¿Por qué Platón odiaba tanto la retórica?

Este debate contiene 14 respuestas, tiene 9 mensajes y lo actualizó Imagen de perfil de Francisco Barrón Francisco Barrón hace 5 años, 2 meses.

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  • #3564
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    Francisco Barrón
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    Es de todos sabido que en los diálogos de Platón encontramos ciertas ideas negativas sobre la retórica. Estas ideas negativas van unidas a una figura, la del sofista, y a un miedo en el poder del lenguaje que se nombra persuasión. En el Fedro el filósofo griego escribe:

    “¿Y vamos a dejar descansar a Tisias y a Gorgias, que vieron cómo hay que tener más en cuenta a lo verosímil que a lo verdadero, y que, con el poder de su palabra, hacen aparecer grandes las cosas pequeñas, y las pequeñas grandes, lo nuevo como antiguo, y lo antiguo como nuevo”.

    Y más adelante:

    “Dicen, pues, que no hay que ponerse tan solemne en estos asuntos, ni remontarse tan alto que se tenga que hacer un gran rodeo, porque, como dijimos al comienzo de la discusión, está fuera de duda que no necesita tener conocimiento de la verdad en asuntos relacionados con lo justo o lo bueno, ni de si los hombres son tales por naturaleza o educación, el que intente ser un buen retórico. En absoluto se preocupa nadie en los tribunales sobre la verdad de todo esto, sino tan sólo de si parece convinente. Y esto es, precisamente, lo verosímil y hacia ello es hacia lo que conviene que se oriente el que pretenda hablar con arte. Algunas veces, ni siquiera hay por qué mencionar las mismas cosas tal como han ocurrido, si eso ocurrido no tiene visos de verosimilitud; más vale hablar de simples verosimilitudes, tanto en la acusación como en la apología. Siempre que alguien exponga algo, debe, por consiguiente perseguir despidiéndose de la verdad con muchos y cordiales aspavientos. Y con mantener esto a lo largo de todo discurso, se consigue el arte en su plenitud.”

    Por otra parte, en el Cratilo encontramos que escribe:

    “puede que tampoco sea propio de un hombre sensato encomendarse a los nombres engatusando a su propia alma y, con fe ciega en ellos y en quienes los pusieron”.

    En el Gorgias se encuentra esta caracterización:

    “La Retórica, al parecer, es la autora de la persuasión, que hace creer, y no de la que bace saber, respecto de lo justo y de lo injusto.”

    Pero, ¿por qué creía eso Platón de la retórica? ¿En la retórica no se trata la verdad, en ella no importa la verdad? ¿En ella sólo se trata de nombres que engatusan? ¿Por qué esa imagen de la retórica ha perdurado tanto? ¿Es ésta una idea verdadera de la retórica?

    #3586
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    Jesús Jasso Méndez
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    Hola Francisco @franciscobarrón. Muchas gracias por abrir este interesante foro.

    Tanto las citas de Platón que incluyes como tus preguntas al respecto nos ponen a reflexionar, sin duda, sobre un punto crucial: ¿cuál es el propósito que tienen nuestras afirmaciones?

    Recordemos que la Retórica como el ars bene dicendi, es de acuerdo con la filosofía clásica (al menos claramente, anterior a Aristóteles) como aquella técnica -que algunas personas utilizaban (sofistas)- para expresarse de manera adecuada (no correcta) con la finalidad de persuadir a su interlocutor.

    Sin duda, esta manera CLÁSICA de entender a la Retórica, ha colocado su “virtud” en la PERSUACIÓN y no en el CONVENCIMIENTO. Persuación, entendida como el resultado de hacer que el otro asienta a nuestras afirmaciones sin esperar una diléctica en el proceso de aceptabilidad. Convenciomiento, entendido como aquel procesos dialógico entre al menos dos partes, donde se exponen razones para llegar conjuntamente a la verdad o al acuerdo sobre un punto.

    Antes de los trabajos de Chaïm Perelman, había una larga tradición que conservaba este sentido clásico de la retórica que podemos reducir como el hacer cosas con las palabras, con la finalidad no de dialogar, sino de sumar proponentes de nuestras propias afirmaciones. Debido al desconocimiento de los nuevos enfoques de la Retórica, se ha mantenido la idea anterior como el centro de su ethos.

    Sin embargo, a partir de los trabajos de Perelman sobre la Nueva Retórica, se ha tratado de incorporar aspectos normativos a la Retórica, considerándola como un tipo de argumentación. Se considera que este enfoque puede ser entendido como una fuente más de convencimiento. En este caso, se incorpora al auditorio activamente, asumiendo que la argumentación, debe proceder de un punto de acuerdo. Con esto se establecen los criterios normativos y de justificación de la nueva argumentación retórica: hechos, verdades y presunciones; valores, jerarquías y preferencias.

    Claramente desde este último enfoque general, la idea de argumentación retórica gira de la trampa discursiva a la contextualización y trasfondo sobre una idea. Los retóricos actuales me parece que tienen la oportunidad de difundir mediante enfoques y ejemplos concretos esta nueva petspectiva, de tal suerte, que sea posible identificar la racionalidad y particularidad de este tipo de argumentación.

    ¿Qué opinan?

    Saludos,
    Jesús @jesusjassomendez

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    #3587
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    Natalia Luna Luna
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    Hola @franciscobarron, gracias por tan interesante debate acerca de la retórica y sobre todo por el conjunto de citas que parece ilustrar muy bien la posición platónica.

    ¿Por qué hay una imagen negativa de la retórica que ha perdurado tanto?
    Si el fin de la retórica es el convencimiento o la eficacia en el discurso, ¿por qué devaluar a la retórica? Al devaluar a la retórica ¿estamos devaluando también su objetivo? ¿Qué acaso no queremos que nuestros discursos y argumentos convenzan a los demás? ¿Por qué entonces despreciar a la retórica?

    Bueno pues es ante esta situación ante la que la posición de Platón, en las citas que presentas, es muy interesante. Considero que la valoración negativa de la retórica por parte de Platón parte de una distinción entre lo verdadero y lo verosímil, o meramente aparente, y de una preferencia por lo verdadero sobre lo verosimil. Así pues, no es que despreciemos como valor la eficacia del discurso, sino que cuando la eficacia se opone a la verdad -muy frecuentemente-, Platón parece preferir a la verdad. Ello tendrá por costo tal vez una perdida en el poder de convencimiento del discurso, mismo que se puede bucar aún, pero limitado por el objetivo de la busqueda de la verdad, por medio de la práctica de la dialéctica.

    ¿Qué te parece?

    #3588
    Imagen de perfil de Natalia Luna Luna
    Natalia Luna Luna
    Participante

    Esta es una posible reconstrucción sencilla de la posición platónica ilustrada en las citas, que puede ayudarnos a organizar la discusión, a partir de aceptar o rechazar sus premisas o su conclusión, o mi formulación de las mismas.

    (1) Una cosa es lo verdadero y otra cosa es lo verosímil o que tiene apariencia de verdad.

    (2) La retórica hace (“con el poder de la palabra”) parecer que las cosas son lo que no son, i.e., distorsiona la realidad.
    (“En absoluto se preocupa nadie en los tribunales sobre la verdad de todo esto, sino tan sólo de si parece convinente. Y esto es, precisamente, lo verosímil y hacia ello es hacia lo que conviene que se oriente el que pretenda hablar con arte.”)

    (3) Cuando lo que es verdadero y lo que es verosímil se oponen, la verdad es preferible a lo meramente verosímil. (“lo verosímil que a lo verdadero, y que, con el poder de su palabra, hacen aparecer grandes las cosas pequeñas, y las pequeñas grandes, lo nuevo como antiguo, y lo antiguo como nuevo”.)

    (Conclusión) Por lo tanto, si se prefiere la verdad, a lo meramente aparentemente verdadero el fin de la argumentación o del discurso no debe ser meramente retórico.

    #3593
    Imagen de perfil de Patricia Díaz
    Patricia Díaz
    Participante

    Hola @franciscobarron o @yierva, gracias por el tema y las citas de Platón. Concuerdo con la reconstrucción que hace @natalialuna: Siempre que lo verdadero y lo meramente verosímil se opongan mutuamente, Platón optará por lo verdadero. Ahora bien, él reduce la retórica a medio para persuadir, a través del discurso, basado sólo en afirmaciones verosímiles –y si la retórica es sólo esto, entonces se puede comprender su horror hacia ella.
    Sin embargo, si por retórica se entiende otra cosa –v.g. lo que menciona @jesusjassomendez–, de manera que incluya criterios de justificación de lo que se afirma, entonces no tendría que ser vilipendiada.
    Creo que otro factor para explicar por qué Platón odiaba la retórica es el contexto sociopolítico que le tocó vivir. No en balde, los griegos inventaron la palabra “demagogia”. Comparto lo siguiente:

    En la antigua Grecia llegó a tener incluso una connotación positiva, lo que generalmente no ocurre hoy. Así, el demagogo era aquél que tenía grandes habilidades para tratar muchedumbres, así como presencia física y elocuencia en la oratoria. En este sentido, frecuentemente se presenta a Pericles como el prototipo del demagogo. También se decía de aquellos políticos que tenían como programa básico de acción el mejoramiento del nivel de vida de las masas. Su sinceridad no era puesta en duda necesariamente. Sin embargo, en esa misma época apareció la connotación peyoratoria del concepto, tal como lo conocemos ahora, de tal forma que Tucídides llamaba al régimen de Pericles “la democracia de la laringe”, y Demóstenes señalaba que “los oradores no hacen sino hablar como el público quiere que hablen”. Es bien conocido, asimismo, el sentido que tiene para Aristóteles este término, es decir el gobierno apoyado en las multitudes pero ejercido en favor de intereses particulares, y Aristófanes, en su obra Los Caballeros, conceptúa a la demagogia como el engaño al pueblo por parte de sus gobernantes.

    Fuente: José Antonio Crespo, curso “Los usos del discurso oficial en México” (ITAM) http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/letras15/texto3/sec_3.html

    Es decir, en tiempos de Platón, la retórica no sólo estaba vinculada al sofista, sino también al demagogo. La connotación negativa de la demagogia fue asociada a la retórica. Y por eso, ha perdurado la mala fama: el que “arrastra” a las masas debe ser elocuente, incendiar con su palabra –y le es fácil engañar al pueblo por su elocuencia.

    • Esta respuesta fue modificada hace 5 años, 3 meses por Imagen de perfil de Patricia Díaz Patricia Díaz.
    #3595
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    Jeannet Ugalde
    Participante

    Hola a tod@s, el tema de por qué la retórica para Platón tiene una connotación negativa y por qué esta imagen ha perdurado es sin duda un tema importante para aclarar cual es la comprensión platónica de la argumentación y cuál es su finalidad. Dos cosas han destacado ya @jesusjassomendez y @natalialuna. Por una parte, el fin de la retórica es visto a partir de la erística, el cual consiste en vencer al oponente sin importar el tipo de discursos que se emplee para ello, en este sentido la retórica puede hacer aparecer dos cosas que son diferentes, como siendo la misma (omoioun), teniendo como principio y por lo tanto engañar al oponente. De tal manera que la técnica de la sofística consiste en una producción de semejanzas teché mimetiké. Sin embargo la posición de Platón respecto a la retórica no es sólo negativa, hay una visión positiva de la retórica, pero vinculada con la dialéctica, de tal suerte que la retórica dentro de la dialéctica, que se encuentra en oposición a la erística, tiene la función de persuadir a partir de la demostración. Una cuestión importante es distinguir la persuasión por el simple persuadir, de la persuasión que se requiere en el proceso de demostración de la dialéctica.

    #3596
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    Hugo Enrique
    Participante

    ¡Excelente foro! Las citas que presentas @franciscobarron son muy útiles y podríamos usarlas en clase por su claridad y brevedad. Quiero retomar la reconstrucción de @natalialuna y quedarme con la premisa (3) Cuando lo que es verdadero y lo que es verosímil se oponen, la verdad es preferible a lo meramente verosímil. Creo que preguntarnos qué podría justificar esta premisa puede ayudarnos a entender la posición que tiene Platón con respecto a la Retórica.

    ¿Por qué preferir lo verdadero a lo verosimil? Si se trata de conocimiento, la respuesta es más o menos clara: un componente necesario del conocimiento es la verdad. Si bien podemos saber que algo es falso, no podemos saber falsamente algo: si lo que consideramos saber resulta ser falso, debemos reconocer que, después de todo, no teníamos conocimiento. Que algo sea verosimil es compatible con que sea falso, y de este modo resulta una característica inadecuada para el conocimiento. Pero, ¿el único objetivo que puede interesarnos es la verdad? No, por supuesto. A veces nos interesa lo útil, lo provechoso, lo asequible. Por otra parte en algunas cuestiones, no es posible tener verdades y debemos reconocer que no podemos tener conocimiento, sino una creencia más o menos justificada aunque quizá no verdadera. En este caso que lo que creamos sea verosimil sería una característica valiosa. Ahora podemos preguntarmos, ¿la retórica es un medio para adquirir conocimiento? ¿Con qué finalidad procura la retórica lo verosimil?

    #3620
    Imagen de perfil de Francisco Barrón
    Francisco Barrón
    Participante

    Muchas gracias a quienes han participado hasta este momento en el foro. Y sí, ya se puso bueno el foro.

    @jesusjassomendez avanza en la idea de que añadiendo criterios normativos a la retórica, un poco como ha pasado en la historia de la disciplina desde Aristoteles, el recelo de Platón podría quedar cerrado. Y nos deja con la cuestión de que la retórica es una forma más de argumentación y no simples trampas que aparecen en el lenguaje y que nos “engatusan” -como dice Platón.

    @natalialuna aparte de reconstruir muy bien el argumento que aparece en las citas de los textos de Platón abre el problema de la distinción entre verdad/verosímil que aparece en las citas.

    @patriciadiaz retoma lo dicho en las dos participaciones anteriores y añade dos cuestiones: 1) el contexto político de la aparición del problema de Platón con la retórica, y 2) la cuestión de la apuesta de Platón de optar siempre por lo verdadero antes que por lo verosímil.

    @jeannetugalde nos recuerda que el problema de Platón con la retórica de los sofistas es que para ellos lo importante era vencer al oponente mediante cualquier recurso discursivo como una técnica que iguala toda opinión y por ello engaña. Además, nos menciona la propuesta de Platón, que aparece en sus textos, de una retórica que se dedique a otra cosas que al engaño, una retórica de la demostración dialéctica.

    @hugoenriquesanchez se centra en la cuestión de por qué elegir siempre lo verdadero a lo verosímil si hay ocasiones en que es preferible lo útil. Y cierra con una gran pregunta: “¿la retórica es un medio para adquirir conocimiento?”

    Añadiría esto: ese miedo a la retórica sofista que se nota en toda la obra de Platón hizo que postulara que otra retórica era posible, como bien señalan todos. Una retórica que a veces llama en el Fedro psicagogía o guía de almas. Esa es la retórica la que le permite proponer la idea de la “noble mentira” como una forma de mover a los individuos en la política. Aristóteles no hará algo diferente en su Retórica o al crear la lógica: un saber del lenguaje para las cosas prácticas y políticas y otro saber del lenguaje para lo verdadero en el conocimiento.

    La cuestión aquí es saber si ese miedo estaba fundamentado: ¿si es verdad que el lenguaje tiene ese poder de engañarnos y engatusarnos, desviarnos de la verdad, incluso aunque sepamos usarlo? Y es que el problema de Platón, después de Aristóteles, era ese uso retórico del lenguaje en la política: en la retórica aparecía el problema de que se pudiera manipular a todo un pueblo para que no necesariamente hagan lo mejor o lo bueno. Pero, ¿ese poder existe en el lenguaje? ¿Podemos manipular a alguien? ¿Es seguro que podemos discutir todos los discursos que recibimos en nuestra vida cotidiana?

    Añadiré más citas de Platón…

    #3621
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    Abraham Avila
    Participante

    @franciscobarron, considero que sus ataques se centraron en ella porque reflejan al impostor de su tiempo, al que había perdido el rumbo por el conocimiento y se encontraba luchando consigo mismo por convencerse que la búsqueda del conocimiento era esteril dado que muy pocos pueden acceder a ella y ante esta certeza le invadió el ego y la presunción, me refiero al sofista.
    Cómo no recordar cuando Sócrates, el maestro hecho personaje célebre de Platón en sus diálogos, le hace frente y para en seco a Menón cuando este le presumía conocer qué es la virtud.
    Como buen francotirador, Sócrates aniquilaba con argumentos certeros cada uno de los enredos verbales que hacía. Al final del Diálogo, Sócrates quiso dar una lección de humildad a Menón al confesarle que no sabía que era la virtud pero Menón lo tomó como una victoria del arte de la retórica: “Sócrates, me permitirás decir en los lugares que vaya que no sabes qué es la virtud”, a lo que Sócrates le respondió: “pero añadirás que tú tampoco lo sabes”.
    El cuidado de dar buenas razones sobre lo que pensamos, creemos, etc., puede parecernos un fastidio, pero no debe ser así si consideramos que vale la pena lo que queremos decir.

