Relaciones interpersonales

"Tú estás mal y yo bien" o "Sobre cómo ganar una discusión"

Este debate contiene 10 respuestas, tiene 6 mensajes y lo actualizó Imagen de perfil de Uriel hernández urielhernandez hace 3 años, 2 meses.

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    Imagen de perfil de Uriel hernández
    urielhernandez
    Participante

    Aprovechando los conceptos de “manejo de las emociones” y el de “conocimiento de las fuentes de emociones y acciones” de este ámbito de acción, propongo que dialoguemos sobre un asunto relevante en la discusión filosófica el papel que juegan las emociones en una discusión. Esto nos puede ayudar tratar problemas que pueden darse ( o que quizá ya hemos vivido) en la Comunidad de Indagación. Además se trata de asuntos que fácilmente podemos conectar con otros ámbitos de acción (como Ciudadanía y democracia o Multiculturalismo), o con otras asignaturas (como Lógica y Temas de Filosofía).

    Comúnmente pensamos que las discusiones son como una forma de pelea o de combate verbal, sin embargo, me parece que una discusión, por acalorada que llegue a ser, es una manera de interacción humana que no necesariamente tiene como objetivo atacar a otras personas, como sí lo son las peleas. Creo que se pueden discutir puntos de vista diferentes o incluso opuestos sin que esto signifique atacar a las personas que tienen estos puntos de vista, sino más bien a los argumentos empleados para defender esas maneras de pensar. De cualquier modo me parece que existen discusiones, como en la Comunidad de Indagación, en las que no se trata de ganar ni perder, sino de conocer maneras diversas de entender las cosas y de llegar a construir conocimiento juntos.

    Para iniciar el debate me gustaría poner sobre la mesa lo que comenta un joven en su video titulado Cómo ganar una discusión/desarrollo personal quien afirma que es mejor evitar las discusiones a toda costa porque, aún teniendo la razón, podemos perder y lo único que obtenemos después de discutir, es un enemigo. Por otro lado, dice que no tiene sentido discutir porque mientras lo hacemos nos enojamos y podemos terminar diciendo algo de lo que luego nos arrepintamos porque hacemos daño a la otra persona.

    Así que para empezar a dicutir entre nosotros, les lanzo las siguientes preguntas:
    ¿Es lo mismo tener razón que ganar una discusión?
    ¿Podemos discutir sin involucrar nuestras emociones?
    ¿Si es cierto el dicho, “el que se enoja pierde”, deberíamos no enojarnos al discutir sólo para ganar?
    ¿Hay casos en los que es legítimo enojarse y discutir con enojo?
    ¿Es posible discutir sin que alguien gane y alguien pierda?, ¿pueden ganar ambas partes?, ¿pueden perder ambas partes?
    ¿Siempre que hablamos con alguien que sostiene algo opuesto a lo propio estamos discutiendo?

    Espero que podamos acalorarnos al discutir estos asuntos y que podamos llegar a aprender algo en comjunto 🙂
    @romansuarez @malinalli @luisjuarezmadrigal @paola @carlosfrancisco @sergiolomeli @karlaalday

    #4000
    Imagen de perfil de Miriam
    Malinalli
    Participante

    @urielhernandez, el tema de este foro me recordó un texto de Borges que cito a continuación.

    El principio

    Dos griegos están conversando: Sócrates acaso y Parménides.
    Conviene que no sepamos nunca sus nombres; la historia, así, será más misteriosa y más tranquila.
    El tema del diálogo es abstracto. Aluden a veces a mitos, de los que ambos descreen.
    Las razones que alegan pueden abundar en falacias y no dan con un fin.
    No polemizan. Y no quieren persuadir ni ser persuadidos, no piensan en ganar o en perder.
    Están de acuerdo en una sola cosa; saben que la discusión es el no imposible camino para llegar a una verdad.
    Libres del mito y de la metáfora, piensan o tratan de pensar.
    No sabremos nunca sus nombres.
    Esta conversación de dos desconocidos en un lugar de Grecia es el hecho capital de la Historia.
    Han olvidado la plegaria y la magia.

