Comportamiento y experiencia

El comportamiento se suele entender como un  “Conjunto estable de acciones y reacciones de un organismo frente a un estímulo proveniente del ambiente externo o del interior del organismo mismo (motivación)”.

Por su lado, el término  “experiencia” ha tenido muchos sentidos diferentes a lo largo de la historia de la filosofía. Sin embargo hay dos que se pueden destacar:

  1. La aprehensión de la realidad por medio de los sentidos.
  2. El conocimiento o enseñanza adquirido por medio de la práctica.

 

Un ejemplo de como se ha visto la relación entre ambos conceptos, lo podemos encontrar en Kant. En la Crítica de la razón pura, el filósofo alemán asegura que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia, puesto que  nuestra facultad de conocer no podría actuar sin objetos que afectaran a nuestros sentidos y produjeran representaciones en nuestro intelecto. De esta manera, para él la aprehensión de la realidad por medio de nuestros sentidos provoca una reacción en nuestro organismo que hace posible el conocimiento del mundo. A pesar de sus diferencias con ellos en lo que respecta a otras cuestiones, este sentido de experiencia lo comparte con empiristas ingleses como Hume y Locke.

Un ejemplo del segundo significado lo podemos encontrar en Aristóteles, quien en la Metafísica (I, I, 980 b25-  981 a15) asegura que la experiencia da lugar al arte y a la ciencia, e incluso que los hombres de experiencia a veces tienen más éxito que quienes poseen la teoría. Un médico, por ejemplo, al estudiar  aprende cuestiones teóricas generales, pero al momento de atender a sus pacientes debe tratar  casos particulares, para lo cual ese aprendizaje no es suficiente. Para decidir qué tratamientos son pertinentes para los casos particulares emplea también el conocimiento que adquiere gracias a la práctica: es decir, requiere de experiencia.

También hay algunos casos en que ambos sentidos de experiencia se encuentran relacionados o en que algunos aspectos de ambos se entrecruzan. Esto lo podemos observar, entre otros casos, en algunas discusiones sobre la libertad.  Si fuera posible controlar la conducta de las personas con ayuda de estímulos externos al grado de que se pueda “programar” la profesión futura de los niños eligiendo adecuadamente las influencias ambientales a las que se le somete (como pretendía el ambientalismo psicológico) dónde queda la libertad humana? Más todavía, si los estímulos que recibimos del ambiente en el que crecemos y nos desarrollamos, si nuestra experiencia (entendida aquí  como la influencia de las cosas sobre nuestros sentidos tanto como el aprendizaje que adquirimos gracias a nuestro desenvolvimiento en el mundo), ¿no estamos totalmente determinados por nuestro medio? Y en ese caso, ¿de verdad somos capaces las personas de modificar libremente nuestra realidad?

 

Elaboró: Rafael Peralta