Relaciones interpersonales

¿Para qué hablamos cuando hablamos?

Este debate contiene 5 respuestas, tiene 5 mensajes y lo actualizó Imagen de perfil de Adriana Yeyetzi Cardiel Pérez YeyetziCardiel hace 3 años, 8 meses.

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  • #3321
    Imagen de perfil de Sebastián Lomelí
    sebastianlomeli
    Participante

    El presente foro busca discutir un problema propio de las tres plataformas: el diálogo. Como saben, uno de los conceptos del ámbito de Relaciones interpersonales es el de “finalidades de las interacciones humanas”; desde ahí se busca preguntar por los interese que orientan los vínculos entre las personas. Pero aún más, la pregunta por los fines de nuestras relaciones implica también preguntarnos por los medios por los que alcanzamos estos fines. Así, podemos buscar la amistad con las otras personas (fin), y querer alcanzarlo con el dinero (medio)… Reconocemos que no todo medio es adecuado para nuestros fines. Ahora, ¿qué pensamos del diálogo, el debate y la conversación?, ¿son medios o son fines? Uno puede decir que por el diálogo buscamos persuadir a las personas de que tenemos razón, y que la verdad es el fin de este vínculo interpersonal. ¿Pero acaso no solemos platicar sólo por el gusto de hacerlo? ¿Acaso hay diálogos verdaderos y otros superfluos?
    Estas preguntas nos remiten, por ejemplo, a lo que en la plataforma de Temas es discutido bajo el rubro de “relación del hombre con la sociedad”, “leguaje” e “incluso formas de gobierno”. Creo que la conversación y el diálogo están en el centro de estos temas: ¿no piensan que un componente fundamental de la sociedad ocurre en la plática cotidiana? ¿El lenguaje mismo no ocurre siempre en el diálogo? ¿La democracia no demanda el debate abierto sobre lo político?
    Por otra parte, creo que esta discusión atañe a los problemas que se planten en la plataforma de Lógica en los rubros de argumentación: “¿Cuáles son las bases de mi argumento? ¿Qué quiero mostrar con él?” (Aprendizaje 2) y “¿Cuál es el objetivo de presentar argumentos? ¿Qué queremos y podemos lograr con ello?” (Aprendizaje 3).
    Para guiar este foro les propongo un fragmento de Verdad y método en el que Gadamer discute los modos en los que nos relacionamos con el “tú” y sus implicaciones en el diálogo y el modo en el que hacemos preguntas unos a otros.

    • Este debate fue modificado hace 3 años, 8 meses por Imagen de perfil de Sebastián Lomelí .
    #3338
    Imagen de perfil de Karla Alday
    karlaalday
    Participante

    Hola @sebastianlomeli yo pienso que sí hay conversaciones superfluas, por ejemplo las que se dan en espacios compartidos con desconocidos, por ejemplo, en los ascensores. A propósito, me llamó mucho la atención la nota:
    Guía de temas de conversación a evitar en un ascensor que publicó el periódico español El País Este texto da por hecho que a muchas personas no les interesa porfundizar, polemizar o conocer al otro, sino sólo mantener una conversación convencional para “matar el aburrimiento”. ¿Matar el aburrimiento sería una forma e platicar por gusto?

    #3339
    Imagen de perfil de Paola Rochon Herrera
    PaolaRochonHerrera
    Participante

    Retomando el tema de los medios para alcanzar los fines. Si tengo dinero, puedo pagarle a alguien para que me haga compañía, pero si tengo la habilidad de convencerlo, me puedo ahorrar ese dinero. Como dice el dicho: “Choro mata carita y carterita”. El diálogo como medio para alcanzar mi fin.
    Ahora, en relación con la distinción que haces entre diálogos verdaderos y diálogos superfluos. Si quiero convencer al otro de que mi presencia en su vida es una de las mejores cosas que le pudo haber pasado, considero que la relación ya está atravesada por la intención de verdad que señalas. Aun en los diálogos más simplones que pueda establecer con ese otro. Pero quizás esta intención de verdad y convencimiento no se encuentra en todos los diálogos. Tú mencionas los diálogos superfluos. Creo que el ejemplo que nos brinda @karlaalday podría entrar en ese rubro. Las conversaciones para matar el tiempo tienen una finalidad distinta a la de convencer o describir la realidad. Son un decir por decir con cierto sentido para que el otro lo entienda y responda con otro decir por decir. Quizás de estos diálogos superfluos se podrían rescatar los temas comunes, los prejuicios compartidos, etc., que podrían dar como resultado una interesante radiografía de nuestra época.

