Experiencia AI. 7

Podríamos definir experiencia de manera muy sencilla, como el modo de conocer algo, de manera inmediata, sin la formulación de un juicio al respecto. Por ejemplo, una forma de ser, un modo de hacer, una manera de vivir. Sin embargo, resulta complicado hablar de experiencia, pues existen diversas formas de referirnos a ella. Por ejemplo: podemos hablar de experiencia como aprehensión sensible del mundo; por un modo de hacer, como la enseñanza adquirida por la práctica; por la confirmación de juicios por medio de una verificación, algo que podemos verificar; el hecho de vivir algo, experimentar algún dolor o una alegría.

Pese a la diversidad de formas en que nos podemos referir a la experiencia, existen dos elementos que participan —aunque no en todas y no al mismo tiempo— en este modo de conocer: la confirmación, o posibilidad de confirmar, de manera empírica nuestra experiencia, lo cual nos habla de una cualidad externa, que depende, enteramente, de los datos sensibles; el hecho de vivir algo anterior a toda reflexión, lo que destaca un carácter interno de la experiencia.

David Hume, filósofo escoces, sostendrá, de acuerdo a las ideas del empirismo, que la experiencia no es otra cosa más que el conjunto de percepciones, tanto externas como internas. Las características básicas del empirismo son: la experiencia como el origen de nuestro conocimiento y la experiencia como límite del conocimiento, pues la sensación es el elemento fundamental que formará el conocimiento humano. La mayoría de los empiristas aceptaban la tesis de que la experiencia es el origen de nuestro conocimiento, pues no hay, en nuestra mente, un conocimiento previo de lo que es el mundo, sino que este conocimiento se genera a partir de nuestra experiencia directa. De aquí, la idea de la tabula rasa, la idea de una mente vacía, como una hoja de papel en blanco, en la cual se va escribiendo conforme al cumulo de experiencias. Pero a diferencia de otros filósofos empiristas que rebasaban la idea de que la experiencia fuera el límite de nuestro conocimiento, haciendo posible la idea del alma, Dios, o de substancias inmateriales, Hume pensaba que si se partía de la experiencia como el origen de nuestro conocimiento, debería ser también su límite, pues el mundo sólo se le ofrece a nuestras percepciones y la experiencia que generamos a partir y a través de ellas.

Elaboró: Luis Ángel Juárez Madrigal