Razonabilidad AL. 9

La razonabilidad es una propiedad que se atribuye a muchas cosas diferentes: se puede hablar de personas razonables, de actos razonables, creencias, juicios, hipótesis, etc. La forma en que los diversos sentidos del concepto se relacionan es compleja y diferentes filósofos han llegado a plantearla de formas distintas. En lo que sigue se tocarán acepciones relevantes para el área de interés 9.

Una explicación muy buena del concepto de razonabilidad la podemos encontrar en el texto de Luis Villoro “Lo racional y lo razonable” (en su libro Los retos de la sociedad por venir, p. 205-222). Allí, el filósofo distingue entre la racionalidad y la razonabilidad de las acciones o creencias. Una creencia es racional si está fundada en razones, sin importar su adecuación a la situación en que se ejerce; mientras que es razonable en la medida en que sirve a realizar el fin que nos proponemos en una situación concreta.

Así, en el caso de las creencias podemos decir que éstas son racionales si pueden justificarse en evidencia o en la información que tenemos disponible. Y se dirá que son razonables en la medida en que esa evidencia o información soporta la pretensión de verdad de la creencia. En este caso, se puede decir que todas las creencias racionales son razonables en alguna medida; pero que las creencias irracionales no son razonables. (Villoro, Los retos de la sociedad por venir, p. 209)

Luisa puede creer por ejemplo que hay un asesino serial escondido en su armario. Imaginemos ahora que al preguntarle por qué piensa así ella dice “porque anoche soñé que había un asesino en mi armario”, en este caso, la información en que Luisa basa su creencia no es un buen apoyo para su creencia, de modo que no es razonable ni racional.

Imaginemos, en cambio, que ella dijera “Vivo junto al reclusorio. Hoy por la mañana dijeron en as noticias que un asesino serial escapó de él y que debíamos estar alerta. Salí por unas horas y dejé mi casa bien cerrada, pero al regresar encontré la cerradura forzada, y al entrar escuché que la puerta del armario se cerraba rápidamente.”, en este caso la información que ella posee, la evidencia que tiene a la mano, parecen apoyar mucho mejor su creencia. Podemos decir que es racional y razonable.

Ahora bien, si Luisa nos dice todo eso, pero sabemos que el marido de Luisa trabaja como cerrajero, siempre olvida las llaves de su casa y  suele llegar justo a la hora en que Luisa llegó, podemos pensar que la creencia de ella es racional, pero tal vez no es del todo razonable, pues hace falta más apoyo para su pretensión de verdad. También sería razonable pensar que fue su marido el que forzó la cerradura y entró al cuarto.

Algo similar podemos decir de las hipótesis o conjeturas. Imaginemos que de un tiempo a la fecha la abuelita de Paco se ha comenzado a comportar de manera extraña, olvida cosas con mucha facilidad, confunde a las personas, repite acciones que ya ha llevado a cabo (se baña dos veces el mismo día, por ejemplo).  Una hipótesis indicaría “es posible que se trate de demencia senil”, mientras que otra diría “Tal vez se trate de alzheimer. Ambas hipótesis pueden ser racionales, pero una será más razonable que la otra si explica el hecho mejor que la otra (pues eso es lo que se espera de las hipótesis).

También las dudas pueden ser más o menos razonables. De hecho en varios marcos legales se ha exigido que se establezca “más allá de toda duda razonable” la culpabilidad de las personas que son juzgadas por algún delito, para poder imponerles una condena.

Hay, por supuesto, algunos problemas que se pueden plantear al concepto de razonabilidad. Puesto que la razonabilidad depende de la adecuación a los fines que se pretenden, a veces puede no coincidir con otras pretensiones, por ejemplo la de verdad, pues la razonabilidad no equivale a la certeza.

Tomemos el caso de la duda razonable en los sistemas jurídicos. Imaginemos el caso de un persona que comete un crimen pero es muy buena para esconder las evidencias, que tiene una buena coartada (como se puede ver en la película Fracture, también conocida como Crimen perfecto), la evidencia de a que se dispone no es suficiente para dudar razonablemente de la inocencia del acusado, y sin embargo es culpable. De manera análoga, sería posible que nuestras creencias más razonables en ciertas situaciones sean sin embargo falsas o estén realmente mal fundadas.

 

Elaboró: Rafael Peralta