    #3341
    Imagen de perfil de Sebastián Lomelí
    sebastianlomeli
    Participante

    Verdad y Método
    Hans Georg Gadamer
    Traducción de Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito
    Sígueme, Salamanca, 2003, pp. 434, 435 y 440

    Es claro que la experiencia del tú tiene que ser algo específico por el hecho de que el tú no es un objeto sino que él mismo se comporta respecto a uno. En este sentido los momentos estructurales de la experiencia que hemos destacado antes tendrán que verse modificados. En la medida en que en este caso el objeto de la experiencia tiene él mismo carácter de persona, esta experiencia es un fenómeno moral, y lo es también el saber adquirido en esta experiencia, la comprensión del otro. Por eso perseguiremos ahora esta modificación, que afecta a la estructura de la experiencia cuando es experiencia del tú y cuando es experiencia hermenéutica. Existe una experiencia del tú que, observando el comportamiento de los otros hombres, detecta elementos típicos, y que gracias a esta experiencia adquiere capacidad de previsión sobre el otro. Esto es lo que podríamos llamar conocimiento de gentes. Comprendemos al otro de la misma manera que comprendemos cualquier proceso típico dentro de nuestro campo de experiencia, esto es, podemos contar con él. Su comportamiento nos sirve como medio para nuestros fines, como lo haría cualquier otro medio. Moralmente hablando este comportamiento hacia el tú significa la pura referencia a sí mismo y repugna a la determinación moral del hombre. Por ejemplo, es sabido que una de las formas que da Kant al imperativo categórico es que no se debe emplear jamás al otro como medio sino que se lo debe reconocer como fin en sí. Aplicando al problema hermenéutico la forma de comportamiento respecto al tú y de comprensión del tú que representa este conocimiento de gentes, hallamos como correlato de ello la fe ingenua en el método y en la objetividad que éste proporciona. El que comprende la tradición de esta manera la convierte en objeto, y esto significa que se enfrenta con ella libremente, sin verse afectado, y que adquiere certeza respecto a su contenido desconectando metódicamente todos los momentos subjetivos de su referencia a ella. Ya hemos visto cómo de este modo se absuelve a sí mismo de la pervivencia de la tradición dentro de la cual posee él mismo su realidad histórica. Este es el método de las ciencias sociales correspondientes a la idea metodológica del XVIII y su formulación programática por Hume, en realidad un cliché sacado de la metodología naturalcientífica. Claro que lo que sé toma del procedimiento efectivo de las ciencias del espíritu no es en este caso más que un aspecto parcial, y aún éste reducido esquemáticamente en cuanto que sólo se reconoce en el comportamiento humano lo típico y regular. La esencia de la experiencia hermenéutica queda así nivelada de la misma manera que tuvimos ocasión de percibir en la interpretación ideológica del concepto de la inducción desde Aristóteles. Una manera distinta de experimentar y comprender al tú consiste en que éste es reconocido como persona, pero que a pesar de incluir a la persona en la experiencia del tú, la comprensión de éste sigue siendo un modo de la referencia a sí mismo. Esta auto-referencia procede de la apariencia dialéctica que lleva consigo la dialéctica de la relación entre el yo y el tú. La relación entre el yo y el tú no es inmediata sino reflexiva. A toda pretensión se le opone una contra-pretensión. Así surge la posibilidad de que cada parte de la relación se salte reflexivamente a la otra. El uno mantiene la pretensión de conocer por sí mismo la pretensión del otro e incluso de comprenderla mejor que él mismo. Con ello el tú pierde la inmediatez con que orienta sus pretensiones hacia uno. Es comprendido, pero en el sentido de que es anticipado y aprehendido reflexivamente desde la
    posición del otro. En la medida en que se trata de una relación recíproca, constituye la realidad de la relación entre el yo y el tú. La historicidad interna de todas las relaciones vitales entre los hombres consiste en que constantemente se está luchando por el reconocimiento recíproco. Este puede adoptar muy diversos grados de tensión, hasta llegar incluso al completo dominio de un yo por el otro yo. Pero incluso las formas más extensas de dominio y servidumbre son una auténtica relación dialéctica y poseen la estructura elaborada por Hegel. […] Uno de los más importantes descubrimientos que aporta la presentación de Sócrates por Platón es que, contrariamente a la opinión dominante, preguntar es más difícil que contestar. Cuando el compañero del diálogo socrático intenta dar la vuelta a la situación con el fin de desplazar las respuestas a las molestas preguntas de Sócrates, y lo hace adoptando a su vez la posición supuestamente ventajosa del que pregunta, es entonces cuando fracasa más estrepitosamente 26. Por detrás de este motivo comediográfico de los diálogos platónicos no es difícil descubrir la distinción crítica entre habla auténtica y habla inauténtica. El que en el hablar sólo busca tener razón, no darse cuenta de cómo son las cosas, considerará lógicamente que es más fácil preguntar que dar respuesta, entre otras cosas porque no se corre el peligro de dejar a deber una respuesta a alguna pregunta. Sin embargo, el fracaso del que se pone a preguntar con esta intención viene a demostrar que el que está seguro de saberlo todo no puede preguntar nada. Para poder preguntar hay que querer saber, esto es, saber que no se sabe. Y en el intercambio cuasicómico de preguntas y respuestas, de saber y no saber que muestra Platón, se puede reconocer que para todo conocimiento y discurso que quiera conocer el contenido de las cosas la pregunta va por delante. Una conversación que quiera llegar a explicar una cosa tiene que empezar por quebrantar esta cosa a través de una pregunta.

