Un bolillo pa’l susto

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Área de interés 12. La sociedad ideal.

Versión 201215

Un bolillo pa’l susto

Karla Alday

Cuando bajó del camión, tenía los ojos enrojecidos por las lágrimas que había dejado escapar, disimuladamente, para no llamar la atención. No sabía si era más enojo, miedo, coraje, tristeza, impotencia o todo eso junto lo que sentía. Las manos le temblaban. Comenzó a caminar de prisa, volteaba continuamente hacia atrás. Se había quedado con esa sensación horrible de que alguien lo perseguía… Antes de abrir la puerta de su casa, respiró lo más hondo que pudo y trató de disimular su angustia. No quería que su abuela se asustara al verlo así. Entró a la cocina, y vio a su prima y a su abuela sentadas en torno a la mesa. Las saludó, botó su morral en el piso y se recargó en el respaldo de la silla de su abuela.

—¿Qué tienes, hijo? ¡Estás todo pálido! —exclamó doña Chela.

—Nada, abue. Es que… no te espantes, pero… ¡otra vez me asaltaron en el camión!

—¡Ay! ¡Carlos, no es posible! ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? —preguntó la abuela asustada—. ¡Siéntate, voy a traerte un bolillo pa’l susto!

—No te preocupes, abue, estoy bien —dijo Carlos para tranquilizar a su familia—. Ya no estoy asustado, lo que tengo es mucho coraje. ¡Todos los días fregándome en la tienda para que vengan unos desgraciados a robarme mis cosas! ¡Todavía ni acababa de pagar mi celular, y ya me lo robaron! ¡Malditos rateros!

—¡Qué mala onda, Carlos! —dijo Areli y abrazó a su primo para tratar de consolarlo.

—¡De verdad que vamos de mal en peor! Antes esas cosas no pasaban por nuestros rumbos —dijo doña Chela—. ¿Hasta cuándo vamos a seguir en esta situación? ¡Así no podemos vivir! ¡Tenemos que hacer algo! ¡Hay que exigir que manden más patrullas a vigilar! ¡Dios quiera que ya vengan mejor los militares pa’ que ya no tenga uno que estar con el «Jesús» en la boca!

—¡Ay, abuelita! Perdóname, pero yo no creo que sea la solución —comentó Areli—. ¿En serio piensas que la delincuencia se va a acabar si hay más policías?

—¡No! Tanto así como acabarse… pues no —replicó doña Chela—. Porque gente mala siempre ha existido y hay en todo el mundo, pero es que el problema es que aquí no les damos su merecido. ¡Hasta que no escarmienten, no van a aprender a respetar!

Carlos se quedó un rato callado, apoltronado en la silla, bebiendo un poco de agua que le sirvió su abuela. Luego exclamó en tono desolado:

—Yo, la verdad, ya estoy perdiendo la fe en la humanidad. Empiezo a creer que toda la gente es mala. Así como los perros bravos, que siempre se están peleando entre ellos, así somos las personas; siempre viendo a quién fastidiar. En este país deberíamos poner en el gobierno a un tipo que de veras tenga mano dura, que no le haga caso a nadie, que no deje que cualquiera opine, que nomás él mande y ponga orden.

—¡No, hijo! ¡No digas que toda la gente es mala! —replicó doña Chela—. También hay gente buena… Lo que pasa es que ahora, con tanta cosa que hay… que si el mentado celular, que si la mentada computadora… pues hay más tentación para los rateros.

—Oye, Carlos, pero eso de poner en el gobierno a un tipo que no deje que nadie opine es algo muy peligroso —interrumpió Areli—. Imagínate, si dices que todas las personas somos malas, ese a quien pusiéramos en el poder… ¿no sería también malo? Y siendo así: ¿te imaginas lo que haría con la gente? ¡Qué miedo! Yo no creo que la mano dura sea la solución a nuestros problemas. A ver, por ejemplo, tus papás. Ellos confían en ti, no creen que seas como un perro bravo al que hay que tener amarrado. Al contrario, te dejaron venir a vivir con la abuela para estudiar en el CETIS porque saben que eres un joven inteligente, que entiende razones y usa bien su libertad.

—Eso sí —asintió Carlos suspirando, con desgano—. ¡A mí no me gusta cuando alguien me trata como si yo fuera una bestia!

—¡Ay, mi Charli! ¡Yo entiendo cómo te sientes! El año pasado, cuando entré a la universidad, me robaron mi laptop, y me dio mucho coraje. Desde entonces, pienso mucho en este asunto de la delincuencia, del crimen, de la maldad —la chica volteó a ver a su abuela y continuó—. Llegué a pensar igual que tú: que era algo normal, que la gente hace esas cosas nomás por malvada, pero luego, con lo que he ido leyendo en la carrera, me he dado cuenta que no es tanto así… ¿Cómo es posible que haya países donde las personas viven muy distinto a como vivimos nosotros? ¡Fíjense! Apenas ayer una amiga finlandesa que vino a estudiar me estaba contando que a su hermana se le olvidó su tablet en un autobús de Helsinki, la capital de Finlandia, y que luego, cuando la muchacha se dio cuenta del olvido, fue al Departamento de objetos perdidos a preguntar por su tablet… ¡Y se la devolvieron!

—¡Uy! ¡Ya parece que en este triste país va a haber un Departamento de objetos perdidos! —exclamó Carlos con sarcasmo.

—Bueno, es que a lo mejor sería cuestión de educar mejor a las personas. Aunque yo creo que ya hay mucha gente echada a perder, que no entiende razones, que ya nació mala y no tiene remedio —dijo la abuela.

—No sé… me quedo pensando. ¿Todos los delincuentes serán malos? ¿O será que la miseria, la injusticia, la desigualdad ayudan a que alguien se vuelva delincuente? ¿Sabes cuántos pobres hay en este país? ¡Más de sesenta y siete millones! ¿Tú crees que eso no tenga nada que ver con la situación que vivimos? —cuestionó Areli.

