No me borrarías de tus recuerdos, ¿verdad?

Sala de maestros’s Docs No me borrarías de tus recuerdos, ¿verdad?

Área de interés 7. Relación del hombre con el mundo.

Versión 181215

No me borrarías de tus recuerdos, ¿verdad?

Óscar Salvador Santana Bernal

Era miércoles por la tarde y, como ya se había hecho costumbre, Alejandra y algunos amigos asistían a la proyección de La linterna, un cineclub organizado por varios profesores del CBTIS como actividad extraclase. Esa semana el turno era de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Alejandra estaba particularmente interesada en verla, pues le había llamado mucho la atención el cartel de la película, así como la reseña que el cineclub subió a su página de Facebook:

Una mujer contrata los servicios de una empresa para borrar de su memoria todos los recuerdos de su exnovio. Ofendido, el hombre intenta hacer lo mismo que ella, pero el proceso no sucede como se esperaba y el protagonista debe atravesar la gigantesca marea de recuerdos de su propio cerebro para recomponer las cosas.  

Ese día, Daniel acompañó a Alejandra. Se conocían porque eran vecinos y excompañeros de la secundaria. Con ellos iban Jorge y Elena, quienes eran novios. Al terminar la película, mientras caminaban hacia la parada del camión, Jorge no quiso perder la oportunidad de comentar algo sobre lo que acababan de ver.

—¡Qué película tan rara! ¿No creen? Yo no entendí bien de qué trataba.

Daniel, a quien le gustaba ver muchas películas con sus primos y había reconocido al actor principal (Jim Carrey), fue el primero en responder:

—Ese actor siempre sale en películas muy locas. ¿No han visto La máscara o esa otra donde los personajes son como tontos y tienen una camioneta en forma de perro? Hasta las pasan en la tele.

—Y el otro actor, el de lentes, ¿no es el que la hace de Hulk en Los vengadores? —añadió Jorge.

—Sí, y también estaba el que sale de Frodo en El señor de los anillos, y la de Titanic, pero con el cabello azul. ¿Ven? Por eso es una película tan rara; están los personajes todos revueltos —dijo Daniel en tono de broma.

—Eso no tiene nada que ver con que sea rara —contrapuso Alejandra—. La película trata sobre una pareja de novios que se borran cada uno los recuerdos del otro, y de las consecuencias que eso tiene en su relación.

—Como sea, la trama es complicada —contestó Jorge—. Yo ya no supe si estaban dentro de sus recuerdos o si de verdad pasaban las cosas. ¿Cómo le hicieron para quedar de acuerdo y encontrarse luego en la playa? ¿Que no se supone que el personaje estaba durmiendo en su cama? ¡No entendí nada, nada!

—Pues no sé… —dijo Elena, que caminaba tomada de la mano de Jorge—. Pero me parece muy cruel eso de borrar los recuerdos que tenemos de las personas, solo porque nos caen mal o ya no los queremos. Imagínate, a lo mejor para ti sería normal, o ni te darías cuenta, ¿pero cómo te relacionarías después con los demás? —y se dirigió a su novio—. Tú nunca me harías eso, ¿verdad?

Jorge no sabía qué decir, pero de ninguna manera quería quedar mal con Elena:

—¡Claro que no! Si me borraran tu recuerdo de mi cabeza, me quitarían algo de mi vida y ya no estaría completo; ya no sería yo.

Elena, que no esperaba una respuesta como esa, se sonrojó y lo único que se le ocurrió hacer fue abrazarlo. Alejandra se sentía incómoda cada que le tocaba presenciar algo así entre sus amigos, así que trató de retomar la plática sobre la película.

—¿Se imaginan que de verdad se pudieran borrar nuestros recuerdos?

—Yo pediría que me borraran de la mente todas las veces que mis papás me han regañado y castigado por reprobar mate —expresó Daniel.

—Pero eso no cambiaría la realidad —replicó Jorge, aunque su tono de voz reflejaba cierta duda—. Bueno… quizá para ti. Pero todos los demás sabríamos que reprobaste y que te castigaron por ello.