    Lo traigo a cuenta no porque me interese reflexionar sobre el tránsito del mythos al lógos, sino porque se describe la discusión como una forma de hacer uso de la razón para llegar a una verdad.

    Me pregunto si la cuestión: “¿Podemos discutir sin involucrar nuestras emociones?” no supone del algún modo que razón y emociones son opuestas.
    A propósito comparto este artículo en el que se hace un breve recorrido sobre las emociones y nos permite percatarnos cómo éstas han sido concebidas por algunos filósofos como lo opuesto a la razón y como una regresión a lo primitivo, pero también han sido reconocidas como impulsos vitales y, en sentido positivo, como algo equiparable a procesos racionales.
    Espero que el texto sea de utilidad para seguir el debate sobre el papel de las emociones en una discusión.

    ¡Saludos!

    #4002
    Imagen de perfil de Paola Rochon Herrera
    PaolaRochonHerrera
    Participante

    @urielhernandez muchas gracias por abrir este foro. En mi experiencia con las Comunidades de Indagación, he visto cómo los alumno se enojan con sus compañeros. Muchas veces la aceptación o el rechazo a la postura del compañero viene marcada por la simpatía o la antipatía que hay entre ellos. Esto me recuerda a la imagen que nos compartió @romansuarez en el foro “A mí tampoco me gustan las lentejuelas de Juan Gabirel ¿hay algún problema?”.
    Como vemos en esa imagen, cuando alguien no nos cae bien y además piensa distinto a nosotros sobre un tema en específico, es difícil que no lo consideremos como un tonto. Sin embargo no por ello considero que sea inútil la discusión, al contrario en la Comunidad de Indagación los alumnos tienen la oportunidad de darse cuenta de que algunos de sus compañeros que no les caen bien, también guardan opiniones parecidas sobre un mismo asunto. Esto hace que, por encima de la antipatía que sienten mutuamente, tomen acuerdos para defender la postura que comparten.
    El caso más problemático es cuando no se caen bien y además no piensan lo mismo en relación a un tema. ¿Cuántas veces nuestros alumnos prefieren mantenerse callados antes de discutir con compañero? ¿Es preferible que saquen sus diferencias dentro de la Comunidad de Indagación? ¿Qué papel nos corresponde desempeñar a nosotros como profesores?

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    #4004
    Imagen de perfil de Uriel hernández
    urielhernandez
    Participante

    Miriam @malinalli y Paola @Paola, gracias por sus contribuciones, me gustaría hacer comentarios sobre lo que escribieron y continnuar con eso la discusión:

    El texto de Borges es un buen ejemplo de cómo sería una discusión en la que no pierda ninguno, sin embargo, si se trata de un ejercicio en el que ambas partes involucradas llegarán a una verdad, ¿eso significa que ambos “ganan”?

    En cuanto al artículo sobre las emociones, existen posturas filosóficas, como la de Sartre y la de Heidegger que afirman que las emociones determinan cómo percibimos todo, en sentido estricto, cómo somos y cómo estamos en el mundo, lo cual parece indicar que no podemos vivir sin emociones, ¿si no podemos discutir ni hacer nada sin influencia de nuestras emociones, qué papel juegan estas en relación con la filosofía y con la verdad?

    Finalmente, sobre las emociones y la discusión en la C de I, es cierto, a mí me ha tocado presenciar que dos alumnos que no se agradan entre sí se contradicen, pero que al cabo de unas clases, resultan estar de acuerdo. Lo cual me hace retomar la pregunta que haces, @paola, al final: ¿Qué papel jugamos en el aula? ¿Tenemos la función de sólo mediar la discusión, conducir el diálogo, o somos una especie de réferi en medio de la discusión? Y más complicado aún, ¿qué hacemos con nuestras emociones en medio de esta actividad, qué hacer si, por ejemplo, hay un estudiante que no nos agrada en el grupo?

