Creencias AI.9

La creencia es una actitud proposicional. Es decir, con respecto a una proposición o una aseveración, la creencia consiste en considerarla o aceptarla como verdadera o cierta. Cuando creemos que Juan Rulfo escribió el Llano en Llamas, aceptamos como verdadero o cierto que Juan Rulfo escribió el Llano en Llamas. En contraste, si no creemos que Juan Rulfo escribió el Llano en Llamas, esto puede deberse a varias causas. Primero, podemos no creerla porque aceptamos como falsa la aseveración que Juan Rulfo escribió esa novela. Segundo, podemos no creer porque nunca hemos tenido oportunidad de considerar esa creencia (alguien en Varsovia que nunca ha escuchado de Juan Rulfo no se ha planteado siquiera esa proposición y, en consecuencia, no creer que Juan Rulfo escribió el Llano en Llamas). Tercero, uno puede no creer porque simplemente no tiene evidencia para aceptarla o rechazar la afirmación (si a esta persona en Varsovia se le pregunta si cree que Juan Rulfo escribió el Llano en Llamas, ella podría simplemente decir “no sé”, tengo que investigar. Así, suspende su juicio y, en consecuencia, no cree que Juan Rulfo escribió ese libro).

 

Uso del concepto

 

Diálogo 1

Luis:  no creo lo que dice el narrador del partido.

Ana: ¿Qué dijo? No escuché.

Luis: Dice que nada une más a los mexicanos que el futbol.

Ana: ¿Entonces piensas que es falso.

Luis: Así es, al no creerle, pienso que lo que dice es falso.

 

Diálogo 2

Luis: la película no da nada de miedo. Ni parece de terror, sino una comedia.

Ana: sí, te creo.

Luis: ¿crees entonces que la película no parece de terror?

Ana: así es, para mí es cierto que no da miedo, y más bien da risa.

 

Caso 1:

Una proposición o aseveración puede ser creída si la persona que la cree piensa que es verdadera. Sería muy extraño decir que, por ejemplo, yo creo que la Luna es el satélite natural de la Tierra, pero considero a esa aseveración falsa. Así, creer una proposición es tomarla como verdadera: es aceptar que el mundo es tal y como dice la proposición. No creerla es tomarla como falsa: es aceptar que el mundo no es tal y como dice la proposición.

 

Caso 2:

Si alguien no cree cierta proposición o aseveración, siempre que se tope con ella, va a negarla o rechazarla. Esto es así porque, al no creerla, piensa que tal proposición es falsa. Así, no creer una proposición es considerarla falsa en el sentido apuntado antes.

 

Discusión del concepto

 

Así como puedo tener ciertas actitudes hacia otras personas, acciones o cosas (puedo ser amable con mis amigos, compañeros de clase o de trabajo, o ser impaciente y colérico ante la presencia de actos de corrupción o discriminación), puedo tener ciertas actitudes con respecto a una proposición o aseveración. Puedo dudarla, imaginarla, creerla, conocerla, suponerla, etc. En el caso particular de la creencia, es una actitud que consiste en tratar cierta aseveración como verdadera (y no creer consiste en tratar cierta aseveración como falsa).

Sin embargo, el concepto de creencia es muy importante, y trae consigo varias dificultades. Se mencionarán solo algunas de las más relevantes. Varios de los problemas que el concepto de creencia puede tener son derivados de aquello que la noción misma de actitud proposicional puede tener. Según la definición señalada, la creencia es una actitud que una persona tiene con respecto a una proposición. Sin embargo, ¿en qué consiste exactamente esa relación? ¿Cómo el agente puede tener una actitud hacia una proposición? Esta postura también pasa por alto ciertos usos del verbo “creer” que no parecen consistir en una actitud proposicional: creer en dios, creer en mi mejor amigo, creer en alguien. “creer que” y “creer en” son conceptos distintos. Sin embargo, se ha tratado de definir el segundo usando el primero. “Creer en dios” debe interpretarse como “creer que dios es bueno” o “creer que dios es alguien en quien puedo confiar”, y otras expresiones similares. No obstante, esto es objeto de gran discusión.

Conectado con lo anterior, otro problema ha sido distinguir la creencia de otras actitudes proposicionales. ¿Cuál es la diferencia entre imaginar que hay un elefante en el patio de mi casa y de hecho creer que hay un elefante en el patio de mi casa? El filósofo escocés David Hume atendió este problema y defendió que la creencia se distingue por su fuerza y vivacidad. No es del todo claro qué quiere decir exactamente con eso, pero la idea parece ser que cuando creemos algo, esto se nos impone o nos fuerza a aceptarlo como cierto, y lo vemos de una manera mucho más clara o nítida. Cuando imaginamos algo, por el contrario, aquello que imaginamos no nos fuerza o obliga a aceptarlo como cierto, y se nos presenta, creía Hume, de una manera menos clara. (Sería la diferencia entre ver en persona el Palacio de Bellas Artes y ver simplemente una fotografía) No obstante, se ha pensado que esto no es suficiente para hacer una distinción clara entre creer y otras actitudes. Otro asunto especialmente importante es cómo distinguir la creencia del conocimiento. Algunos filósofos han creído que son dos actitudes completamente distintas, pero otros han creído que la diferencia entre ambas es solo de grado. En cualquier caso, la diferencia entre tipos de actitudes proposicionales sigue siendo una cuestión abierta.

Otra consideración es que una persona puede creer cierta proposición incluso si no está totalmente convencida de su verdad, o incluso si la evidencia o razones que tiene para creerla son pocas o deficientes. Esto ha llevado a pensar en un concepto gradual de creencia: algunas de nuestras creencias son más firmes que otras. Se ha discutido también si es posible sostener una creencia incluso si carecemos completamente de evidencia, o incluso en el caso extremo en el que no solo no contamos con evidencia a favor, sino que toda la evidencia disponible habla en contra.

En algunos casos se habla de creencias para referir a un subconjunto de todas las creencias que se tienen y que captura mis creencias más básicas o mis convicciones más fundamentales o queridas. Mi creencia que mi habitación tiene solo una cama, aunque es una de mis creencias, no es una de mis creencias fundamentales. En contraste, mi creencia en la igualdad entre todos los seres humanos puede ser una de mis creencias más apreciadas. ¿A qué se debe que distingamos entre creencias fundamentales y creencias de poca importancia? Se debe a muchos factores, pero es importante notar que en muchos contextos, por creencias se quiere decir el conjunto de creencias fundamentales.

Un último asunto que cabe indicar es la cuestión si toda creencia, para ser efectivamente una de mis creencias, debe ser consciente. Se ha pensado que podemos tener creencias no conscientes. Por ejemplo, aunque seguramente no lo había pensado en los últimos días, tengo la creencia de que tengo un lunar en la planta del pie. Pudieron pasar años sin reparar en esa creencia, pero, ante cierta circunstancia—quizá una apuesta tonta sobre quién tiene más lunares—, esa creencia no consciente puede aparecer y ser relevante. Sin embargo, se ha pensado que hay muchos problemas que resolver para poder explicar cómo es posible tener creencias no conscientes.

Por Víctor Cantero Flores