿Es posible definir de una vez por todas qué tipo de roles jugamos y como distinguirlos? ¿Explicar la identidad de una manera pone efectivamente en riesgo la libertad de algunos sujetos?

    @romansuarez @malinalli @luisjuarezmadrigal @paola @carlosfrancisco @sergiolomeli

    #3977
    Imagen de perfil de Carlos Francisco
    @carlosfrancisco
    Participante

    Hola, @romansuarez. Pienso que la empatía tiene como límite no nuestro contexto social, sino nuestra capacidad de imaginar enmarcada en nuestros principios y razonamientos. Por ejemplo, puedo sentir empatía por los inmigrantes sirios aunque su situación sea (hasta ahora) diametralmente distinta a la mía, por los niños que padecen de autismo y así por otros casos más en donde mi sensibilidad se ve interpelada. Creo que las personas (y quizás también algunos animales) generan empatía por otros seres incluso sin mediar entre ellos lazos familiares u obligaciones. ¿Podríamos entonces retomar la empatía como parte importante de la tolerancia? ¿Qué opinas?

    #4044
    Imagen de perfil de Román Suárez
    RomanSuarez
    Participante

    Hola, quiero compartir aquí un texto que, me parece, resume y aclara, varias de las cosas que hemos dicho y las redondea en una idea muy interesante: el poder político de las palabras. Me parece que gran parte de lo que hemos discutido aquí tiene que ver con la manera en que existimos en una democracia. A diferencia de otros sistemas, el sistema democrático se alimenta de la participación de los ciudadanos y esa participación tiene en el uso de la palabra, un uso público, su herramienta de uso más frecuente, su caballito de batalla. De ahí que sea tan importante conocer las dinámicas que dan vida a los discursos que proferimos.

    Aquí el texto “La dimensión política de las palabras”

    Saludos

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