    #4012
    Imagen de perfil de Sergio
    @sergiolomeli
    Participante

    Hola @urielhernandez, hola a todos. Las preguntas que planteas para invitarnos a reflexionar me parecen muy buenas. Al igual que @paola, he tenido la experiencia de discusiones o debates entre alumnos en el salón de clases en que estos se enojan. Más aún, he tenido casos en que de no intervenir directamente, la ‘discusión’ hubiera acabado en un pleito físico.
    Les comparto cómo ocurrió ese caso extremo. En una sesión de ética en el CCH Azcapotzalco, organizamos un debate en torno a la cuestión de si la moral en los seres humanos es natural o es un constructo artificial. Habíamos estado revisando mucho material previo al debate, habíamos leído un poco Hobbes y su defensa de la artificialidad de la moral en ‘Leviatán’; un poco Rousseau y su visión naturalista de las disposiciones ‘morales y metafísicas’ del ser humano en su “Discurso sobre la desigualdad”; habíamos visto y discutido la película “El señor de las moscas”… en fin. Habíamos revisado material suficiente para tomar una postura informada o reflexionada. Intenté dividir al grupo según su punto de vista, que los que creyeran en la moral natural defendieran ese punto de vista, y los otros, el otro. Pero no funcionó porque en ese grupo en particular, la mayoría (el 70%) estaban de acuerdo con que la moral era eminentemente artificial.
    De manera que tuve que generar equipos mezcaldos para que el debate no fuera disparejo. Cada equipo tenía miembros ‘naturalistas’ y ‘artificialistas’, y les asigné la postura que tenían que defender en el debate.
    Lo que sucedió fue muy extraño. Los alumnos empezaron a defender una postura en la que no creían de manera muy apasionada: los que creían en moral artificial, pero que estaban en el quipo de moral artificial defendieron esta postura a capa y espada, y vice versa… Se hizo evidente que el objetivo era ‘ganar’ el debate-discusión y no tener la razón.
    Había asignado roles de particiación para que fuera un ejercicio autoregulado por los alumnos: por ejemplo había un equipo con la tarea específica de moderar la discusión, asignar la palabra, medir los tiempos etc; había representantes o voceros de los equipos, el grueso de los equipos ayudaban a preparar las respuestas y darselas a los voceros. Sin embargo la discusión se acaloró tanto que todos los compañeros se involucraron en la discusión, incluso los moderadores. Aquelllo parecía una batalla campal. Hasta el punto en el que yo me tuve que meter a enfriar los ánimos. En la evaluación del ejercicio, comentamos cómo había sido un ejercicio fallido y comentamos por qué no había funcionado. Lo extraño es que ese mismo ejercicio me había funcionado muy bien antes y después con otros grupos, además de que ese grupo no era conflictivo ni había pleitos ni rencillas particulares.

    Por eso las preguntas que plantea Uriel me parecen muy buenas. Me parece que para que una discusión no derive en pleito, se tienen que generar condiciones de diálogo, a veces el formato del ‘debate autoregulado’ es suficiente condición para un diálogo sensato y, aunque apasionado, no violento. Pero en otras ocasiones, se necesita previamente generar algo así como una ‘cultura del diálogo’ y la creencia de que es más importante la construcción colectiva de una postura teórica que el tener la razón. Esto me recuerda el desarrollo que hace Habermas en la “Teoría de la acción comunicativa”, donde Habermas se preocupa más por la construcción de las condiciones del diálogo, que por el diálogo mismo. El rasgo central que Habermas promueve ahí es que los participantes dialoguen en condiciones equitativas y horizontales.
    Creo que me salí un poco del tema… pero me pareció que venía a cuento.
    ¡Saludos!

    #4016
    Imagen de perfil de Carlos Francisco
    @carlosfrancisco
    Participante

    Estimulante y complejo el tema que propones, @urielhernandez. En cada uno de los comentarios de mis colegas-profesores encuentro elementos sustanciales para adentrarse a la discusión: emociones vs. razón (@malinalli); la discusión en función de la empatía por el interlocutor (@paola); defender una postura y “tener” la razón para “ganar” un debate (@sergiolomeli). Cada uno de ellos es un elemento de análisis muy útil para los profesores.

    Yo retomaría aquí el último cuestionamiento que proponías, Uriel: ¿qué papel jugamos en el aula? ¿Tenemos la función de sólo mediar la discusión, conducir el diálogo, o somos una especie de réferi en medio de la discusión? Y para tratar de delimitar un poco el tema, propongo dirigir nuestra atención hacia la motivación o conducción de una discusión filosófica. Para ello me apoyo en el texto de Matthew Lipman, Filosofía en el aula, que, como todos saben, es un referente insoslayable cuando se trabaja una “comunidad de indagación”.

    En el capítulo 10, <a href="https://books.google.com.mx/books?id=PB5sSh-y880C&pg=PA193&lpg=PA193&dq=filosofia+en+el+aula++discusión+filosófica+matthew+lipman&source=bl&ots=wwloJtZYT8&sig=JchwV6GcEMlwefxZNUmglcn2Qzo&hl=fr&sa=X&ved=0ahUKEwjmm5Gt-6DPAhUFGT4KHWVgAScQ6AEIZTAJ #v=onepage&q=filosofia%20en%20el%20aula%20%20discusión%20filosófica%20matthew%20lipman&f=false”>Dirigir una discusión filosófica, Lipman hace una breve caracterización de una discusión (p. 198. Anexo párrafo en captura de pantalla): es como una pirámide que se va construyendo con las contribuciones de todos los participantes; se hacen preguntas no para dar con una respuesta conocida previamente, pues la intención es que se reflexione y analice de maneras “frescas y novedosas”, que sean “métodos alternativos de pensar y actuar”. El elemento de sorpresa será lo más valioso, nos dice, al enseñar a pensar filosóficamente.

    Más adelante, en la pág. 205, distinguirá entre discusiones, buenas discusiones y discusiones filosóficas. En esa parte hará precisiones como la de no confundir una buena discusión con una discusión acalorada o que haya dividido a la clase. Los invito a revisar esas distinciones, por lo pronto, resalto que, para Lipman, en una discusión filosófica, el profesor hará preguntas del tipo:
    ¿Cómo estás definiendo el término que acabas de usar?
    ¿Por qué estás de acuerdo o en desacuerdo con ese punto?
    ¿Qué razones tienes para decir eso?
    Cuando dijiste eso, ¿qué implicaban tus afirmaciones?
    ¿Qué se sigue de lo que acabas de decir?
    ¿Qué alternativas hay para la formulación que hiciste?

    La lista es más amplia, pero vale la pena decir que uno de los rasgos que, para Lipman, es fundamental a la hora de dirigir una discusión filosófica es la sensibilidad para saber qué tipo de pregunta es la más indicada y la secuencia en que se enunciará. Por eso también hará un listado de las preguntas que un profesor puede usar para clarificar lo que un alumno ha dicho y para que éste, de ser necesario, reformule su opinión (se las comparto abajo en captura de pantalla).

    Hay más preguntas sugeridas en el texto para, por ejemplo, alentar la discusión, pedir alternativas o señalar falacias. Sin embargo, no se aconseja memorizarlas porque cada discusión es única y exige diversas combinaciones de preguntas. Lo importante será estar atentos a los efectos producidos en la clase, así como pensar que la experiencia nos facilitará el manejo de la discusión.

    Por otro lado, y para terminar este comentario, ¿puede un profesor no ser manipulador e intentar dirigir las respuestas hacia lo que le gustaría escuchar? Para Lipman, todos tenemos tendencias manipuladoras conscientes o inconscientes. Por ello será imprescindible no perder de vista que nuestro objetivo es ayudar a los alumnos a que expresen sus ideas, incluso si estás son completamente opuestas a las nuestras. En una discusión filosófica, ganar significaría justamente esto último y no que “nos den la razón”.
    Saludos

    Archivos adjuntos:
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    #4045
    Imagen de perfil de Uriel hernández
    urielhernandez
    Participante

    Gracias, @sergiolomeli, nos brindaste un ejemplo de cómo “ganar” una discusión es distinto de “tener la razón”; es interesante que alguien pueda sentir no tener la razón pero que, aún así, busque “ganar” la discusión por el mero hecho de hacerlo. Me parece que esto lo motivan las emociones y no tanto la voluntad de producir conocimiento en conjunto, ¿tú qué opinas, crees que sea así? Además, nos propones una elemento más a discutir, las condiciones adecuadas para que la discusión conduzca a un diálogo constructivo.

    En cuanto a lo que comentas, @carlosfrancisco, me parece muy atinado que “ganar” en el contexto de la C de I significa en realidad ayudar al estudiante a que exprese sus ideas claramente y dé razón de porqué sostiene lo que afirma; creo que esa sería una manera de definir la finalidad de la discusión en el contexto filosófico y de la C de I, se trata de dar razón, no de tener razón. También nos adviertes algo muy importante, nuestro rol como docentes también está afectado inevitablemente por nuestras emociones.

    Intentando hilvanar lo anterior, me pregunto, ¿podemos establecer condiciones adecuadas para el diálogo aún si no podemos evitar que nuestra labor esté afectada por nuestras emociones?
    ¿Qué significará “establecer condiciones adecuadas para el diálogo”?
    ¿Qué tipo de conductas, actitudes y acciones concretas nos exige el control de nuestras propias emociones como docentes?

    #4055
    Imagen de perfil de Paola Rochon Herrera
    PaolaRochonHerrera
    Participante

    Hola a todos. Me parece muy enriquecedoras las publicaciones que han hecho en este foro. Lo único que ahora quiero comentar es que en muchas ocasiones he visto cómo mis alumnos, sobre todo los de bachillerato, se intimidan cuando les pido que sean más claros en sus intervenciones, planteándoles preguntas como las que @carlosfrancisco nos propone retomar de Lipman:
    – Cuando dijiste eso, ¿qué implicaban tus afirmaciones?
    – ¿Qué se sigue de lo que acabas de decir?
    – ¿Qué alternativas hay para la formulación que hiciste?

    Si el alumno se siente presionado por el rigor argumentativo, puede preferir guardar silencio. Ahora bien, ¿Qué debemos hacer para que los alumnos quieran reflexionar y responder por las consecuencias de sus afirmaciones? Quizás es parte de lo que se tiene que considerar a la hora construir las condiciones del diálogo que @sergiolomeli retoma de Habermas.

    #4059
    Imagen de perfil de Uriel hernández
    urielhernandez
    Participante

    Me gustaría hacer un resumen de los puntos que me parecen importantes hasta ahora en la discusión, me parece que pueden agruparse en dos grupos interconectados:

    1) Discusión y emociones:
    ¿Es imposible discutir sin involucrar nuestras emociones?
    Si no, ¿cómo manejarlas e involucrarlas, cómo distinguir si estamos discutiendo sólo en función de lo que sentimos sobre la persona(s) con quien(es) discutimos o sobre el tema en cuestión?

    2)La discusión en la C de I:
    ¿Cómo conducir la discusión cuando las emociones de estudiantes y docentes se ven involucradas en la discusión?
    ¿Cuál es la función de quien conduce la C de I considerando las emociones implicadas en la actividad?
    ¿Cómo podemos establecer condiciones propicias para la discusión en el aula?

    Y siguiendo con la participación más reciente de @paola, ¿cómo invitar a los alumnos a participar y a asumir las consecuencias de sus afirmaciones, a nivel argumentativo y emocional, agregaría yo?

    ¿Consideran que reflexionar en torno a estas preguntas nos ayude a distinguir cuáles son las cosas que podemos hacer para que todos ganemos al discutir e el contexto de la Comunidad de Indagación? ¿Esto se lograría con, gracias o a pesar de nuestras emociones involucradas en la actividad en el aula?

    @romansuarez @malinalli @luisjuarezmadrigal @carlosfrancisco @sergiolomeli

    #4076
    Imagen de perfil de Román Suárez
    RomanSuarez
    Participante

    A mí me gustaría regresar un poco para tratar de entender el concepto de “discusión”. De acuerdo con su etimología, “discutir”quiere decir separar la tierra de las raíces con un movimiento de sacudida, o quiere decir golpear una cosa para romperla, para abrir una brecha o para poner a prueba su solidez y, finalmente, es un examen atento de las cosas con el fin de separarlas o distinguirlas unas de otras. Me parece que es importante recordar esto ya que el sentido originario de la palabra no implica necesariamente pelear. Una discusión, desde el punto de vista etimológico es un examen que, pienso, puede realizarse de manera colectiva o de manera individual. Se trata de una forma de colaboración conjunta en la que se pone a prueba la coherencia o veracidad de un argumento o una idea y no, como bien señalaba @urielhernandez, a las personas que sostienen o proponen puntos de vista o ideas. En este sentido una discusión no es lo mismo que una polémica ya que ésta sí implica un enfrentamiento. Pienso en las batallas de rap, como la que tiene lugar al final de la película 8 Mile protagonizada por Eminem. En las batallas de rap se trata, en pocas palabras, de hacer perder o de dejar en ridículo al contrincante, son el ejemplo más claro de lo que no es una discusión o un diálogo y se parecen más a una polémica (incluso la etimología de la palabra polémica alude a “polemos” que es “guerra”). En estas batallas no se busca entender una situación ni aumentar o perfeccionar nuestro conocimiento sobre algo, sino de trata de dejar en ridículo al contrincante o rival y hay diferentes formas de hacerlo, una de ellas es, como en la película, atacando algún defecto personal o siendo más hábil que él a la hora de improvisar. Sin embargo, en la película que les pongo, hay una estrategia interesante que tiene que ver con el sentido original de las discusiones: el protagonista (El rapero blanco Eminem) está en un concurso de MC (maestro de ceremonias) y la estrategia de sus rivales para vencerlo es sacar a la luz sus defectos más visibles: ser blanco, vivir con su madre en un trailer, haber sido engañado por su novia, etc. Él logra revertir esa estrategia nombrando y aceptando sus propios defectos lo que deja a su rival sin elementos para atacarlo. Esta estrategia me parece interesante porque Eminem comprendió que las discusiones pueden “ganarse” si acepto que no soy perfecto, que tengo defecto o que puedo estar equivocado. En ese sentido, estoy más de acuerdo con Eminem que con el chico del video que piensa que las discusiones deben ser evitadas. En filosofía, el intercambio de ideas es indispensable, las discusiones son una forma de producir conocimiento, pero debe asumirse que el ejercicio de exponer razones o de poner a prueba argumentos es más interesante y productivo si logro convencerme, previamente, de que las ideas que se ponen a prueba pueden no resistir y, si eso pasa, estar dispuesto a abandonarlas.

    Saludos

    #4089
    Imagen de perfil de Uriel hernández
    urielhernandez
    Participante

    Muy interesante lo que propones, @romansuarez, una diferencia importante entre discutir y pelear sería que la primera busca pensar qué idea es mejor y cómo es posible resolver la controversia a través de los argumentos a favor o en contra de cada postura, mientras la pelea buscaría más bien qué persona “es mejor”, a base de ofensas o de una mayor habilidad.

    Esto me hace pensar, ¿en la discusión no importa la habilidad para discutir sino sólo los argumentos por sí mismos? ¿Es posible atacar la incapacidad de alguien para argumentar correctamente? ¿Es al argumento mismo o a la marea en la que se construye lo que criticamos?
    ¿Existe una manera de separar estas cosas, cómo asegurar que atacamos o defendemos ideas porque son buenas y no porque son propias o ajenas?, ¿cómo podemos asegurar que nuestra pericia para argumentar sigue siendo eficiente cuando existen emociones de por medio, esto supone otra habilidad aparte de la habilidad para argumentar?

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