Evidencia AI. 9

El concepto de evidencia forma parte de la epistemología y la filosofía de la ciencia, se relaciona con los métodos de obtención de conocimiento así como con otros conceptos del A.I. 9 (Forma de pensar), como veremos abajo.

Se ha tomado a la evidencia como aquéllo que cumple una o más de las siguientes funciones: lo que justifica el sostener una creencia específica; o que es una marca de la racionalidad; o que es un indicador fiable de la verdad de una hipótesis; o que sirve como terreno objetivo y público para decidir entre hipótesis alternativas.

Por ejemplo, solemos decir que el humo es evidencia de que algo está en llamas; o que las manchas de Koplik son evidencia de sarampión. Esto es porque la aparición de uno—el humo, las manchas—es un indicador fiable de lo otro—el fuego, el sarampión. Algo es un indicador fiable de otra cosa cuando la aparición de lo primero suele indicar la aparición de lo segundo: cuando, en la mayoría de los casos, si aparece lo primero, aparecerá lo segundo. Así, la evidencia para una hipótesis será lo que es un indicador fiable de la verdad de esa hipótesis.

Esta concepción es compatible con la concepción de la evidencia como algo objetivo, público, que puede servir como juez cuando hay un debate entre hipótesis alternativas (hipótesis que buscan explicar el mismo hecho o tipo de fenómeno, y que no pueden ser verdaderas al mismo tiempo.) Supongamos que encontramos a Juanito en un estado debilitado, y le notamos ciertos síntomas. Usted y yo ofrecemos hipótesis alternativas para explicar esto: usted, que Juanito padece sarampión; yo, que tiene una alergia. Si encontramos que Juanito posee manchas de Koplik, este fenómeno objetivo (que no depende de nosotros) y que ambos podemos observar (que es público) es evidencia a favor de su hipótesis, pero no de la mía. En general, cuando tenemos hipótesis alternativas, buscamos evidencia para decidirnos entre ellas.

Aunque estas dos concepciones son probablemente las más favorecidas en la filosofía de la ciencia, hay otras en la epistemología contemporánea. Las más aceptadas son las de la evidencia como aquéllo que justifica las creencias, o aquéllo que es una marca de racionalidad.

Según el filósofo inglés David Hume, “Un hombre sabio adecua sus creencias a la evidencia” (Investigación Sobre el Conocimiento Humano). Una persona racional (a la que Hume llama “hombre sabio”) es aquélla que cree lo que la evidencia le indica, pero no cree—o deja de creer—aquéllo que su evidencia no le indica. Por ejemplo, supongamos que creyera que existen perros que hablan. Al investigar un poco, leo que nunca se ha observado que un perro hable, intento hacer hablar a varios perros pero fallo sistemáticamente, leo tratados de fisiología canina y veo que carecen de los órganos necesarios, etc. Lo racional es desechar tal creencia; me comportaría irracionalmente si la siguiera sosteniendo frente a la evidencia.

En la otra concepción, la evidencia es lo que justifica creencias. Decir que la creencia de un sujeto está justificada, significa decir que el sujeto no tiene esa creencia por “puro gusto”, o por puro azar: la cree porque tiene alguna base para ello (algunos filósofos identifican justificación con razón; otros las diferencian). Según una teoría epistemológica conocida como evidencialismo, lo que hace que una creencia de algún sujeto esté más, o menos, justificada, es que se base en la evidencia que posee ese sujeto. Así, la evidencia, para esta corriente, determina la justificación.

Fuera de suponer que la evidencia es lo que justifica a las creencias, los evidencialistas difieren en sus concepciones. Según Conee y Feldman, la evidencia que posee un sujeto es un conjunto de sus estados mentales, como sus creencias, impresiones sensoriales, o recuerdos. Para Williamson, la evidencia que posee un sujeto es todo su conocimiento: todo lo que sabe

 

Elaboró: Carlos Romero