Costumbre

Normalmente definimos la costumbre en términos de un comportamiento repetitivo o rutina que ocurre de manera regular. Una de las caracterizaciones filosóficas más importantes que se han ofrecido de la noción de costumbre, es la de Aristóteles en su Ética. Para este filósofo, las costumbres o hábitos son determinados estados o condiciones del carácter formados por la constancia, los cuales con el tiempo dan lugar a regularidades en las acciones de los seres humanos. Por ello, para Aristóteles una costumbre o hábito es una especie de segunda naturaleza: es una capacidad adquirida (a diferencia de una con la que ya nacimos) para actuar de una cierta manera. Al inicio del segundo libro de su Ética, Aristóteles señala que la virtud moral es el resultado del hábito o costumbre, de manera que las buenas costumbres conducen a una buena vida, es decir, una vida feliz. De acuerdo con este filósofo, no nacemos siendo virtuosos; por ejemplo, no nacemos con la virtud de ser excelentes lectores, pero podemos cultivar las virtudes y perfeccionarlas mediante la práctica constante, de modo que podemos volvernos excelentes lectores si desarrollamos las costumbre de leer con frecuencia. Claro está que puede haber costumbres que nos conduzcan a actuar de manera virtuosa (como la costumbre de respetar a las mujeres) y otras que nos conduzcan a actuar de manera viciosa (como la costumbre de envidiar las pertenencias o logros de otras personas); sin embargo, para Aristóteles las únicas costumbres que conducen a la felicidad son aquellas nos llevan a actuar de manera virtuosa.

 

 

Elaboró: Nancy Nuñez