Felicidad

Se trata de un concepto polisémico, es decir, que tiene diversos significados filosóficos y no filosóficos, por eso no existe una sola definición del concepto de felicidad, sino que sus múltiples significados coexisten. Este concepto se vincula con los contenidos de la Plataforma de Ética. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española considera que la felicidad puede entenderse como: “un estado de ánimo” que se complace en la posesión de un bien, también puede entenderse como satisfacción, gusto o contento”.[1]

            Desde un punto de vista filosófico, la felicidad no se reduce a ser un estado de ánimo, sino que también comprende otros aspectos. Por ejemplo, la felicidad también se ha entendido como bienestar, placer, contemplación, virtud, sabiduría, beatitud y autosuficiencia material.

Como puede apreciarse, la felicidad, también se vincula con la reflexión que caracteriza al ejercicio filosófico, lo cual permite enriquecer el significado que podemos encontrar en cualquier diccionario. La felicidad es un asunto que, desde la antigüedad, ha interesado a grandes pensadores como, Aristóteles[2], Epicuro[3], Séneca[4] o San Agustín[5], los cuales escribieron obras notables en las que desarrollaron sus ideas al respecto.

Según Aristóteles, la felicidad, entendida como el vivir dichosa y bellamente consiste en tres cosas que son las más apetecibles, pues han sido estimadas como el mayor de los bienes, a  saber: la sapiencia, la virtud y el placer. Cada una de ellas representa una forma de vida,  que puede ser elegida por todos aquellos que estén en posibilidad de hacerlo; por ejemplo la vida filosófica radica en la búsqueda de la sabiduría y en la contemplación de la verdad, por su parte la vida política consiste en la realización de bellas acciones, es decir, aquellas que provienen de la virtud, y por último la vida hedonística que se relaciona con los placeres del cuerpo.

Desde el punto de vista de la ética cristiana, la felicidad se relaciona estrechamente con el concepto de beatitud; su punto de partida consiste en aceptar que la felicidad máxima no puede encontrase en la Tierra, a pesar de ello, pensadores como San Agustín o San Buenaventura consideraban que no existe una incompatibilidad estricta entre la felicidad mundana y la felicidad celestial, para el primero la felicidad puede entenderse como el fin de la sabiduría, es decir, la posesión de lo verdadero absoluto, en este caso, Dios. Para el segundo la felicidad puede entenderse como el fin del itinerario que conduce el alma a Dios. Por su parte, los filósofos modernos trataron el tema de la felicidad de manera distinta que los antiguos y los medievales, aunque puede hablarse de algunos elementos comunes, el más significativo es el que reconoce que la felicidad no es un bien en sí mismo. En ese sentido para determinar que entendemos por felicidad es importante conocer el bien o los bienes que la producen.

 

[1] Diccionario de la RAE, p 957.

[2] https://www.youtube.com/watch?v=Qj2VCiPvvnM

[3] https://www.youtube.com/watch?v=j4bX6B27t5E

[4] https://www.youtube.com/watch?v=rOGdY35AsoI

[5] http://www.cafaalfonso.com.ar/descargas/san_agustin_de_la_vida_feliz.pdf

 

-Osiris González

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