Alienación o enajenación (A.I.13)

La alienación o enajenación puede ser entendida como la pérdida o la transmisión de propiedades (i. e. objetos, cualidades, derechos, identidades). En el contexto de la Filosofía de la historia, la alienación o enajenación suele referirse a las relaciones que los seres humanos establecen, en situaciones y circunstancias históricas determinadas, con su entorno y con sus semejantes. La pérdida de propiedades puede tener una connotación positiva, negativa o neutra.  (Ver artículo de Milvio Novoa intitulado “El concepto de enajenación”, aquí)

En el Contrato social (Rousseau, Juan Jacobo, El contrato social, Porrúa, México, 2002), Jean-Jaques Rousseau (1712-1778) afirma que el hombre nace libre y, sin embargo, vive en todas partes encadenado. Un hombre vende sus bienes, su trabajo e incluso su libertad a otro hombre, a cambio de su propia subsistencia. Pero el nuevo dueño de los bienes, el trabajo y la libertad, lejos de proporcionar la subsistencia de sus súbditos, saca provecho de ellos. Ante tal situación, Rousseau propone la enajenación total de todos los derechos de los ciudadanos a la comunidad, a manera de alcanzar una condición de igualdad entre todos los asociados, quienes conformarían el contrato social.

 En ¿Qué es la Ilustración? (Kant, Immanuel, Filosofía de la historia, tr. y prol. Eugenio Ímaz, Fondo de Cultura Económica, México, 1979), Immanuel Kant (1724-1804) afirma que la Ilustración es la salida del hombre de su culpable incapacidad para servirse de su propia razón. El hombre ilustrado se ha emancipado, ya no es súbdito (enajenación de la voluntad) ni pupilo (enajenación del pensamiento), sino que piensa y actúa por sí mismo. Pero el mismo Kant reitera que vivimos en un estado de ilustración, no en un estado ilustrado. En ese sentido, es necesario mantener la libertad de pensamiento y expresión sólo en el ámbito público (en la figura de profesor, de orador, de funcionario, de autor, etc.) sin dejar de obedecer en el ámbito privado (en tanto que persona, individuo, ciudadano, etc.).

 En los Manuscritos económico-filosóficos (Marx, Karl, Escritos enonómico-filosóficos, Fondo de Cultura Económica, México, 2014), Karl Marx (1818-1883) afirma que las únicas fuerzas operantes en la historia que son reconocidas por la economía capitalista son la avaricia y la competencia o guerra entre avaros. Dicha competencia se manifiesta en la producción y el intercambio de mercancías, en el trabajo y la remuneración que implica. Sin embargo, observa Marx que el trabajador se vuelve más pobre (en tanto que humano) en la medida en la que produce más riqueza (como capitalista), ya que mientras más tiempo se invierte en la producción de mercancías, a manera de aumentar el precio o el valor de las mismas, menor es el tiempo que tiene para sí mismo. El objeto producido por el trabajo deja de ser el resultado de una acción libre y satisfactoria para convertirse en algo ajeno al trabajador, el cual termina por vivir en función del objeto que produce. De manera que la enajenación es entendida como la condición del ser humano que, en un mundo capitalista, se tiene que convertir en trabajador y finalmente en mercancía.

(Ver la película “Tiempos modernos” de Charles Chaplin, aquí)

Mario Chávez (@mario)

 

 

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