Al escucharla, doña Chela y Carlos negaron casi al unísono.

—Nosotros también somos pobres, pero sabemos respetar las cosas de los demás —expresó doña Chela.

—¡No trates de justificar a esos infelices rateros, Areli! —exclamó Carlos  enojado—. A ver: yo me paro a las cinco de la mañana para irme al CETIS. Luego en friega para la chamba, para comprarme lo que necesito y echarle la mano a mi abuela. ¿Te parece justo que vengan unos miserables a robarme las cosas que tanto me cuesta comprar?

—¡No, Carlos! ¡Tranquilo! Yo no estoy diciendo eso. Lo que estoy tratando de explicar es que, para que logremos una vida mejor, tenemos que buscar el origen del problema para así encontrar una solución —explicó Areli—. ¿A poco crees que a mí no me da coraje ver todo lo malo que pasa? ¡Yo también quisiera vivir en paz, tranquila, segura…! Trabajar, comprarme mis cosas, tener una familia y no vivir con miedo a que algo malo les pase. ¡Pues si por eso estoy estudiando…! Yo también creo que los delincuentes merecen un castigo y que lo que hacen está mal. Pero pienso que, para cambiar las cosas, sería necesario mucho más que solo poner más policías o jalarle las orejas a los niños.

—¡Ay, hija! ¿Y entonces? —preguntó doña Chela.

—Yo pienso que necesitamos transformar muchas cosas de nuestra sociedad —prosiguió la joven—. ¿Por qué creen que en otros países no hay situaciones tan feas como las muertes, la corrupción, la miseria que vivimos aquí? ¡Pues porque la gente vive diferente! ¡Diario tienen para comer! ¡Su trabajo les permite vivir bien!

—Pues sí, mi niña —replicó la abuela—. Pero aquí también se puede salir adelante trabajando. Fíjate en nosotros: yo trabajé desde muy niña, y ahora, no seré rica, pero pues tengo mi pensión. Es repoquito, pero nos alcanza pa’ vivir.

—Y yo, estudio en las mañanas y trabajo en las tardes —agregó Carlos—. Gano para mis pasajes y así no tengo que andarle pidiendo a mi abuelita. A veces hasta le puedo invitar unas quesadillas… es que trabajando sí sales adelante.

—Sí, ya sé que hay que trabajar para lograr lo que uno quiere. Pero también veo que hay mucha gente que trabaja, y aun así, no logra salir adelante. Por ejemplo, mi tío Toño. Ya ven cuánto le costó sacar su carrera para ser maestro, y ahora anda todo el tiempo corriendo de una escuela a otra. Y desde que se enfermó Anita, él y mi tía Gabi viven angustiados porque ninguno tiene seguro. No les alcanza para las medicinas, y ya se ven bien acabados. ¿Ya ven? ¡Tuvieron que vender su coche! —exclamó Areli, y continuó—. ¿A poco creen que están pobres porque quieren?

—¡Bueno, bueno, ya no hay que hablar de esto! —dijo la abuela y se levantó de la mesa—. Con tanto relajo ya ni serví la sopa. ¿Ya estás más tranquilo, hijo? —le preguntó a Carlos.

—Sí, abue. Ya mejor hay que comer. Con el susto se me fue el hambre. En la mañana nomás desayuné un café y un pan, así que ya debería comer algo.

—Sí, hijo. Ahora nomás me alcanzó para hacer una sopita, pero aquí Areli nos trajo unas tortas de milanesa que hizo su mamá. Mira, mmm, ¡huelen bien rico! ¡Ándenle ya! Vamos a comer, y ya no hay que hablar de cosas tristes en la mesa.

Guía para facilitar la reflexión y el diálogo a partir de Un bolillo pa’l susto.

La narración Un bolillo pa’l susto nos ofrece la posibilidad de observar situaciones que muestran lo complejo de vivir en sociedad: la manera en que nos relacionamos actualmente, la posibilidad y la dificultad de lograr formas de convivencia y de organización distintas a las que vivimos hoy. Al respecto hay formas de pensar muy diversas, algunas ofrecen buenas razones para defender que una sociedad diferente, mejor es posible. Otras sostienen que es constitutivo de los seres humanos tener dificultades para convivir entre ellos.

Conceptos.

  • Formas de gobierno.
  • Modos de producción.
  • Utopía.

Planes de discusión.

Plan de discusión 1. Formas de gobierno.

  1. Carlos dice: «En este país deberíamos poner en el poder a un tipo que de veras tenga mano dura, que no le haga caso a nadie, que no deje que cualquiera opine, que nomás él mande y ponga orden». ¿Estás de acuerdo con que se necesita que el poder se concentre en una sola persona para vivir en paz?
  2. Ante las palabras de Carlos, Areli contesta: «eso de poner en el poder a un tipo que no deje que nadie opine es algo muy peligroso… ¡Imagínate! Si dices que todas las personas somos malas, ese a quien pusiéramos en el poder… ¿no sería también malo? Y siendo así, ¿te imaginas lo que haría con la gente?». Suponiendo que el ser humano es malo por naturaleza, ¿qué libertades debería respetar el gobierno?
  3. Suponiendo que el ser humano es bueno por naturaleza, ¿qué libertades debería respetar el gobierno?
  4. Areli se pregunta: «¿Todos los delincuentes son malos? ¿O será que la miseria, la injusticia, la desigualdad ayudan a que alguien se vuelva delincuente?». ¿Qué respuesta darías a Areli?
  5. Si suponemos que las condiciones económicas influyen en las personas, ¿qué acciones debería realizar el gobierno?
  6. Si suponemos que las condiciones legales influyen en las personas, ¿qué acciones debería realizar el gobierno?
  7. La abuela de Carlos dice que la educación podría solucionar algunos problemas. Si fuera la educación la clave para tener una mejor sociedad, ¿qué tipo de educación deberíamos tener?
  8. ¿Qué tipo de gobierno deberíamos tener?
  9. ¿Sería posible una sociedad sin gobierno? ¿Cómo sería?

