Intencionalidad AI. 3

Se ha pensado que la intencionalidad es parte de la naturaleza humana (junto a otras propiedades cuyos conceptos se incluyen en el A.I. 3). El concepto de intencionalidad se ha entendido de dos formas generales, cada una bajo teorías distintas.

La primera manera de entender a la intencionalidad corresponde con el concepto que comúnmente asociamos con actuar intencionalmente o intencionadamente.

La diferencia entre una acción y otros cambios en la persona se explica como la diferencia entre lo que la persona hace y lo que le sucede a la persona. Un requisito adicional es que mi acto tenga un fin u objetivo, es decir, que esté dirigido a lograr una meta o cometido. Se suele entender que una acción intencional requiere que el agente pueda explicarla; es decir, que pueda brindar una respuesta a una pregunta del tipo: “¿Por qué hiciste eso?” (Esta es una condición que se requiere, pero que no siempre basta, para que haya acción intencional, pues podemos responder a esas preguntas para actos que no son acciones intencionales. Por ejemplo, si estornudo, puedo responder a la pregunta diciendo que “necesitaba estornudar”). En particular, la explicación es teleológica: es decir, se da en términos de los objetivos o fines (en griego, télos) con los que se realiza la acción.

De acuerdo a la teoría causal de la acción intencional del filósofo estadounidense Donald Davidson (en “Acciones, razones y causas”), una persona tiene una intención al actuar siempre y cuando: al actuar así, la persona cree que esa acción la llevará a conseguir un objetivo; gusta de, o desea, actuar así; y tanto esta actitud positiva como su creencia, son la causa de su acción.

Una condición más exigente que se puede tomar como requisito para la acción (propuesta por Harry Frankfurt en “Freedom of the Will and the Concept of a Person“) es que, además de ser un acto que tenga un fin, sea realizada con ese fin conscientemente, de tal manera que la persona no solo desea tal objetivo, sino que también desea desearlo. (Por ejemplo, un adicto a una droga puede tener un fuerte deseo de consumirla; pero también el deseo de ya no desear esa droga.)

La segunda manera de entender a la intencionalidad es un concepto de algunas teorías de la mente y la conciencia, asociadas con filósofos como Franz Brentano, Edmund Husserl o John Searle. La concepción en esta área es como: aquélla característica de cierto tipo de estados mentales—los estados intencionales—gracias a la cual éstos se “dirigen a” o “son acerca de” o “son sobre” algún objeto en el mundo. Entre estos estados se encuentran las creencias, los deseos y los recuerdos. Por ejemplo, mi creencia de que Emiliano Zapata fue un héroe de la Revolución es sobre Emiliano Zapata; mi deseo de que pase mi examen de mañana es acerca de ese examen; y mi recuerdo del día en que conocí a mi mejor amigo “se dirige a” esa persona. Se suele identificar a la intencionalidad de un estado mental con la capacidad que éste tiene de representar al mundo (incluyendo en éste a otros estados mentales del sujeto, como cuando uno recuerda haber dudado si había cerrado la puerta, por ejemplo).

Desde el trabajo de Elizabeth Anscombe (en Intención), se distinguen distintas direcciones de adecuación para los distintos tipos de estados intencionales. Por ejemplo, una creencia tiene una dirección de adecuación de la mente al mundo: es correcta, es verdadera, cuando el contenido de la creencia se corresponde con el mundo. Por poner otro ejemplo, un deseo tiene una dirección de adecuación del mundo a la mente: un deseo se satisface cuando el mundo se adecua a este. Así, mientras que con la creencia buscamos que la mente se adecue al mundo, con el deseo buscamos que el mundo se adecue a la mente.

Los filósofos canadienses Paul y Patricia Churchland han argumentado (p.ej., en Materia y Conciencia) que, a partir de los descubrimientos de las neurociencias, se puede inferir que los estados intencionales no existen: forman parte de una teoría falsa—llamada “psicología del sentido común“—que debe ser reemplazada por una teoría de la representación mental de las neurociencias. Esta postura, conocida como materialismo eliminativo, todavía es muy controversial.