Perfeccion AI. 6

En su acepción cotidiana, la perfección es la cualidad de tener “el mayor grado posible de bondad o excelencia en su línea”, o de poseer “el grado máximo de una determinada cualidad o defecto”, según la RAE. Por ejemplo, una computadora perfecta sería una que cumpla de manera máxima todos los criterios que definen a una buena computadora (como ser veloz, durable, etcétera).

A lo largo de la historia de la filosofía, el concepto de perfección se ha entendido de distintas maneras, todas ellas relacionadas con otros conceptos metafísicos que también se tratan en el A.I. 6.

Aristóteles distinguió (en el libro Delta de su Metafísica) tres sentidos en que se dice de algo que es perfecto: (1) cuando sus cualidades lo hacen el mejor en su género, (2) o lo que es completo, que no le falta nada, pero tampoco le sobra, y (3) lo que ha alcanzado su finalidad natural, si esta es loable. Así, lo perfecto está acabado, pero lo que está en proceso o es ilimitado no es perfecto, en esta concepción.

En la Suma Teológica (Primera parte, cuarta cuestión), Tomás de Aquino afirma que “una cosa es perfecta en cuanto que está en acto”. Es decir, una cosa que todavía puede ser algo no es perfecta, pues ésto requiere que la cosa ya sea, es decir, en terminología escolástica: requiere el acto o actualización, no la potencia. Esto porque, siguiendo a Aristóteles, toma a la perfección como un tipo de completud, aquélla que posee lo que ya no tiene deficiencias. Aquino afirmará que Dios es absolutamente perfecto, al no faltarle “ninguna grandeza que se encuentra en cualquier género”, y al poseer toda perfección del ser, pues—argumenta—sólo lo que tiene ser puede ser perfecto en algún modo.

Anselmo de Canterbury parece suponer una noción de perfección muy específica en su famoso argumento ontológico a favor de la existencia de Dios (ofrecido en su Proslogion). Para Anselmo, incluso un “insensato” comprende la idea de un ser tal que no se pueda concebir otro más grandioso que éste. A partir de esto, Anselmo argumenta: si ese ser sólo existiera en el pensamiento, se podría concebir un ser mayor que existiera en la realidad; pero, entonces, se llegaría a una  contradicción con la idea de que el primer ser concebido era el ser más grandioso, pues lo que existe en la realidad es mayor que lo que sólo existe en el pensamiento. Por lo tanto, infiere Anselmo, debe existir—en la realidad, no sólo en el pensamiento—el ser más grandioso: aquél sobre el cual no se pueda concebir ningún otro ser; ese ser es Dios. Pensadores posteriores, como Descartes (en la quinta meditación de sus Meditaciones Metafísicas) o Leibniz (Nuevos Ensayos Sobre el Entendimiento) defenderán versiones de argumento, sobre la base de que: (1) la existencia es una perfección, y (2) la idea de Dios es la idea de un ser máximamente perfecto, es decir, de un ser que posee todas las perfecciones.

Como vemos, la noción de perfección se ha aplicado sobre todo a la cuestión de la existencia y naturaleza de Dios en filosofías afines al cristianismo; sin embargo, cabe notar algunas cuestiones abiertas: ¿podríamos aplicar el concepto filosófico de perfección a otras problemáticas, fuera de la teología? Si pudiéramos aplicar la concepción aristotélica de los fines u objetivos naturales de cada tipo de cosa, ¿podríamos concebir que éstas fueran perfectas al alcanzarlos? Pero ¿Qué fines podríamos suponer que tienen las cosas?

 

Elaboró: Carlos Romero