Afectividad y sensibilidad

Afectividad es un concepto filosófico usado por filósofos como Baruch Spinoza, Henri Bergson, Giles Deleuze y Félix Guattari para hacer referencia a la experiencia corporal que tenemos que despiertan en nosotros los objetos de apreciación estética. Así, cuando en su Ética Spinoza habla de “afectos” se refiere a lo que tradicionalmente conocemos como emoción, como lo es la emoción que nos produce estar contacto con algún objeto de arte. Entre las emociones que destaca Spinoza se encuentran el deseo, el placer y el dolor. Por otro lado, en su obra titulada Materia y memoria, el filósofo Bergson habla de que además de conocer nuestro cuerpo al hacer uso de nuestras facultades perceptivas, también lo conocemos por las afecciones que los objetos del mundo causan en nosotros. Por ejemplo, sabemos que ciertas melodías musicales tienen el poder alegrarnos mientras que otras nos causan una sensación de tristeza. Para Deleuze y Guattari la afectividad no denota un sentimiento personal sino una habilidad de afectar y ser afectado; es cada estado en el que se da un encuentro entre cuerpo afectado y otro que afecta, como lo es cada ocasión en la que nos encontramos ante un objeto experiencia de estética como una obra de arte o un atardecer. Así, ante una pintura muy bella y emotiva podemos sentirnos profundamente afectados y cautivados, lo cual es posible justo en virtud del encuentro con la pintura.

 

 

Uno de los filósofos más influyentes en cuanto a la definición del concepto de sensibilidad es Emanuel Kant, quien reflexionó al respecto en la Crítica de la razón pura y la Crítica del juicio. Kant habla de sensibilidad en el contexto de su teoría sobre las dos facultades intelectuales más importantes que tenemos los seres humanos: la sensibilidad y el entendimiento, considerando que las dos juegan un papel fundamental para el conocimiento. Para este filósofo, la sensibilidad nos da acceso al mundo sensible (es decir, a todos los objetos que podemos percibir en el tiempo y el espacio, a través de nuestros sentidos) de manera inmediata, mientras que cuando entra en juego el entendimiento lo hace mediante el uso de ciertas categorías y conceptos que nos permiten abstraer algunas características de los objetos y generalizar. En tanto que facultad receptiva o pasiva que tenemos de ser afectados por los objetos de manera inmediata, el ejercicio de la sensibilidad produce intuiciones sensibles del mundo. Por ende, la sensibilidad es una facultad sumamente importante para nuestro conocimiento del mundo en general, pues pues es en virtud de ella que los objetos nos afectan y gracias a ello podemos usar el entendimiento para abstraer las propiedades generales de los objetos y entender las leyes generales que rigen el mundo (como las de la física). Asimismo, la sensibilidad tiene un lugar crucial en nuestra apreciación del arte y en la experiencia estética en general, pues es la facultad que da lugar las intuiciones sensibles que tenemos de manera inmediata al estar en contacto con los objetos del mundo. Por ejemplo, al contemplar un atardecer o leer un poema, la sensibilidad nos permite tener una intuición sensible de los mismos, es decir, nos permite captar y apreciar de manera inmediata sus propiedades sensibles.

 

Elaboró: Nancy Abigail Nuñez Hernández