Plan de discusión 2. Modos de producción.

  1. Hay quien dice que querer es poder. Si un ser humano quisiera con todas sus fuerzas permanecer un día bajo el agua sin respirar, ¿podría lograrlo?
  2. Si alguien quisiera vivir doscientos años, ¿podría lograrlo? ¿Es cierto que querer es poder?
  3. Si un niño de la calle desea con todas sus fuerzas ser el hombre más rico del mundo, ¿podrá lograrlo?
  4. ¿Conoces personas que han deseado intensamente vivir en mejores condiciones económicas y no lo han logrado? ¿A qué se debe? ¿Es cierto que querer es poder?
  5. En México hay muchos casos como el del tío Toño. Aunado a esto, más de la mitad de la población vive en la pobreza, ¿las personas son pobres porque quieren?, ¿a qué factores se debe que sean pobres?
  6. Para generar ganancias se requiere tanto los medios de producción como la mano de obra. Dado que ambos elementos son necesarios para producir riqueza, ¿la ganancia se reparte igualmente entre el trabajador y el dueño de los medios de producción? Si no es así, ¿cómo se reparte? ¿Es justa la repartición?
  7. El empresario invierte sus recursos en mercancía y manutención de los medios de producción, ¿qué sucederá con dicha mercancía? Si genera más ganancia, ¿a dónde va esa ganancia?
  8. ¿Es posible vivir en una sociedad igualitaria si las condiciones económicas de las personas son muy desiguales?
  9. ¿Cuáles de nuestros problemas como sociedad se resolverían si hubiera una mejor distribución de la riqueza?
  10. ¿Cuáles de nuestros problemas como sociedad no se resolverían aunque hubiera una mejor distribución de la riqueza?

Plan de discusión 3. Utopía.

  1. Imagina una sociedad ideal. ¿Qué elementos hay en esa sociedad que haya también en tu sociedad?
  2. Imagina una sociedad ideal. ¿Qué elementos hay en esa sociedad que sean diferentes a los de tu sociedad?
  3. ¿Es necesario que las personas tengan buenas condiciones económicas para que la sociedad sea ideal?
  4. ¿Es suficiente que las personas tengan buenas condiciones económicas para que la sociedad sea ideal?
  5. ¿Es necesario que las personas participen en la política para que la sociedad sea ideal?
  6. ¿Es suficiente que las personas participen en la política para que la sociedad sea ideal?
  7. ¿Es necesario que las personas reflexionen sobre sí mismas para que la sociedad sea ideal?
  8. ¿Es suficiente que las personas reflexionen sobre sí mismas para que la sociedad sea ideal?
  9. ¿Sirve para algo imaginar una sociedad ideal?

Ejercicios.

Ejercicio 1.

Con este ejercicio se busca que los estudiantes aprendan a dar razones para avalar a las personas que citan como autoridad.

Instrucciones.

A) Leer la tercera tesis de Las tesis sobre Feuerbach del filósofo alemán Karl Marx.

La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y por tanto los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que las circunstancias pueden modificarse precisamente por los hombres y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la división de la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad (así, por ej., en Roberto Owen).

La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.

    1. Hay una tesis materialista que sostiene que los hombres son producto de las circunstancias. De las siguientes emisiones, ¿cuáles serían ejemplo de esta tesis?

a) En la costa, las chicas son más alegres por el calor.
b) Si deseas algo con todas tus fuerzas, el universo te lo dará.
c) Francisco bebe mucho alcohol. Era de esperarse porque su padre es alcohólico.
d) El que es perico, donde quiera es verde.

    1. Hay una tesis materialista que sostiene que los hombres son producto de la educación. De las siguientes emisiones, ¿cuáles serían ejemplo de esta tesis?

a) Claudio es un buen muchacho; su mamá siempre le inculcó buenos principios.
b) Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza.
c) El que con lobos anda, a aullar se enseña.
d) Si piensas positivamente, serás una persona diferente.

    1. Los hombres modificados son producto de circunstancias distintas. De las siguientes emisiones, ¿cuáles serían ejemplo de esta tesis?

a) Yo no quiero que mis hijos sean corruptos, cuando los tenga, me voy a ir a vivir a otro país.
b) El cambio está en uno mismo.
c) Estoy cansada de la impuntualidad. Me iré a vivir a Suiza, donde todos llegan siempre a tiempo.
d) La gente en todos lados es muy chismosa.

    1. Los hombres modificados son producto de una educación modificada. De las siguientes emisiones, ¿cuáles serían ejemplo de esta tesis?

a) Hay que educar a la gente para que no sea sucia.
b) Razonar nos conduce a tomar mejores decisiones.
c) Un maestro es un transformador del mundo.
d) Nada se puede modificar en esta vida.

    1. «Las circunstancias son modificadas precisamente por el hombre». De las siguientes emisiones, ¿cuáles serían ejemplo de esta afirmación?

a) Para que en este país haya más personas honestas, se necesita que los chicos no crezcan en un ambiente de corrupción, y para esto hay que actuar todos los días de manera honesta.
b) Para que en este país haya más personas honestas, se necesita que todos nos unamos a las doce del día para desear lo mejor a nuestro país.
c) Para no vivir en un clima de inseguridad, es necesario que las personas tengan mejores condiciones económicas. Todos podemos hacer algo para mejorar estas condiciones.
d) Para no vivir en un clima de inseguridad, hay que matar a delincuentes para que escarmienten.

Ejercicio 2.

Con este ejercicio se busca que los estudiantes aprendan a citar personas que pueden funcionar como autoridades en apoyo de lo que expresan.

A) Leer el siguiente poema.

B) Proponer, con base en lo que señala Marx como la coincidencia entre el cambio de las circunstancias y la actividad humana, una alternativa de solución al problema que se observa en el poema.