    #3687
    Imagen de perfil de Francisco Barrón
    Francisco Barrón
    Participante

    Gracias por el comentario @abrahamavila, la cuestión es que los sofistas también tenían cuidado en dar buenas razones y la imagen que tenemos de ellos se la hemos heredado a Platón y a Aristóteles. De hecho los sofistas eran quienes, históricamente, tenían el poder en Grecia. Me refiero al poder de la argumentación política y ética. Los filósofos siempre fueron menores en términos de su importancia cultural en Grecia y Roma.

    Lo interesante es que hayamos heredado esa mala imagen de los sofistas. Y ello porque Platón odiaba a los sofistas, odiaba su forma de hacer discursos, odiaba su forma de hacer política. ¿Por qué le habremos heredado ese odio?

    #3733
    Imagen de perfil de Jesús Jasso Méndez
    Jesús Jasso Méndez
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    Hola colegas. Me parece muy interesante todas sus participaciones. Estas dos últimas observaciones de Abraham @abrahamavila y de Francisco @yierva, me hacen centrar la atención en la cuestión: regulación discursiva. Me parece que las condiciones iniciales para la defensa de una idea -que se asume como públicamente relevante- son justo las condiciones del dialogo, la explicitación de las partes en desacuerdo y la posibilidad de su intervención activa en la negociación.

    Yo no sé si los sofistas antiguos además de tener buenas razones involucraban en su actividad a los otros, o sólo los incorporaban como meros receptáculos y medios de consolidación sobre pugnas éticas, sociales y políticas. Tal vez sí. El punto, es que recurrentemente donde no exista una regulación en los acuerdos, hay excesos. Sin regulación, generalmente la balanza se inclinará a un lado, no necesariamente por la fuerza de sus razones, sino por las condiciones iniciales de una práctica discursiva que ha eliminado desde el principio al otro. Esta es una de las razones que me hace pensar en la importancia que ha tenido actualmente la Retórica, alejarla de su connotación clásica, y desarrollarla como un campo de investigación donde existen objetivos precisos, reglas claras de intercambio y medios de aplicación discursiva.

    Saludos,
    Jesús @jesusjassomendez 🙂

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    #3738
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    Carlos Romero
    Participante

    Hola a todos!

    Ha sido un foro muy interesante; pensaba que ya no tenía mucho más que decir debido a que pensaba cosas muy parecidas a las que @natalialuna, @patriciadiaz y @hugoenriquesanchez han compartido.

    Sin embargo, la participación de @franciscobarron me hizo pensar dos veces. Me refiero a este pasaje:

    Aristóteles no hará algo diferente en su Retórica o al crear la lógica: un saber del lenguaje para las cosas prácticas y políticas y otro saber del lenguaje para lo verdadero en el conocimiento.

    Me preguntaba qué tan buena idea sería hacer esta separación desde el principio. En específico, me preguntaba: ¿Qué tan buena idea es tener un lenguaje para lo político-práctico y otro para lo teórico? como, según nos comparte Francisco, pensaba Aristóteles.

    Pienso en esto. Entre muchos otros ejemplos que podríamos elegir, la reciente carrera presidencial americana–entre Clinton y Trump–ha mostrado de manera impactante cómo se puede aparecer ante millones de observadores–quienes hemos visto los debates a través de la televisión y el internet–y mentir descaradamente, una y otra vez. Ambos candidatos han dicho cosas en esos debates que son demostrablemente falsas: existen grabaciones de ellos mismos (incluso en televisión nacional) sosteniendo posturas que ahora dicen que nunca sostuvieron, archivos de sus cuentas de Twitter donde ellos mismos dicen cosas que ahora afirman nunca haber dicho, y muchas otras cosas así.

    Ma parece un caso claro de cómo el decir la verdad ha pasado a un segundo, tercer o hasta vigésimo plano en el orden de importancia de estos personajes. No les importa que todos podamos buscar registros de ellos mismos haciendo lo que ahora dicen que nunca hicieron; no les importa saber que sabemos que mienten: lo hacen.

    Mi pregunta entonces es doble: si esto de hecho es–como dije arriba–un caso en el que decir la verdad se ha relegado muchísimo, ¿cómo hemos de evaluarlo? ¿Nos parece deseable una vida política como la que estamos viviendo, en la que los actores más empoderados mienten descaradamente? A mi no–pero quizá haya razones para pensar que sí; no las conozco.

