Entre seres vivos estamos y con ellos somos

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Pocas cosas me gustan tanto como llegar a casa y jugar con Rudy, mi perro. Lo encontré en la calle hace dos años. Después me enteré que había sido la mascota del señor Rubén, el dueño de la pollería del mercado.

El señor Rubén es buena gente, pero su opinión sobre los animales es muy mala. Un día, mi mamá me pidió que fuera a comprar unas cosas al mercado. Rudy me acompañó y cuando pasamos por la pollería, el señor Rubén reconoció a Rudy.

—¡Mira nada más dónde andas!— Le dijo el señor Rubén a Rudy.

—Buenas tardes, señor Rubén. ¿Usted conocía a Rudy? —

—¿Rudy? Pues yo ni le había puesto nombre. Y sí, ese perro era mío-.

—Ah, no sabía. Yo me lo encontré en la calle. Estaba perdido—.

—Sí, también tenía a su mamá —continuó el señor Rubén—. Tuvo muchos cachorros y los regalé. Yo me había quedado con ese perro, pero era muy tonto y desobediente. De veras que solo entienden a golpes. Pero me da gusto que te lo hayas quedado tú, Quino. ¿No te ha dado mucha lata?

—No, señor Rubén. La verdad es que se porta muy bien. ¿Dice que usted le pegaba a Rudy?

—Bueno, solo cuando no entendía lo que le decía. Lo que pasa, Quino, es que la mayoría de los animales únicamente entienden a golpes. Hay que saber someterlos para poder aprovecharlos—.

Mientras el señor Rubén decía eso, me sentí intimidado. Pensé que no estaba de acuerdo con lo que él decía. Además, me acordé de algo que había visto en las clases de Biología y Ética.

—Fíjese, señor Rubén, que en mis clases de Ética y Biología los maestros coincidieron en que, como la vida es un valor fundamental, todos los seres vivos deben ser respetados y, por ello, los humanos debemos evitar aprovecharnos de otros seres vivos. ¿Estará mal lo que nos dijeron?

—¡Ay, muchacho! ¡Qué tonterías les enseñan ahora en las escuelas! ¿En qué año estás? —.

—Voy en el bachillerato, en el tercer semestre —, le contesté.

De inmediato el señor Rubén retomó la palabra.

—Mira, yo he trabajado durante muchos años vendiendo carne de pollo, de res y de puerco. Además, mi padre fue campesino y en su pueblo teníamos otros animales. Pero no teníamos a los bueyes, las gallinas, las vacas y los perros nomás para estar cuidándolos. Los usábamos para trabajar y para obtener de ellos nuestro alimento. Y, por eso mismo, estos animales se crían para poderlos consumir. Ahora, para poder hacer eso, tienes que someterlos, no hay de otra.

—No estoy seguro, señor Rubén. El papá de mi amiga Tere trabaja en un zoológico y él me ha platicado que los animales se parecen mucho más a nosotros de lo que creemos. Por ejemplo, hay muchas especies de seres vivos que se juntan entre sí para vivir en comunidades, igual que lo hacemos los seres humanos. Y esto es algo que también he observado cuando Rudy se acerca a otros perros: se acerca a ellos y los olfatea, otros lo hacen estar alerta y les ladra. Se parece a lo que hacemos los humanos entre nosotros. Pero también hay otros ejemplos de animales que viven en comunidades y se parecen a los humanos, como los pingüinos, las abejas y las hormigas e, incluso, los leones y los rinocerontes. ¿No es curioso que compartamos con otros seres vivos este tipo de características? Es como si, por naturaleza, los animales siempre necesitaran vivir en comunidad y aprender a convivir con otras especies—.

—Bueno, muchacho, ¿qué se te ha metido en la cabeza? Es obvio que los animales se agrupan por instinto. Nosotros, en cambio, nos asociamos porque pensamos y con ello logramos mayores beneficios.

En ese momento alguien tocó mi hombro. Era mi amiga Tere, de la que había hablado un momento antes al señor Rubén.

—¡Hola, Quino! ¡Hola, Rudy! Buenas tardes, señor Rubén. ¿Qué andan haciendo?—

—Pues mi mamá me mandó por unas cosas —le respondí a Tere— y empecé a platicar con el señor Rubén sobre nuestra relación con los animales. Le estaba diciendo que los humanos nos parecemos mucho a otras especies, pero el señor Rubén no está de acuerdo con eso.

—¿En qué nos parecemos? —preguntó Tere.

Yo le contesté —Pues en que, igual que otras especies, necesitamos juntarnos para vivir, que no podemos vivir separados.

—Ya te dije, Quino, —interrumpió el señor Rubén— que los animales se vinculan por instinto y los humanos lo hacemos porque pensamos, porque razonamos.

Tere comentó —Yo creo que ambos tienen en parte razón. Que los humanos nos vinculemos porque razonamos no quita el hecho de que nos vinculamos, ¿no? Pero eso no quiere decir que los humanos y otras especies nos vinculemos por las mismas razones. ¿Por qué cree usted, don Rubén, que vincularse por instinto es diferente a vincularse porque se razona?—

—Bueno, pienso que si te vinculas por instinto, en realidad lo haces porque no te queda de otra, no porque realmente lo quieras. En cambio, vincularse como lo hacemos los humanos sí implica una decisión: yo decido si quiero o no vincularme con la sociedad—.

—Pero —continuó Tere—, de todos modos nos vinculamos. Es como si la naturaleza nos obligara a pensar que vivir en sociedad es mejor que vivir aisladamente, aunque creamos que decidimos hacerlo por nuestra propia voluntad. En ese caso, estaríamos actuando igual que otras especies, o sea, lo hacemos porque algo de nuestra naturaleza nos empuja a crear sociedades. Entonces al agruparnos, ¿no actuamos como otras especies, aunque lo hagamos por medio de toma de decisiones?

Además, —dijo Tere— yo creo que nos vinculamos más por un sentimiento de pertenencia y de protección que por decisiones racionales. Y, si esto es así, entonces somos mucho más parecidos a los animales de lo que creemos.

—Estoy de acuerdo —comenté.

—Puede ser —dijo el señor Rubén—. Pero eso no quita el hecho de que los humanos sí razonamos y los animales no.

—Pero eso sería una diferencia que, aunque nos distinga, no quita que también nos haga parecidos a otras especies —repliqué.

—Además, —abundó Tere— no es tan importante señalar en qué somos diferentes de los otros seres vivos, sino en qué somos semejantes. Por ejemplo, todos los seres vivos buscamos seguir viviendo. Eso lo he visto con mi papá en el zoológico. Muchos seres vivos, igual que nosotros, sienten hambre y ser hambre y sed. Todos tienen necesidades y, en el caso de ciertos animales, también parecen tener emociones: sienten miedo, sienten cansancio. Incluso, algunos científicos han comprobado que algunos animales llegan a sentir estrés.

—Bueno, yo creo que eso último ya es una exageración —dijo el señor incrédulo Rubén—. Pero en lo que estoy de acuerdo es en que todos los seres vivos desean seguir viviendo. Requieren comer y beber, por ejemplo. Ahora que lo mencionan, recuerdo que de niño disfrutaba mucho darle de comer a las vacas y los bueyes. Me daba la impresión de que tenían tanta hambre, que disfrutaban mucho su comida. Lo mismo pasaba con mis perros.

—Sí, cuando le doy de comer a Rudy —comenté yo—, en verdad parece sentir mucho gusto, igual que cuando bebe agua. Creo que no hay duda de que una gran cantidad de seres vivos requieren de lo mismo que nosotros para vivir porque quieren preservar su vida. Además, parecen sentir placer y dolor; y hasta parece que, igual que nosotros, buscan evitar sufrimientos. Creo que también sienten miedo o se ponen agresivos cuando algo o alguien los amenaza. Por eso, señor Rubén, creo que Rudy le gruñía, porque había experimentado miedo cada vez que lo golpeaba. Así como usted o yo lo sentiríamos si alguien nos hiciera daño.

—Tienes razón, muchacho —respondió con cierta resignación el señor Rubén.

—Pero, volviendo al tema de las semejanzas que tenemos con otros seres vivos —retomó la palabra Tere—, mi papá me ha dicho que, precisamente porque todos los seres vivos requerimos de alimentos, la explotación del planeta que hace el hombre es un peligro para todos.

—Pues eso sí que es verdad —contestó don Rubén—. Hay tanta contaminación en los ríos y en la tierra que por eso se enferman los animales en general, y particularmente los ganados. Por eso luego me llega carne muy mala. Incluso pasa con las plantas. Con eso de que ahora usan plaguicidas en las cosechas, hasta las tortillas de doña Meche han enfermado a las personas.

—Sí, —repuso Tere— mi papá ha estado preocupado porque ve que los recursos del planeta cada vez son más escasos y poco a poco se está acabando con diversas especies. Creo que, como seres humanos, debemos tomar conciencia de que lo que hacemos no solo es para nosotros y que tiene repercusiones graves en otros seres vivos.

Esto último que dijo Tere me dejó muy pensativo. Miré a Rudy, quien estaba echado al lado de mí mientras platicábamos, y me di cuenta que era verdad. Casi siempre veía sólo por mí y mis relaciones más cercanas, incluida la de mi perro, pero casi nunca me importaba lo que pasaba en el planeta con otras especies. Tras darme cuenta de eso, volví a intervenir: —Y, entonces, ¿qué se puede hacer para no dañar a otras especies?

—Ésa es una gran pregunta, hijo —respondió el señor Rubén.

—Pues mi papá piensa que lo primero es tomar conciencia del impacto que, como seres humanos, estamos generando sobre el planeta —dijo Tere—. —Y también cree que es una cuestión de educación. Muchas veces la gente, por satisfacer sus necesidades o sus caprichos, consume demasiadas cosas que, obviamente, generan que haya muchas industrias y, por tanto, contaminación. Creo que, como dice mi papá, consumimos tanto que nunca nos llenamos y por eso todo el tiempo estamos contaminando al planeta—.

—Entonces, —intervine— lo primero que debemos hacer es cambiar la mentalidad de que el mundo, los animales y, en general, los recursos del planeta son exclusivamente para nosotros.

—Así es —respondió Tere.

—¿Ya ve, señor Rubén? —señalé— Creo que debe pensar de otra manera lo que me decía al principio. Eso de que hay que someter a los animales para aprovecharlos.

—Pues mira que sí, muchacho —me respondió don Rubén—. ¡Vaya que cambian los tiempos: ahora un viejo aprende de los jóvenes!

Se me hizo tarde y sabía que mi mamá ya estaría preocupada porque no había regresado. Me despedí de don Rubén, de Tere y volví a casa. Pero la charla me dejó muy pensativo ¿cómo le haces para cambiar los hábitos y las creencias de las personas para que tengan más conciencia sobre su relación con el planeta y otras especies?

Carlos Alberto Vargas Pacheco

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