Demostración

La demostración también conocida como raciocinio científico es indispensable en cualquier teoría de la ciencia. Según Aristóteles (384-322 a.c.) este tipo de raciocinio  se caracteriza por presentarse como demostración en forma de silogismo categórico o en forma de silogismo demostrativo, lo que parte de la noción tradicional de que la ciencia consiste en conectar una serie de verdades de modo tal que cada conclusión se base en otra, y a su vez, todas ellas dependan de unas cuantas verdades iniciales, o principios primeros en los que se apoya toda demostración, algo así como afirmar que “la conexión de las verdades científicas, necesariamente para toda ciencia es un reflejo de la conexión real, independiente de la ciencia y el pensamiento” (Carvajal; 2013)

 

Desde el enfoque de la lógica contemporánea, una demostración es una secuencia de enunciados de un lenguaje formal—como el de las matemáticas—en donde a unos se les conoce como premisas o axiomas, y a otro se le denomina conclusión o teorema de los primeros. La conclusión o teorema se extrae de las premisas o axiomas mediante reglas de inferencia, que son reglas establecidas en el sistema formal. Por ejemplo, en el álgebra básica, una demostración puede partir del axioma “x+y = y+x” y de ahí se puede concluir que 5+2 = 2+5

 

Una forma de iniciar el planteamiento de este concepto es preguntar si la demostración también explica o no algo, si son de índole similar o distinta la demostración y la explicación, si hay reglas fijas para diferenciar cuándo se demuestra, y si las demostraciones necesariamente requieren cumplir criterios lógicos tradicionales, o por el contrario, admiten variaciones en este aspecto.

 

María del Carmen Rodríguez (@maria)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *