Humildad intelectual

El termino humildad proviene del latín humilitas, que a su vez proviene de humus: tierra. De manera que humildad, tiene en su sentido etimológico una referencia a algo que permanece apegado a la tierra; a algo o alguien que, coloquialmente hablando, no ha perdido el suelo. En el caso concreto de la humildad intelectual, y tomando en cuenta lo anterior, podemos entenderla al menos de dos maneras.

En el primer sentido, la humildad intelectual es aquello que nos lleva a reconocer que no sabemos todo acerca de un tema, o bien que el otro puede saber más que nosotros en determinada materia. Reconocer esto nos llevaría a evitar sentirnos superiores a los demás, de manera que estamos dispuestos a recibir sus puntos de vista. De modo, que la humildad intelectual sería necesaria para el correcto establecimiento de un dialogo o proceso argumentativo, dado que aceptaríamos que no sabemos todo, lo cual permite a su vez recibir de manera favorable comentarios, críticas o propuestas del otro, (en este artículo se revisa el uso de este concepto en el contexto de un proceso argumentativo:  La mini-guía para el Pensamiento crítico. Conceptos y herramientas; y en este otro también: Estándares de Competencia para el pensamiento crítico).

En el segundo sentido, que no está del todo disociado del primero, la humildad intelectual sería aquella cualidad que nos haría reconocer las limitaciones y debilidades de nuestro entendimiento en tanto que somos seres humanos. En este último sentido, La humildad intelectual puede encontrar dos antecedentes representativos en las figuras de Sócrates y Nicolás de Cusa. El primero, según lo que podemos leer en los Diálogos de Platón, anda constantemente en busca de la verdad. Pero también constantemente reconoce que no es posible llegar a ella de manera satisfactoria. En Nicolás de Cusa esta postura está manifestada en la docta ignorancia. El sabio en su búsqueda de conocimiento, se da cuenta de que -debido a sus limitaciones humanas- no puede llegar al conocimiento absoluto. Se da cuenta así de que ignora más de lo que sabe. En este caso es ignorante, pero al menos sabe que ignora, es decir es docto; de ahí la docta ignorancia. (Para ahondar sobre la humildad intelectual en Sócrates puede consultarse: Estudio monográfico de la filosofía de la educación en Sócrates; para el caso de Nicolás de Cusa puede verse: Influencia del Pseudo Dionisio en Nicolás de Cusa).

Óscar Santana