Sentido de la historia

 

La historia tiene sentido en la medida en que la variedad de hechos que ocurren en ella pueden ser relacionados e interpretados con respecto a un mismo fin o propósito (Lowith, Karl, El sentido de la historia, México: Aguilar), como puede ser la felicidad, la paz, el bien común, la abundancia, la democracia, etc.; incluso la repetición de patrones, acciones y conductas puede ser considerada como una finalidad, que permite relatar y comprender hechos históricos.

 

En la Modernidad, el sentido de la historia suele ser interpretado a partir de la idea de progreso, sin embargo, en los siglos XX y XXI, la concepción moderna de la historia ha sido fuertemente criticada, y se han planteado formas alternativas de comprensión e interpretación del sentido de la historia; incluso se ha renunciado a la posibilidad de encontrar un fin o propósito último de la historia, a pesar de los problemas que dicha renuncia trae consigo. En el debate intitulado “De progresos, revoluciones y repeticiones” de la Plataforma de Temas (Ver debate “De progresos, revoluciones y repeticiones” aquí.)

 se observan algunos de los problemas que la idea de progreso y la crítica de la misma pueden ocasionar tanto a nivel teórico como a nivel práctico.

Mario Chávez (@mario)

  1. Jesús M dice:

    Sentido=significado=inteligibilidad. La máxima corresponde a los enunciados matemáticos que describen las regularidades fuertes del universo físico. Imposible deducir de ellos propósito (por tanto, sentido) alguno. No es pertinente preguntarse para qué o hacia dónde se mueven todos los objetos del universo. En el ámbito de la biología desparecen las regularidades fuertes: la evolución es histórica porque el tiempo transforma las especies (la filogenia es, por supuesto, ontogenia). Esa historicidad quizá proporcione base para una atribución de sentido, al permitir posibilidades (o al restringirlas). Pero en contra de esta posibilidad opera la pérdida de inteligibilidad ínsita en la propia historicidad. En cuanto a la Historia de nuestra especie, parece sencillamente ridículo plantear que pueda tener algún sentido solo porque sus protagonistas experimentaron una vistosa encefalización a lo largo de su (asombrosamente corto) proceso evolutivo. En realidad solo cuando las sociedades creen en tal sentido puede predicarse que existe, y a la inversa. Como aquello que conforma la ideología de una “formación social” tiene mucho que ver con tales creencias y es de naturaleza, claro, irreductiblemente histórica, vendrá a resultar que los sentidos de la historia serán contingentes y estarán determinados, entro otras cosas, por procesos que deberían poder ser descritos por elementos operativos del cuerpo doctrinal de las ciencias sociales.

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