“Niño Yuntero”

Miguel Hernández

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Ejercicio 3.

Con este ejercicio se busca que los estudiantes aprendan a parafrasear las emisiones de los demás tratando de recuperar su sentido.

A) Leer los siguientes fragmentos de El leviatán de Thomas Hobbes y responder las preguntas subsiguientes.

Además, los hombres no experimentan placer ninguno (sino, por el contrario, un gran desagrado) reuniéndose, cuando no existe un poder capaz de imponerse a todos ellos. En efecto, cada hombre considera que su compañero debe valorarlo del mismo modo que él se valora a sí mismo. Y en presencia de todos los signos de desprecio o subestimación, procura naturalmente, en la medida en que puede atreverse a ello (lo que entre quienes no reconocen ningún poder común que los sujete, es suficiente para hacer que se destruyan uno a otro), arrancar una mayor estimación de sus contendientes, inflingiéndoles algún daño, y de los demás por el ejemplo.

Así hallamos en la naturaleza del hombre tres causas principales de discordia. Primera, la competencia; segunda, la desconfianza; tercera, la gloria.

Estás de acuerdo con Hobbes en que:

  1. ¿Las personas experimentamos desagrado al reunirnos si no hay quien ejerza el poder?
  2. ¿Los seres humanos estamos en continua competencia? ¿Eso nos impide vivir en armonía con los demás?
  3. ¿Debido a nuestro afán por competir, las personas somos por naturaleza desconfiadas?
  4. ¿Todos queremos obtener siempre la gloria?

B) Identificar en las siguientes situaciones cuál de las causas de la discordia que Hobbes atribuye a la naturaleza humana provoca un problema:

La competencia.
La desconfianza.
La gloria.

Situación …Causa…
Marco y Rafael eran amigos, pero dejaron de hablarse porque los dos querían andar con la misma muchacha.
Elvia bloqueó a Félix del whats porque dice que siempre le está lanzando indirectas
Carmen es mi amiga, pero a veces me molesta mucho que siempre quiera ser la más popular
Le pedí a Miranda que no subiera esa foto al feisbuc porque salgo con los ojos cerrados, pero de todos modos la puso solo porque ella se ve muy bien.
Hoy me fui dormir sin cenar. No quería estar sentada a la mesa con mi familia porque mi papá estuvo comparándome con mi hermana diciendo que ella todo lo hace bien y yo no.
Rodrigo y yo terminamos. Yo aún lo quiero, pero estoy harta de sus celos.
Ese chavo me cae bien gordo, siempre está burlándose de todos y poniendo apodos.
Escribe tus propios ejemplos:
Desconfianza
Gloria
Competencia

C) Imaginar las siguientes situaciones en que las personas están reunidas y describir cuáles serían las diferencias en la forma de interactuar en cada una:

Situación Con un profesor Sin profesor
Un grupo de estudiantes reunidos en un salón.
Situación Con uno de los padres Sin los padres
Un grupo de hermanos en su casa.
Situación Con el jefe Sin el jefe
Un grupo de empleados en su oficina.
  1. D) A partir de las respuestas en las tablas anteriores, fijar la postura frente a la cita de Hobbes y responder:

¿Las personas solo podemos convivir en paz cuando existe un poder capaz de imponerse ante nosotros?

Ejercicio 4.

Con este ejercicio se busca que los estudiantes aprendan a explorar las diferencias entre propuestas que se presentan como diferentes o contrarias.

Instrucciones.

A) Leer los siguientes fragmentos.

El leviatán

La causa final, fin o designio de los hombres (que naturalmente aman la libertad y el dominio sobre los demás) al introducir esta restricción sobre sí mismos (en la que los vemos vivir formando Estados) es el cuidado de su propia conservación y, por añadidura, el logro de una vida más armónica; es decir, el deseo de abandonar esa miserable condición de guerra que, tal como hemos manifestado, es consecuencia necesaria de las pasiones naturales de los hombres, cuando no existe poder visible que los tenga a raya y los sujete, por temor al castigo, a la realización de sus pactos y a la observancia de las leyes de naturaleza (…)

Hecho esto, la multitud así unida en una persona se denomina ESTADO, en latín, civitas. Esta es la generación de aquel gran LEVIATÁN, o más bien (hablando con más reverencia), de aquel dios mortal, al cual debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra paz y nuestra defensa. Porque en virtud de esta autoridad que se le confiere por cada hombre particular en el Estado, posee y utiliza tanto poder y fortaleza, que por el terror que inspira es capaz de conformar las voluntades de todos ellos para la paz, en su propio país, y para la mutua ayuda contra sus enemigos, en el extranjero. Y en ello consiste la esencia del Estado, que podemos definir así: una persona de cuyos actos una gran multitud, por pactos mutuos, realizados entre sí, ha sido instituida por cada uno como autor, al objeto de que pueda utilizar la fortaleza y medios de todos, como lo juzgue oportuno, para asegurar la paz y defensa común. El titular de esta persona se denomina SOBERANO, y se dice que tiene poder soberano; cada uno de los que le rodean es SÚBDITO suyo.

Thomas Hobbes

El contrato social

Puesto que ningún hombre tiene por naturaleza autoridad sobre su semejante, y puesto que la fuerza no constituye derecho alguno, quedan sólo las convenciones como base de toda autoridad legítima sobre los hombres. Si un individuo —dice Grotio— puede enajenar su libertad y hacerse esclavo de otro, ¿por qué un pueblo entero no puede enajenar la suya y convertirse en un esclavo de un rey? Hay en esta frase algunas palabras equívocas que necesitarían explicación; pero detengámonos sólo en la de enajenar. Enajenar es ceder o vender. Ahora, un hombre que se hace esclavo de otro, no cede su libertad; la vende, cuando menos, por su subsistencia; pero un pueblo ¿por qué se vende? Un rey, lejos de proporcionar la subsistencia a sus súbditos, saca de ellos la suya, y según Rabelais, un rey no vive con poco. ¿Los súbditos ceden, pues, sus personas a condición de que les quiten también su bienestar? No sé qué les queda por conservar.

Se dirá que el déspota asegura a SUS súbditos la tranquilidad civil; sea, pero ¿qué ganan con ello, si las guerras que su ambición ocasiona, si su insaciable avidez y las vejaciones de su ministerio les arruinan más que sus disensiones internas? ¿Qué ganan, si esta misma tranquilidad constituye una de sus miserias? Se vive tranquilo también en los calabozos, pero ¿es esto encontrarse y vivir en los griegos encerrados en el antro de Cíclope, vivían tranquilos esperando el turno de ser devorados.

Decir que un hombre se da a otro gratuitamente, es afirmar una cosa absurda e inconcebible: tal acto sería ilegítimo y nulo, por la razón única de que el que la lleva a cabo no está en su estado normal. Decir otro tanto de un país, es suponer un pueblo de locos y la locura no hace derecho.

Aun admitiendo que el hombre pudiera enajenar su libertad, no puede enajenar la de sus hijos, nacidos hombres y libres. Su libertad les pertenece, sin que nadie tenga derecho a disponer de ella. Antes de que estén en la edad de la razón, puede el padre, en su nombre, estipular condiciones para asegurar su conservación y bienestar, pero no darlos irrevocable e incondicionalmente; pues acto tal sería contrario a los fines de la naturaleza y traspasaría el límite de los derechos paternales. Sería, pues, necesario para que un gobierno arbitrario fuese legítimo, que a cada generación el pueblo fuese dueño de admitir o rechazar sus sistemas, y en caso semejante la arbitrariedad dejaría de existir.

Renunciar a su libertad es renunciar a su condición de hombre, a los derechos de la humanidad y aun a sus deberes. No hay resarcimiento alguno posible para quien renuncia a todo. Semejante renuncia es incompatible, con la naturaleza del hombre: despojarse de la libertad es despojarse de moralidad. En fin, es una convención fútil y contradictoria estipular de una parte una autoridad absoluta y de la otra una obediencia sin límites. ¿No es claro que a nada se está obligado con aquel a quien hay el derecho de exigirle todo? ¿Y ésta sola condición, sin equivalente, sin reciprocidad, no lleva consigo la nulidad del acto? ¿Qué derecho podrá tener mi esclavo contra mí, ya que todo lo que posee me pertenece y puesto que siendo su derecho el mío, tal derecho contra mí mismo sería una palabra sin sentido alguno?

Grotio y otros como él, deducen de la guerra otro origen del pretendido derecho de la esclavitud. Teniendo el vencedor, según ellos, el derecho de matar al vencido, éste puede comprar su vida al precio de su libertad, convención tanto más legítima, cuanto que redunda en provecho de ambos.

Pero es evidente que este pretendido derecho de matar al vencido no resulta de ninguna manera del estado de guerra. Por la sola razón de que los hombres en su primitiva independencia no tenían entre sí relaciones bastante constantes para constituir ni el estado de paz ni el de guerra, y no eran, por lo tanto, naturalmente enemigos. La relación de las cosas y no la de los hombres es la que constituye la guerra, y este estado no puede nacer de simples relaciones personales, sino únicamente de relaciones reales. La guerra de hombre a hombre no puede existir ni en el estado natural, en el que no hay propiedad constante, ni en el estado social donde todo está bajo la autoridad de las leyes. (…)

La guerra no es una relación de hombre a hombre, sino de Estado a Estado, en la cual los individuos son enemigos accidentalmente, no como hombres ni como ciudadanos, sino como soldados; no como miembros de la patria, sino como sus defensores. Por último, un Estado no puede tener por enemigo sino a otro Estado, y no a hombres; pues no pueden fijarse verdaderas relaciones entre cosas de diversa naturaleza.

Jean Jacques Rousseau

Si se descarta, pues, del pacto social lo que no es de esencia, encontraremos que queda reducido a los términos siguientes: “Cada uno pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general, y cada miembro considerado como parte indivisible del todo.”

Este acto de asociación convierte al instante la persona particular de cada contratante, en un cuerpo normal y colectivo, compuesto de tantos miembros como votos tiene la asamblea, la cual recibe de este mismo acto su unidad, su yo común, su vida y su voluntad. La persona pública que se constituye así, por la unión de todas las demás, tomaba en otro tiempo el nombre de ciudad y hoy el de república o cuerpo político, el cual es denominado Estado cuando es activo, Potencia en comparación con sus semejantes.

En cuanto a los asociados, éstos toman colectivamente el nombre de pueblo y particularmente el de ciudadanos como partícipes de la autoridad soberana, y súbditos por estar sometidos a las leyes del Estado. Pero estos términos se confunden a menudo, siendo tomados el uno por el otro; basta saber distinguirlos cuando son empleados con toda precisión

B) Completar la siguiente tabla:

¿Cuál es la naturaleza del ser humano? ¿Dónde se originan los problemas de una sociedad? ¿Cómo debe gobernarse una sociedad?
Hobbes
Rousseau

C) Responder: ¿cuál de las dos posturas es la más acertada?

Ejercicio 5.

Con este ejercicio se busca que los estudiantes aprendan a clarificar el sentido de lo que expresan e interrogar sobre las razones que tienen al sostener o decir algo.

Instrucciones.

A) Diseñar en equipo una comunidad perfecta. Pueden representar su diseño mediante una maqueta, ilustraciones o narraciones.

B) Exponer su diseño al grupo y proponer tres acciones que podrían aproximarlos a alcanzar la sociedad que diseñaron.

Ejercicio 6.

Con este ejercicio se busca que los estudiantes aprendan a interrogar sobre las razones que tienen al sostener o decir algo.

Instrucciones.

A) Leer el siguiente texto titulado Tú y yo contra el mundo, escrito por una estudiante de bachillerato tecnológico.

B) Resolver las cuestiones que al final se enlistan.

Tú y yo contra el mundo

Lo escuché llorar como todas las noches en punto de las tres de la mañana. Me levanté de la cama como un zombi y le preparé una mamila. A estas alturas, ya lo hago en automático: cuatro onzas de polvo y ocho onzas de agua. Le di la leche y suavemente mecí la cuna. Tenía que esperar hasta que bebiera toda la botella y volviera dormirse. En esos momentos no podía hacer sino pensar: ¿cómo fue que llegué hasta aquí…?

Voy a contarte un poco la historia. Hace unos años conocí a alguien. Estábamos entrando al bachillerato. Fue como una de esas historias de las películas en que encuentras a alguien sin saber que lo estabas buscando, en que sus miradas se encuentran y hay una especie de magia en eso. Así conocí a Santiago. El semestre estaba terminando cuando le dije que estaba embarazada. Se quedó en shock por unos segundos, después sonrío y me abrazó como si se tratara de la mejor noticia de su vida.

—¡No estamos listos para tener un hijo! —le dije—. No tenemos dinero, ni empleo. Solo somos estudiantes. Somos muy jóvenes y no podemos jugar a la casita. ¡Nuestros papás nos matarán!

Lloré por un buen rato. Cuando logré calmarme, le dije que fuera a casa y que hablaríamos después. Al día siguiente, decidimos contarles todo a mis padres. Cuando soltamos la noticia de que estaba embarazada, mi madre comenzó a llorar y a preguntarme qué pasaría con los planes de mi vida, con la escuela, con la carrera que siempre quise estudiar. Mi padre simplemente dijo que no quería escuchar nada más. Se levantó y salió de la sala. Yo moría de miedo por dentro y pensaba en lo difícil que sería mi vida a partir de ese momento. Después de unos minutos, Santiago me miró y dijo:

—Nos casaremos. Dejaré la escuela y buscaré un empleo. Nos las arreglaremos.

Y eso fue exactamente lo que hicimos. Entró a trabajar a un taller mecánico. Unas semanas después fuimos juntos al registro civil. Y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos casados.

El tiempo pasó demasiado rápido. De pronto estábamos en la sala de un hospital, con las caras pálidas y muriendo de miedo como dos niños. Pasaron tantas cosas por mi mente: ¿y si el bebé necesitaba algo…?, ¿y… si pasaba algo malo? No podrás imaginar lo doloroso que fue. Cada segundo parecía eterno. Cuando todo pasó, por fin pude tenerlo en mis brazos, darle un beso y ver que todo había salido bien. Después nos llevaron a nuestra habitación. Le di de comer al bebé. ¡Era tan emocionante! ¡Por fin los tres juntos!

Espero que puedas entender lo hermoso que es tener en tus brazos a alguien tan pequeño, que ha nacido de ti, que pasó nueve meses dentro de ti y por fin puedes verlo, acariciarlo, sentir que toma tu mano, que se aferra a ella como para no soltarla jamás. Tenía los ojos de su padre. Lo único que logré decir fue: «se llamará Enrique».

Creí que no recibiríamos ninguna visita, pero sentí mucha paz cuando mi mamá fue a vernos. Me ayudó a bañarme y nos llevó a casa. Hacía mucho tiempo que no la veía, pues como mi padre no estaba de acuerdo con mis decisiones, tuvimos que irnos a vivir a casa de la madre de Santiago.

A partir de allí las cosas comenzaron a ser más difíciles. A la señora no le gustaba que viviéramos allí: le molestaba mi manera de cocinar, que el bebé llorara, que no pudiera estar sola en su casa, que había tenido que cancelar la clase de cocina que daba a sus amigas. Estas cosas nos hacían pelear mucho. Entonces tuvimos que buscar un lugar dónde vivir. Esta parte estuvo peor; necesitábamos más dinero para poder salirnos de allí y tener un espacio propio, la leche del bebé, los pañales, ropa, gas, agua, comida… Y las obligaciones: lavar, cocinar, limpiar y, sobre todo, pasar tiempo con el bebé. Pero después de mucho esfuerzo, logramos rentar un lugarcito. Era tan pequeño que apenas nos podíamos mover. A pesar de todo, nos sentíamos satisfechos porque era nuestro hogar, el hogar de nuestra familia.

Una noche recibí una llamada:

—¿Señora Pijamas? —preguntó una voz de mujer al otro lado del teléfono.

—Sí, soy yo —dije adormilada.

—Hablo del hospital, su esposo ha sido herido de bala.

¿Puedes imaginarlo? ¡Mi corazón se detuvo! Sin poder creerlo preparé una pañalera del bebé, tomé todo el dinero que teníamos ahorrado y salí a la calle a buscar un taxi. Llevé a Enrique a casa de mis papás. Tuve miedo de que me rechazaran, pero mi mamá aceptó quedarse con el bebé y yo me fui corriendo al hospital.

Cuando llegue allá, me recibió una enfermera con un tono de excesiva compasión y me explicó lo que había sucedido:

—Su esposo fue víctima de un asalto cuando iba saliendo del trabajo. Nos han dicho que se resistió y peleó con los asaltantes. Uno de ellos le disparó. La bala desgarró el corazón y murió minutos después de llegar aquí.

Lo más difícil fue entender mi nueva realidad; estaba sola, viuda, con un hijo, una renta que pagar, con el dolor de una muerte, y un bebé que dependía y necesitaba de mí.

Me cuesta mucho trabajo contarte esto, porque de solo recordarlo se me llenan los ojos de lágrimas. Pero ahí estaba, con el alma y la vida partida. No tenía manera de parar el dolor por la muerte de mi esposo, pues todo el dinero que teníamos ahorrado se fue en los gastos del funeral y apenas alcanzó para la renta del siguiente mes. Nos quedaba solo una lata de leche y un paquete de pañales. Tenía que encontrar un empleo pronto. Pensé que sería fácil encontrar algo, pero en cada lugar al que iba, me decían que no tenía estudios ni experiencia.

Después de muchos intentos decidí ser realista. Fui a tocar la puerta de una de las casas más grandes de la calle, de esas que parecen poder pagar una sirvienta. Salió una señora ya mayor. Le conté que vivía en la misma calle, que tenía un bebé, que mi esposo había muerto y que necesitaba dinero. Le pedí que me dejara limpiar su casa por lo que quisiera pagarme. La señora fue muy noble conmigo. Me pagaba muy bien. A veces me dejaba llevar a casa un poco de comida. Y hasta me regaló ropa de su último nieto.

Aunque ya tenía un trabajo, los gastos eran muchos; no podía pagar la renta del departamento. Mi mamá habló con mi papá, y pudimos ir a vivir a su casa. No creas que fue sencillo; mis padres viven de su pensión y apenas si les alcanza para ellos, así que todos cooperamos para pagar.

Las cosas siguen siendo muy difíciles, pero el tener a mi familia me ayuda mucho. Todo lo demás pierde peso cuando mi hijo me mira y sonríe. A veces me preocupo mucho, ¿sabes? Como cuando escuchas en la radio que unos policías mataron estudiantes, que en algún lugar del mundo hubo un ataque terrorista, o el número de personas que son asesinadas en un solo día… la verdad, tengo mucho miedo. Sobre todo porque no puedo olvidar lo que pasó con Santiago. Pero ahora que soy madre, creo que puedo, ya sabes, poner mi granito de arena. Hago mi máximo esfuerzo para educar a mi hijo, para ser un buen ejemplo, salir adelante juntos, y verlo convertirse en un hombre de bien.

Tengo que dejarte. Se ha terminado su leche y ahora puedo dormir. Aprovecho estos ratos en los que duerme en paz, ajeno a todo lo que nos ha pasado, para mirarlo, tomar su mano, darle un beso y susurrarle al oído: somos tú y yo contra el mundo, amigo, hasta mañana.

Gretel Pijamas

Tú y yo contra el mundo

Lo escuché llorar como todas las noches en punto de las tres de la mañana. Me levanté de la cama como un zombi y le preparé una mamila. A estas alturas, ya lo hago en automático: cuatro onzas de polvo y ocho onzas de agua. Le di la leche y suavemente mecí la cuna. Tenía que esperar hasta que bebiera toda la botella y volviera dormirse. En esos momentos no podía hacer sino pensar: ¿cómo fue que llegué hasta aquí…?

Voy a contarte un poco la historia. Hace unos años conocí a alguien. Estábamos entrando al bachillerato. Fue como una de esas historias de las películas en que encuentras a alguien sin saber que lo estabas buscando, en que sus miradas se encuentran y hay una especie de magia en eso. Así conocí a Santiago. El semestre estaba terminando cuando le dije que estaba embarazada. Se quedó en shock por unos segundos, después sonrío y me abrazó como si se tratara de la mejor noticia de su vida.

—¡No estamos listos para tener un hijo! —le dije—. No tenemos dinero, ni empleo. Solo somos estudiantes. Somos muy jóvenes y no podemos jugar a la casita. ¡Nuestros papás nos matarán!

Lloré por un buen rato. Cuando logré calmarme, le dije que fuera a casa y que hablaríamos después. Al día siguiente, decidimos contarles todo a mis padres. Cuando soltamos la noticia de que estaba embarazada, mi madre comenzó a llorar y a preguntarme qué pasaría con los planes de mi vida, con la escuela, con la carrera que siempre quise estudiar. Mi padre simplemente dijo que no quería escuchar nada más. Se levantó y salió de la sala. Yo moría de miedo por dentro y pensaba en lo difícil que sería mi vida a partir de ese momento. Después de unos minutos, Santiago me miró y dijo:

—Nos casaremos. Dejaré la escuela y buscaré un empleo. Nos las arreglaremos.

Y eso fue exactamente lo que hicimos. Entró a trabajar a un taller mecánico. Unas semanas después fuimos juntos al registro civil. Y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos casados.

El tiempo pasó demasiado rápido. De pronto estábamos en la sala de un hospital, con las caras pálidas y muriendo de miedo como dos niños. Pasaron tantas cosas por mi mente: ¿y si el bebé necesitaba algo…?, ¿y… si pasaba algo malo? No podrás imaginar lo doloroso que fue. Cada segundo parecía eterno. Cuando todo pasó, por fin pude tenerlo en mis brazos, darle un beso y ver que todo había salido bien. Después nos llevaron a nuestra habitación. Le di de comer al bebé. ¡Era tan emocionante! ¡Por fin los tres juntos!

Espero que puedas entender lo hermoso que es tener en tus brazos a alguien tan pequeño, que ha nacido de ti, que pasó nueve meses dentro de ti y por fin puedes verlo, acariciarlo, sentir que toma tu mano, que se aferra a ella como para no soltarla jamás. Tenía los ojos de su padre. Lo único que logré decir fue: «se llamará Enrique».

Creí que no recibiríamos ninguna visita, pero sentí mucha paz cuando mi mamá fue a vernos. Me ayudó a bañarme y nos llevó a casa. Hacía mucho tiempo que no la veía, pues como mi padre no estaba de acuerdo con mis decisiones, tuvimos que irnos a vivir a casa de la madre de Santiago.

A partir de allí las cosas comenzaron a ser más difíciles. A la señora no le gustaba que viviéramos allí: le molestaba mi manera de cocinar, que el bebé llorara, que no pudiera estar sola en su casa, que había tenido que cancelar la clase de cocina que daba a sus amigas. Estas cosas nos hacían pelear mucho. Entonces tuvimos que buscar un lugar dónde vivir. Esta parte estuvo peor; necesitábamos más dinero para poder salirnos de allí y tener un espacio propio, la leche del bebé, los pañales, ropa, gas, agua, comida… Y las obligaciones: lavar, cocinar, limpiar y, sobre todo, pasar tiempo con el bebé. Pero después de mucho esfuerzo, logramos rentar un lugarcito. Era tan pequeño que apenas nos podíamos mover. A pesar de todo, nos sentíamos satisfechos porque era nuestro hogar, el hogar de nuestra familia.

