Amor AI. 3

Normalmente, cuando hablamos de amor, solemos vincularlo a una relación de pareja. Pero constantemente, además de decir amar a una persona, lo vinculamos con objetos o actividades. Así, hay quienes dicen amar a una persona, otros dicen amar la comida, la ropa, las películas, correr, escuchar música. Todo esto complica su definición, pues se trata de una gama diversa de objetos, o actividades, en los cuales el amor parece estar presente. En filosofía sucede lo mismo, la complicación no es por la inexistencia de definiciones, sino porque nos enfrentamos a una gran diversidad de ellas. Cada filósofo, a lo largo de la historia, ha desarrollado una definición de amor que se ajusta a su pensamiento.

Hay quienes han pensado que amamos porque eso nos produce una enorme alegría, con la salvedad de que amamos sólo en la medida en que buscamos ser reconocidos por el otro —caso de Spinoza—; algunos más pensarán que el amor es algo que debemos evitar, pues nos distrae de las cosas que son importantes para la vida, los estoicos y el caso radical de los cínicos son claros ejemplos; otros que el amor es algo que nos hace siervos.

Para Platón, por ejemplo, el amor, o el Eros, es un daimon, un hibrido que se encuentra entre dioses y hombres, cuya función es la de guiar —como una especie de conciencia— a los hombres para que estos se acercaran, lo más posible, a la contemplación de la divinidad. Para Platón el amor forma parte fundamental de un todo y, como parte de un todo, está relacionado, estrechamente, con otros conceptos, como el de la Belleza y el Bien, pues es el amor lo que nos impulsa al conocimiento de las Ideas. En el diálogo platónico El banquete, se expone la visión platónica del amor (el amor platónico), visión que se confunde, comúnmente, con un amor imposible. Sin embargo, el amor no se encuentra sólo en las relaciones de pareja; tampoco es necesario que forme parte de un sistema tan complejo como el de Platón.

Por ejemplo, podemos pensar la amistad como una manifestación del amor. La amistad —dice el filósofo Epicuro— recorre la tierra entera anunciándonos a todos que nos despertemos para la felicidad. ¿Qué quiere decir esto? Se trata de un contrato siempre renovable verbalmente, donde la palabra sirva no para engañar o seducir, sino para construir caminos compartidos. Para Epicuro, una comunidad fundada en la amistad es entender que se es con el otro, a su lado, y no pese a él. En este sentido, procurar nuestro bienestar es procurar también el bienestar del otro. Es entender que el otro desea, que tiene miedos y angustias, que ama. Epicuro pensaba en la comunidad como una formación de individuos libres, que consienten, que se encuentran ligados a promesas para alcanzar en conjunto, una comunidad donde se niegue el desagrado y el sufrimiento, no sólo el propio, sino también el de los otros.

 

Elaboró: Luis Ángel Juárez Madrigal