Clase modelo: cuándo es correcto apelar a emociones

Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó Imagen de perfil de Jeannet Ugalde Jeannet Ugalde hace 3 años, 5 meses.

Viendo 1 publicación (de un total de 1)
  • Autor
    Publicaciones
  • #5641
    Imagen de perfil de Jeannet Ugalde
    Jeannet Ugalde
    Participante

    Hola profesores, ¿es claro cuándo y cómo es adecuado apelar a los sentimientos y cuándo no lo es?
    Para reflexionar sobre esta cuestión utilicemos nuevamente un fragmento del discurso de Ricardo Flores Magón. P
    Para responder esta pregunta es necesario observar cuál es el objetivo del discurso, por ejemplo en el caso de este discurso de Ricardo Flores Magón lo que persigue es suscitar en los trabajadores mexicanos un deseo de unidad y búsqueda de bienestar social. Para ello considera que todos ellos tienen algo en común, la explotación que padecen todos ellos. En este discurso, a partir del objetivo que persigue podemos considerar que es pertinente la apelación a las emociones.
    “Preciso es confesarlo: si el burgués nos desloma en el trabajo y exige de nosotros hasta la última gota de sudor, ¿a quién se debe ese mal sino a nosotros mismos, que no hemos sabido oponer a la explotación burguesa nuestra protesta y nuestra rebeldía? ¿Cómo no ha de oprimirnos el gobierno cuando sabe que una orden suya, por injusta que ella sea y por más que lastime nuestra dignidad de hombres, es acatada por nosotros con la vista baja, sin murmurar siquiera, sin un gesto que haga constar nuestro descontento y nuestra cólera? ¿Y no somos nosotros mismos, los desheredados, los oprimidos, los pobres, los que nos prestamos a recibir de las manos de nuestros opresores el fusil, destinado a exterminar a nuestros hermanos de clase, en los raros momentos en que la mansedumbre y la habitual indiferencia ceden su puesto a las explosiones del honor y del decoro? ¿No salen de nuestras filas, de la gran masa proletaria, el polizonte y el mayordomo, el carcelero y el verdugo?
    Somos nosotros, los pobres, los que remachamos nuestras propias cadenas, los causantes del infortunio propio y de los nuestros.
    El anciano que tiende la mano temblorosa en demanda de un mendrugo; el niño que llora de frío y de hambre; la mujer que ofrece su carne por unas cuantas monedas, son hechura nuestra, a nosotros deben su infortunio, porque no sabemos hacer de nuestro pecho un escudo; y nuestras manos, acostumbradas a implorar, son incapaces de hincarse, como tenazas, en el cuello de nuestros verdugos.”

Viendo 1 publicación (de un total de 1)

Debes estar registrado para responder a este debate.