objetivo/subjetivo

Estos dos conceptos pueden ser entendidos desde diversas áreas de la filosofía, como la filosofía del lenguaje, la metafísica, etc. En la presente entrada nos centramos de forma prioritaria en su determinación desde los problemas relacionados con la teoría del conocimiento y con la epistemología. El interés por determinar qué es el objeto y el sujeto, así como sus derivados (como son los conceptos mismos de objetividad y subjetividad), ocupó un lugar de importancia en las preocupaciones filosóficas de los escolásticos y más tarde en los modernos, sobre todo a partir de Kant.

 

Los escolásticos, como Duns Escoto, contrapusieron lo objetivo a lo subjetivo, entendiendo lo primero como “objeto en tanto que pensado” y lo “subjetivo”, como lo que corresponde al objeto de la sensación. Entonces, “objetivamente” fue para ellos como “estar en la mente”, pues todo lo que es pensable es objeto. Mientras que, autores como Occam, hablan de lo subjetivo como un “ser substancial”. Del análisis escolástico persiste la idea de que lo “objetivo” no necesariamente se equipara con “lo real”, ya sea cognoscible o no. En estos autores, las nociones de interés están más ligadas a problemas de índole metafísico.

A partir de Kant, “objetivo ” tiene un sentido netamente enmarcado en problemas de teoría del conocimiento, que designa “lo que no reside [del todo] en el sujeto” y se contrapone al de  ‘subjetividad’, entendida como aquello que está, completamente, determinado por, o en, el sujeto. De esta manera, la objetividad está ligada a “la realidad” y por lo tanto a la “verdad”. La subjetividad, que es del sujeto, se encuentra entonces determinada por las condiciones propias del mismo. No olvidemos que el sujeto mismo es para algunas ciencias también un objeto. Pero al ser el sujeto el que conoce, quiere, siente, percibe el objeto, desde  Kant, también éste forma parte activa en el proceso del conocimiento;  lo que constituye su llamada revolución copernicana. En este sentido, tanto lo subjetivo como lo objetivo son términos correlativos e interdependientes dentro del proceso del conocimiento, y además no tienen necesariamente  preeminencia el uno sobre el otro.

En relación al conocimiento científico moderno y contemporáneo, no es adecuada la idea de objetivad como un ideal por el que se busca conocer la realidad sin la interferencia del sujeto. Este tipo de categorías se ven rebasadas pues el papel de la “observación” y del “experimento” en la modernidad hacen inadecuado que se apliquen estos conceptos basados sólo en el marco de la teoría del conocimiento tradicional . Los criterios de rigurosidad o exactitud de una teoría pasan por otras categorías relativas a las características de las teorías mismas. Por ejemplo, desde Galileo se tiene la clara conciencia de que la “simple observación” de la realidad no es lo que nos lleva a establecer las leyes que constituyen las ciencias modernas, que típicamente establecen leyes acerca de fenómenos que no son “observables” en condiciones normales. Con ello, la noción de experimento conlleva a  tener un modelo de aquello que se quiere explicar, y en esto interviene la matematización de las ciencias. Es decir, las matemáticas se vuelven el lenguaje de la mayoría de las ciencias modernas y contemporáneas, lo cual las conduce a crear  modelos que pueden incluso  postular o ayudar a postular la existencia de ciertas entidades que no podemos observar a simple vista o incluso mediante las herramientas de “observación” creadas con ayuda de ciertas teorías. Con esto, los criterios de predictibilidad, explicación, coherencia, sistematicidad, falseabilidad, que son criterios que conciernen a características de las teorías mediante las cuales explicamos ciertos fenómenos, tienen un significado más adecuado y detallado. Naturaleza humana, amor y emociones, es el área de interés relacionada con este concepto. No obstante, también es de interés en el área conocimiento científico.

 

Cecilia Chávez Aguilera @ceciliachavez