    Dependiendo de lo que respondamos a lo de arriba, parece que se abre una cuestión relacionada: la de preguntarnos por el valor que le damos a las verdades de hecho en la vida política. No me refiero a cuestiones tan difíciles como si los juicios valorativos–el hambre en el mundo está mal; el egoísmo es malo; el egoísmo es bueno–pueden o no ser verdaderos, y cómo, sino a algo mucho más simple: cosas tan sencillas como afirmar “Yo nunca dije eso”, que se puede comprobar, con una trivial búsqueda en internet, como falso; o a cosas de mucha más relevancia para miles e incluso millones de vidas: “La política monetaria que impulsó mi partido no causó el aumento en las cifras de pobreza patrimonial”, por ejemplo; o “En mi estado no se han multiplicado las cifras de feminicidios de 6 años para acá”, por otro ejemplo.

    Y entonces regreso: quizá entre los criterios que propone @jesusjassomendez para la retórica se pueda encontrar también no solo lo verosímil, sino lo verificable.

    Es un tema super importante y–creo–difícil, pero no soy el primero ni el único de hablar de la importancia de la verdad en la vida política. Por ejemplo, el filósofo americano Alvin Goldman (personalmente, uno de mis filósofos vivos favoritos!) ha tratado con este tema en los desarrollos que ha hecho de su epistemología social.

    ¿Qué opinan?

    #3750
    Imagen de perfil de Nancy Abigail
    Nancy Abigail
    Participante

    Saludos a todos,

    Estaba buscando algo interesante para hacer una contribución a este foro, cuando me encontré con que mucha gente habla de este libro http://www.gandhi.com.mx/retorica-y-manipulacion-masiva
    “Retórica y manipulación masiva” de Daniel Prieto Castillo. No lo he leído pero ya el título me sonó a respuesta para la pregunta de este foro. Un libro que sí he leído, y que tiene con que responder por qué Platón odiaba la retórica, es “La televisión que nos gobierna” de Genaro Villamil https://porrua.mx/libro/GEN:9789685958004/la-television-que-nos-gobierna/jenaro-villamil/9789685958004
    Digo lo anterior, porque parece que la retórica puede ser usada para manipular 🙁

    #3751
    Imagen de perfil de Jeannet Ugalde
    Jeannet Ugalde
    Participante

    Hola @franciscobarron, ahora me gustaría aportar uno de los desarrollos de la dialéctica que se dará en Aristóteles. Aunque algunos interpretes consideran que Aristóteles sigue manteniendo la idea de Platón de una retórica positiva y una negativa, en el caso de Aristóteles encontramos un desarrollo del discurso retórico. Aristóteles define la retórica en el mismo sentido que la dialéctica, como un saber de orden formal y la define como una antistrofa de la dialéctica. La retórica, dice Aristóteles, permite tener conocimiento comunes a todos que no pertenecen a una ciencia determinada y la observa como una teché, como un arte de los discursos, al mismo tiempo resalta el uso que hace la retórica de las emociones en los interlocutores.
    Creo que por esta razón, también era odiada la retórica desligada de la dialéctica por parte de Platón, ya que los discursos estaban enfocados a conducir a los interlocutores a una emoción que los llevara a aceptar el discurso con independencia de lo que en el discurso se mantenía.

    #3777
    Imagen de perfil de Francisco Barrón
    Francisco Barrón
    Participante

    Pues muy buenas participaciones han abonado a lo que ya hemos discutido:

    @jesusjassomendez regresa a la cuestión de la regulación discursiva en los contextos de diálogo y argumentación.
    @carlosromero se animó a discutir la cuestión de la verdad o lo verificable en el ámbito político-social.
    @nancynunez nos recordó el problema de la manipulación en relación con la retórica en el caso de la televisión.
    Y @jeannetugalde avanzó hacia las razones por las que Aristóteles propuso no sólo la lógica, sino la dialéctica.

    Me gustaría reafirmar algo que ya mencioné: se trata de esos poderes no regulados del lenguaje y que los sofistas sabían usar muy bien que no sólo Platón, sino Aristóteles temían. De allí sus intentos varios de normativizar el lenguaje de intercambio argumentativo. Lo interesante es, según yo, lo que los sofistas nos enseñan del poder del lenguaje sobre nosotros y en el ámbito social y político. ¿Porque sería posible regular los intercambios lingüísticos políticos? De allí que los sofistas preferían saber como usarlos.

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