Una noche recibí una llamada:

—¿Señora Pijamas? —preguntó una voz de mujer al otro lado del teléfono.

—Sí, soy yo —dije adormilada.

—Hablo del hospital, su esposo ha sido herido de bala.

¿Puedes imaginarlo? ¡Mi corazón se detuvo! Sin poder creerlo preparé una pañalera del bebé, tomé todo el dinero que teníamos ahorrado y salí a la calle a buscar un taxi. Llevé a Enrique a casa de mis papás. Tuve miedo de que me rechazaran, pero mi mamá aceptó quedarse con el bebé y yo me fui corriendo al hospital.

Cuando llegue allá, me recibió una enfermera con un tono de excesiva compasión y me explicó lo que había sucedido:

—Su esposo fue víctima de un asalto cuando iba saliendo del trabajo. Nos han dicho que se resistió y peleó con los asaltantes. Uno de ellos le disparó. La bala desgarró el corazón y murió minutos después de llegar aquí.

Lo más difícil fue entender mi nueva realidad; estaba sola, viuda, con un hijo, una renta que pagar, con el dolor de una muerte, y un bebé que dependía y necesitaba de mí.

Me cuesta mucho trabajo contarte esto, porque de solo recordarlo se me llenan los ojos de lágrimas. Pero ahí estaba, con el alma y la vida partida. No tenía manera de parar el dolor por la muerte de mi esposo, pues todo el dinero que teníamos ahorrado se fue en los gastos del funeral y apenas alcanzó para la renta del siguiente mes. Nos quedaba solo una lata de leche y un paquete de pañales. Tenía que encontrar un empleo pronto. Pensé que sería fácil encontrar algo, pero en cada lugar al que iba, me decían que no tenía estudios ni experiencia.

Después de muchos intentos decidí ser realista. Fui a tocar la puerta de una de las casas más grandes de la calle, de esas que parecen poder pagar una sirvienta. Salió una señora ya mayor. Le conté que vivía en la misma calle, que tenía un bebé, que mi esposo había muerto y que necesitaba dinero. Le pedí que me dejara limpiar su casa por lo que quisiera pagarme. La señora fue muy noble conmigo. Me pagaba muy bien. A veces me dejaba llevar a casa un poco de comida. Y hasta me regaló ropa de su último nieto.

Aunque ya tenía un trabajo, los gastos eran muchos; no podía pagar la renta del departamento. Mi mamá habló con mi papá, y pudimos ir a vivir a su casa. No creas que fue sencillo; mis padres viven de su pensión y apenas si les alcanza para ellos, así que todos cooperamos para pagar.

Las cosas siguen siendo muy difíciles, pero el tener a mi familia me ayuda mucho. Todo lo demás pierde peso cuando mi hijo me mira y sonríe. A veces me preocupo mucho, ¿sabes? Como cuando escuchas en la radio que unos policías mataron estudiantes, que en algún lugar del mundo hubo un ataque terrorista, o el número de personas que son asesinadas en un solo día… la verdad, tengo mucho miedo. Sobre todo porque no puedo olvidar lo que pasó con Santiago. Pero ahora que soy madre, creo que puedo, ya sabes, poner mi granito de arena. Hago mi máximo esfuerzo para educar a mi hijo, para ser un buen ejemplo, salir adelante juntos, y verlo convertirse en un hombre de bien.

Tengo que dejarte. Se ha terminado su leche y ahora puedo dormir. Aprovecho estos ratos en los que duerme en paz, ajeno a todo lo que nos ha pasado, para mirarlo, tomar su mano, darle un beso y susurrarle al oído: somos tú y yo contra el mundo, amigo, hasta mañana.

Gretel Pijamas

  1. La joven tiene razones para sentirse preocupada porque ………………………………, sin embargo, también tiene razones para conservar la esperanza de que su hijo esté bien, pues ………………………………………………………………
  1. A veces se puede pensar que no hay que preocuparse por los demás, pues ……………………………………………………………………………………., sin embargo,……………………………………………………………………………, por ejemplo el caso de Gretel, que no contaba con quedarse viuda tan joven.
  1. Para lograr construir una mejor sociedad es importante …………………………………………………………………………………. pues los seres humanos somos ……………………………………………………………………
  1. Gretel dice que ahora que es madre, cree que puede «poner su granito de arena». A pesar de lo difícil de su situación, desea contribuir a tener una mejor sociedad porque …………………
  1. La vida de Gretel cambió cuando unos ladrones asesinaron a su esposo. Si la ciudad en que vivían ………………………………………………………………………………, entonces ella y su hijo ………………………………………………….. por lo cual, para ser feliz, no basta solo lo que uno haga de manera individual sino …………………………………………………………………

Bibliografía.

Hobbes, Thomas. (1651) El Leviathán, disponible en:

http://www.uruguaypiensa.org.uy/imgnoticias/749.pdf

Rousseau, J.J. (1762) El contrato social, disponible en:

http://www.enxarxa.com/biblioteca/ROUSSEAU%20El%20Contrato%20Social.pdf

Marx, Karl. (1845) Tesis sobre Feuerbach

https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/45-feuer.htm

Sugerencias de lectura.

Sánchez Vázquez, Adolfo. (1999) Entre la realidad y la utopía. Ensayos sobre política, moral y socialismo. México: FCE, FfyL-UNAM.

Para ver más…

Marx ha vuelto.

https://www.youtube.com/watch?v=eckwjxa0-w4

Marx en Soho.

https://www.youtube.com/watch?v=uRhDt_mrM50