Conciencia individual del pasado y del futuro

Podemos definir este concepto, en primer lugar, como aquella característica que nos hace reconocer como nuestro un pasado específico. En la entrada Conciencia, de este mismo vocabulario se habla de ésta como un darse cuenta.

Tal como nos interesa aquí, este concepto tiene que ver con un darse cuenta de que tenemos un pasado que nos pertenece y nos constituye como personas. En este sentido, tiene relación con otros conceptos propios de esta materia, como memoria e identidad personal. Dichos elementos nos permiten sostener que somos la misma persona con el paso del tiempo, lo que nos llevaría a reconocer que hemos tenido un pasado, (para ahondar en el tema puede consultarse: Sobre la identidad personal como identidad social).

Es decir, esta conciencia nos hace conscientes de nuestro pasado individual. Pero al mismo tiempo, y en segundo lugar, nos lleva a ser conscientes de que -dado que tenemos cierta unidad como personas y a su vez un pasado- también tendremos un futuro, que seguirá de cierta manera esa línea temporal sobre la que nos desenvolvemos (sobre el lugar que ocupa el presente en dicha línea temporal, se habla un poco en: El tiempo en Las confesiones de San Agustín, sobre la relación entre memoria y futuro también puede consultarse: El futuro que habita la memoria).

De este modo, la conciencia individual del pasado y el futuro nos permite darnos cuenta -desde nuestro propio presente- que hemos tenido un pasado y que a la vez tendremos un futuro. Lo que nos permitiría planificar ese futuro, o bien establecer ciertas metas a cumplir. Sin embargo, esto no siempre resulta tan fácil como parece. Veamos un pequeño ejemplo: En la película Memento (Christopher Nolan, 2000), el protagonista, después de un acontecimiento traumático pierde la memoria a corto plazo cada determinado tiempo; de manera que no logra recordar nada de lo que ha sucedido recientemente. Con todo, es capaz de recordar todo aquello que sucedió hasta antes del accidente. En este caso la conciencia individual del pasado del personaje se ve quebrantada, y con ello también la del futuro; pues, dado que esta última depende en buena medida de la primera, hay también una ruptura. Sus fines, las metas que persigue -su futuro-, están determinadas en la medida en que su pasado -o lo que logra recordar de él- las ha configurado.

Óscar Santana