    • Esta respuesta fue modificada hace 3 años, 8 meses por Imagen de perfil de Sebastián Lomelí .
    #3347
    Imagen de perfil de Mauricio Sosa Santibáñez
    lecontrefacteur
    Participante

    @karlaalday, se ve muy intereante el manual pero lo que mencionas me recuerda como nos enseñan a no hablar de religión o de política en ambientes comunes; como si fuera algo malo inherentemente o no se pudiera tener un desacuerdo sin que esto implique una pelea o un coraje.

    #3352
    Imagen de perfil de Adriana Yeyetzi Cardiel Pérez
    YeyetziCardiel
    Participante

    Sin conocer mucho a Gadamer, a partir de la lectura que compartes, @sebastianlomeli, parece que hablamos para aclarar, conocer y/o entender los saltos reflexivos de una parte a otra de la relación dialéctica entre el yo y el tu, así como para obtener el reconocimiento recíproco.
    Gadamer ubica un habla auténtica y otra inauténtica que, si he entendido bien, se corresponderían con las conversaciones auténticas y las superficiales. Siguiendo a Gadamer, una conversación inauténtica o superficial no lo sería tanto por tener lugar de manera ocasional en un asensor, sino porque esa conversación entre otras posibles, no está interesada en querer saber ni sabe que no sabe; está seguro de saberlo todo y busca tener siempre la razón. Así que cuando se conversa con los demás sólo por un mero afán de tener la razón -incluyendo los debates filosóficos- se estaría teniendo una conversación superficial, y no una que se arriesgue a plantear preguntas aunque no tenga las respuestas. Pensando en la interacción con un otro, un habla auténtica sí tomaría este riesgo, pero no interrogaría al otro como si se tratase de un mero objeto, sino como un otro al que, indica Gadamer, reconocemos como persona. ¿Cómo formularían la diferencia entre objeto y otro o persona? ¡Saludos a tod@s!

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