Alejandra, que no había prestado mucha atención a lo que decían sus compañeros, siguió hablando como si no la hubieran interrumpido:

—Quizá podríamos inventarnos nuestra propia realidad, borrar todo lo que no nos guste y dejar solo los recuerdos buenos —en ese momento también ella parecía dudar de algo—. Aunque quizá, como dice Jorge, ya no seríamos los mismos.

—Como el abuelo de Uriel, que tiene Alzheimer y ya no se acuerda de nada. Es como si fuera otra persona —añadió Jorge.

—¿¡Cómo va a ser otra persona!? —protestó Elena—. Es el mismo; no se lo llevaron los extraterrestres y pusieron a otro en su lugar, ni nada de eso. Es solo que ya está muy grande y se le olvidan las cosas.

—Pero ya nadie puede hablar con él como antes —dijo Alejandra—. A veces ni siquiera reconoce a su propia familia. Es como si fuera un extraño. Eso es como dejar de ser la persona que eras.

Justo en ese momento, el camión llegó a la parada. Alejandra y Daniel corrieron para alcanzarlo mientras se despedían de Elena y Jorge, que continuaron caminando por la calle, tomados de la mano. Daniel los vio por la ventana mientras el camión arrancaba y le dijo a Alejandra:

—Esos dos hacen bonita pareja. Espero que nunca se les ocurra borrarse de sus recuerdos como en la película.

Guía para facilitar la reflexión y el diálogo a partir del texto No me borrarías de tus recuerdos, ¿verdad?

La forma en que nos relacionamos con el mundo está indiscutiblemente ligada con nuestras sensaciones. A partir de lo que vemos, oímos, olemos, gustamos y tocamos, tenemos una primera experiencia del mundo que nos rodea, misma que puede llegar a convertirse en conocimiento. Pero esa experiencia del mundo también genera recuerdos. De manera que nuestros sentidos son, por así decirlo, una especie de puente entre el mundo que nos rodea y nuestra mente. Nuestra experiencia del mundo está mediada por los sentidos, y determinada en buena medida por nuestra memoria. En el texto No me borrarías de tus recuerdos, ¿verdad?, los chicos, luego de ver una película, problematizan sobre las posibles consecuencias de modificar, o incluso de suprimir, determinados recuerdos.

Uno de los grandes problemas filosóficos tiene que ver con qué tan certera es la imagen que nos creamos del mundo a partir de lo que percibimos con los sentidos. Estos pueden llegar a engañarnos y generarnos una visión equivocada de la realidad. Es posible que no vivamos más que en un mundo de apariencias y que, incluso, todo lo que recordemos haber vivido no sea más que una ilusión. ¿Cómo estar seguros de ello? Problemas como estos han sido tratados en la historia de la filosofía por personajes como Platón y Descartes, por ejemplo.

Conceptos.

  • Sensación.
  • Memoria.
  • Experiencia.
  • Apariencia.

Plan de discusión 1. Sensación y memoria.

  1. ¿Todo lo que entra por nuestros sentidos nos genera un recuerdo?
  2. ¿Podemos tener un recuerdo de algo que no hayamos percibido antes con los sentidos?
  3. ¿Tienen los mismos recuerdos los ciegos o los sordos que quienes no lo son?
  4. Una persona que haya perdido sus recuerdos, a causa del Alzheimer, por ejemplo, ¿es la misma persona que antes?
  5. Si una persona sufre amnesia temporal por un golpe en la cabeza, ¿puede llegar a ser la misma persona que antes?
  6. Si una persona que te ha tratado anteriormente, ya no te reconoce, ¿es la misma persona que te conocía?
  7. ¿Nuestros recuerdos son estáticos o se van modificando?
  8. Si fuera posible cambiar todos los recuerdos de una persona, ¿con ello dejaría de ser la persona que era?
  9. Si pudiéramos modificar nuestros recuerdos, ¿seríamos distintos de lo que somos?
  10. ¿Cuáles serían las consecuencias de poder manipular nuestros recuerdos?
  11. ¿Nuestros recuerdos determinan quiénes somos? Es decir, ¿nos dan identidad?

Plan de discusión 2. Experiencia.

  1. Si fuéramos sordos o ciegos, ¿tendríamos una experiencia del mundo distinta de aquellos que no lo son?
  2. Si alguien carece de algún sentido, ¿la experiencia que tiene del mundo es inferior a la de los demás?
  3. ¿Podríamos tener alguna experiencia del mundo si careciéramos de todos los sentidos?
  4. ¿Seguiríamos teniendo algún tipo de experiencia o de contenido mental si no tuviéramos cuerpo?
  5. Si nuestra experiencia del mundo está mediada por lo que percibimos con los sentidos, ¿aquellas cosas que no percibimos formarían parte de nuestra experiencia del mundo?
  6. ¿Podemos tener experiencia de aquello que no hayamos percibido antes?
  7. Si fuera posible borrar un recuerdo de nuestra memoria, ¿seríamos conscientes de ello o no lo notaríamos?
  8. Si fuera posible manipular nuestros contenidos mentales, ¿cambiaría con ello la imagen que tenemos del mundo?
  9. ¿Cómo podemos saber que algo existe o que está ahí si no lo percibimos?

Plan de discusión 3. Apariencia.

  1. Si escucho o veo cosas que nadie más puede escuchar o ver, ¿ellas existen realmente?
  2. ¿Es posible que alguna vez creamos haber visto u oído algo que en realidad no existe?
  3. ¿Es posible que percibamos cosas de una manera distinta a como en realidad son?
  4. ¿Los sentidos nos dan una imagen fiel de la realidad?
  5. ¿En qué circunstancias pueden engañarnos nuestros sentidos?
  6. Si no pudiéramos identificar algo que ha sido implantado en nuestra mente, ¿eso sería parte de la realidad o solo una apariencia?
  7. Si todos nuestros recuerdos resultaran haber sido implantados, ¿podríamos distinguirlos de la realidad?
  8. ¿Cómo sabemos que en este momento no estamos soñando?
  9. ¿Tenemos algún criterio objetivo para poder distinguir el sueño de la vigilia?
  10. ¿Qué implicaciones tendría vivir en un mundo de apariencias?

Ejercicios.

Ejercicio 1.

Con este ejercicio se busca que los estudiantes aprendan a interrogar sobre las razones que tienen al sostener o decir algo, así como a buscar nueva información para formular respuestas en una discusión cuando no tienen las bases necesarias.

A continuación hay un fragmento del libro VII de La república de Platón en el que se presenta su famoso mito de la caverna.

El mito de la caverna

—Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.

—Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?

—Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.

—¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?

—Indudablemente.

—Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven? […] Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?

—¡Por Zeus que sí!

—¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?

—Es de toda necesidad.

—Examina ahora […] que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz […] ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado de tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?

—Mucho más verdaderas.

—Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran? […] Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?

—Por cierto, al menos inmediatamente.

—Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol. […] Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito. […] Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.

—Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.

—Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces companeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?

—Por cierto.

Platón. (1988).

La Republica, Libro VII (514a-516c)

Madrid: Gredos.

Instrucciones.

A) Dar tres ejemplos de situaciones en donde sucede algo parecido a lo que viven los personajes del mito.

B) Presentar tres ejemplos en que la experiencia del mundo que tiene una persona ciega es diferente a la de alguien que no lo es.

C) Presentar tres ejemplos en que la experiencia del mundo que tiene una persona que carece del sentido del tacto es diferente a la de una persona que sí lo tiene.

Ejercicio 2.

Con este ejercicio se busca que los estudiantes aprendan a interrogar sobre las razones que tienen al sostener o decir algo; así como a proponer formas de verificar o refutar las respuesta que se proponen.

Primera Meditación Metafísica de René Descartes, en el que presenta su argumento del sueño.

El argumento del sueño

Ahora bien, soy un hombre y, como tal, suelo dormir, y representarme en sueños las mismas cosas, o incluso a veces aún menos verosímiles, que las que éstos se figuran cuando están despiertos. Y muy frecuentemente el sueño me persuade de aquellas cosas cotidianas: que yo estoy aquí, que estoy vestido con una bata, que estoy sentado junto al fuego, cuando estoy desnudo en la cama. Sin embargo, ahora miro este papel con ojos despiertos, no está adormecida esta cabeza que muevo, extiendo y siento conscientemente esta mano; para el que duerme no son tan distintas estas cosas.

Con todo, recuerdo haberme engañado otras veces en sueños con pensamientos semejantes; y al considerar esto más atentamente, me parece tan evidente que la vigilia no puede distinguirse nunca del sueño con indicios ciertos, que me quedo estupefacto y este mismo estupor casi me confirma en la opinión de que estoy soñando. Supongamos, pues, que soñamos, y que no son verdaderas estas cosas particulares: que abrimos los ojos, que movemos la cabeza, que extendemos las manos, e incluso que quizá no tenemos tales manos ni tal cuerpo. Sin embargo, hay que confesar que las cosas que vemos en sueños son como imágenes pintadas, que solamente han podido ser imaginadas a semejanza de las cosas verdaderas; y, por ello, que existen, al menos, esas cosas generales: ojos, cabeza, manos y el cuerpo entero, y que no son imaginarias sino verdaderas. […] aunque esas cosas generales, a saber, ojos, cabeza, manos y otras semejantes, puedan ser imaginarias, hay que admitir que son verdaderas algunas otras más simples y universales que éstas […], tanto si estoy despierto como si duermo, dos y tres suman cinco, y un cuadrado no tiene más que cuatro lados; ya que parece que tan perspicuas verdades no pueden resultar sospechosas.

Descartes. (1987).

Meditaciones metafísicas, Meditación Primera.

Madrid: Gredos

Instrucciones.

A) Con base en el texto de Descartes, presentar una situación en la que sea posible distinguir claramente el sueño de la vigilia y una donde no sea posible hacerlo.

B) En la situación donde sea posible distinguir el sueño de la vigilia, indicar qué criterios permiten hacerlo.

C) Dar dos ejemplos de cosas que percibimos con los sentidos y de las cuales podríamos poner en duda su existencia.

D) Tomar un ejemplo del inciso anterior, y mencionar por qué es posible ponerlo en duda.

E) Presentar dos ejemplos de cosas de las cuales no podamos dudar, y que existieran independientemente de si estuviéramos soñando o no.

F) Tomar un ejemplo del inciso anterior y mencionar qué garantiza que eso exista, independientemente del contexto.

Ejercicio 3.

Con este ejercicio se busca que los estudiantes aprendan a interrogar sobre las razones que tienen al sostener o decir algo. Así como a señalar cómo saben que las razones que presentan para sostener una tesis o una emisión dada son adecuadas, correctas o buenas.

A continuación se presenta un fragmento del texto Observación, del filósofo estadounidense Norwood Russell Hanson.

¿Ven lo mismo Kepler y Tycho?

Pensemos en Johannes Kepler: imaginémosle en una colina mirando el amanecer. Con él está Tycho Brahe. Kepler considera que el Sol está fijo; es la Tierra la que se mueve. Pero Tycho, siguiendo a Ptolomeo y a Aristóteles, al menos en esto, sostiene que la Tierra está fija y que los demás cuerpos celestes se mueven alrededor de ella. ¿Ven Kepler y Tycho la misma cosa en el Este, al amanecer?

[…] El Sol emite los mismos fotones para ambos observadores; los fotones atraviesan el espacio solar y nuestra atmósfera. Los dos astrónomos tienen una visión normal; por tanto, dichos fotones pasan a través de la córnea, el humor acuoso, el iris, el cristalino y el humor vítreo de sus ojos de la misma manera. Finalmente, son afectadas sus retinas. En sus células de selenio ocurren cambios electroquímicos similares. En las retinas de Kepler y de Tycho se forman las mismas configuraciones. Así pues, ellos ven la misma cosa.

[Sin embargo] una reacción de la retina es solamente un estado físico, una excitación fotoquímica. […] Que Kepler y Tycho vieran o no la misma cosa no puede argumentarse mediante referencias a estados físicos de sus retinas, sus nervios ópticos o sus cortezas visuales; para ver es necesario algo más que la mera recepción en los globos oculares.

Naturalmente, Tycho y Kepler ven el mismo objeto físico. Ambos tienen su vista fijada en el Sol. Si se les sitúa dentro de una habitación oscura y se les pide que informen cuando vean algo (no importa lo que sea), los dos pueden informar al mismo tiempo que ven el mismo objeto. Supongamos que el único objeto que se puede ver es un cilindro de plomo. Ambos ven la misma cosa; es decir, ese objeto, cualquiera que sea. Es, sin embargo, en ese momento exactamente cuando surge la dificultad, puesto que mientras Tycho ve un simple tubo, Kepler verá un telescopio, instrumento sobre el cual le ha escrito Galileo.

No habrá nada que tenga interés filosófico en la cuestión de si ven o no ven la misma cosa, a menos que ambos perciban el mismo objeto. Nuestra cuestión no conduce a nada, a menos que ambos vean el Sol en ese sentido primario.

Sin embargo, tanto Tycho como Kepler tienen en cierta forma una experiencia visual común. Esta experiencia quizás constituye su ver la misma cosa. En verdad, puede ser un ver lógicamente más básico que cualquiera de las cosas que se expresan con la frase «veo el Sol» (en la que cada uno da un significado diferente a la palabra «Sol»). Si la única clave fuera lo que ellos quieren decir con la palabra «Sol», entonces Tycho y Kepler podrían no estar viendo la misma cosa, aunque los dos estuvieran contemplando el mismo objeto.

Sin embargo, si nuestra pregunta no fuera «¿ven la misma cosa?», sino «¿qué es lo que ven ambos?», podríamos esperar una respuesta que no sería ambigua. Tanto Tycho como Kepler tienen fijada su atención en un disco brillante, de un color amarillo blanquecino, que está situado en un espacio azul sobre una zona verde. Tal imagen de «datos sensoriales» es única y no invertida. No ser consciente de ella es no tenerla. O la imagen domina nuestra atención visual completamente o no existe tal imagen.

Si Tycho y Kepler son conscientes de alguna cosa visible, ésta debe ser algún conjunto de colores. ¿Qué otra cosa podría ser? No tocamos ni oímos con nuestros ojos; con ellos solamente recibimos luz. Ese conjunto particular es el mismo para los dos observadores. […] De este modo, hay algo de sus experiencias visuales al amanecer que es idéntico para ambos: un disco blanco amarillento y brillante, centrado entre manchas de color verde y azul. El esquema de lo que ambos ven sería idéntico, congruente. En este sentido, Tycho y Kepler ven la misma cosa al amanecer. El Sol presenta la misma forma para ellos. Ambos tienen ante ellos la misma vista o escena.

[…] Así, pues, resumiendo, decir que Kepler y Tycho ven la misma cosa al amanecer sólo porque sus ojos son afectados de un modo similar es un error elemental. Existe una gran diferencia entre un estado físico y una experiencia visual. Supóngase, sin embargo, que se sostiene, como se ha hecho más arriba, que ven la misma cosa porque tienen la misma experiencia de datos sensoriales. Las disparidades entre sus descripciones aparecerán en interpretaciones ex post facto de lo que se ve, no en los datos visuales básicos. Si se sostiene esto, aparecerán pronto dificultades adicionales.

Hanson (2010).

Observación en Filosofía de la ciencia: teoría y observación.

México: Siglo XXI.

Instrucciones. Con base en el texto anterior…

A) Presentar tres situaciones en que sea imposible que dos personas discrepen acerca de lo que ven.

B) Presentar tres casos en que los recuerdos, conocimientos o creencias, incidan directamente para que alguien vea una cosa distinta de lo que ven los demás.

C) Presentar tres ejemplos en los que, a partir de las mismas experiencias sensoriales básicas, sea posible que distintas personas vean cosas diferentes.

Sugerencias de lectura para el profesor.

Platón. (1988). Diálogos IV. La república, Madrid: Gredos.

En este diálogo se presenta el mito de la caverna. En él, Platón se cuestiona, mediante una analogía, si el mundo que percibimos con los sentidos es real o solamente una mera apariencia. Se inclina por esta última opción.

Descartes, René. (1987). Meditaciones metafísicas y otros textos. Madrid: Gredos.

Con el fin de encontrar un fundamento sólido para todo conocimiento, Descartes pone en duda todo aquello que considera incierto y que no proporciona sino apariencias. Duda así de sus sentidos, de que está despierto, de que tiene cuerpo; en resumen, de todo. Entre otras cosas, esto lo lleva a plantear la distinción ente mente (res cogitans) y cuerpo (res extensa); de ahí el dualismo cartesiano.

Hume, David. (2005). Tratado de la naturaleza humana. Madrid: Tecnos.

Entre otras cosa, en este libro encontramos algunas consideraciones en torno al origen lo que hay en nuestras mentes. Hume dedica particular atención a las impresiones, ideas y creencias. Todas ellas provenientes, en última instancia, de lo que percibimos mediante los sentidos.

Bonnot de Condillac, Etienne. (1999). Ensayo sobre el origen de los conocimientos humanos. Madrid: Tecnos.

En este texto Condillac trata de explicar cómo se genera todo lo que hay en nuestra mente a partir de las sensaciones, en particular del tacto. Para ello usa como ejemplo hipotético una estatua que va adquiriendo consciencia, a partir de que se toca a sí misma.

Olivé, León y Pérez, Ana Rosa (compiladores). (2010). Filosofía de la ciencia: teoría y observación. México: Siglo XXI.

A pesar de ser un compendio de textos que giran en torno a la filosofía de la ciencia, en él podemos encontrar artículos que se relacionan con diferentes conceptos propios de esta Área de interés. Entre ellos experiencia, percepción, sensación, conocimiento, entre otras.

Shoemaker, Sydney. (1981). Las personas y su pasado. México: UNAM.

En este texto, a partir de consideraciones del filosofó inglés John Locke, el autor explora algunas nociones relativas a la identidad personal, su relación con la memoria y con las historias propias pasadas.

Para leer y ver después.

Borges, Jorge Luis. (2015). “Funes el memorioso” en Ficciones. Barcelona: Alianza.

Luego de un accidente, Irineo Funes adquiere una memoria prodigiosa y es capaz de recordar hasta el más mínimo detalle de las cosas que ha visto incluso una sola vez. Podemos encontrar en este texto una problematización acerca de la memoria y el pensamiento.

Dick, Philip K.. (2006). “Podemos recordarlo por usted al por mayor” en Cuentos completos Vol. 2. Barcelona, Minotauro.

Douglas Quail desea ir a Marte de vacaciones, pero al no poder pagarlo, recurre a una empresa de implantes de recuerdos. Sin embargo, hay una falla en el proceso y el protagonista descubre que su memoria ha sido previamente modificada y que no es quien creía ser. Existen dos adaptaciones cinematográficas: El vengador del futuro (Total Recall) de 1990 y 2012.

El show de Truman [Película]. (1998). Peter Weir. Estados Unidos: Scott Rudin Productions.

En esta película, el protagonista vive dentro de un estudio gigantesco, en el que se graba un programa de televisión, pero él no lo sabe. Ha vivido alrededor de treinta años pensando que el lugar en el que se encuentra es el mundo real, hasta que ciertas situaciones le llevan a poner en duda esa creencia.