Verdad AI. 7

El concepto verdad es absolutamente central para la filosofía, lo fue desde un inicio y lo seguirá siendo mientras exista la disciplina filosófica. La filosofía se relaciona con el mundo a partir de su búsqueda de la verdad y nos advierte constantemente que ésta, la verdad, no es evidente.

Uno de los filósofos presocráticos más antiguos, Parménides de Elea, compuso un poema que consta de dos partes: el poema ontológico y el poema fenomenológico. En el proemio del texto, Parménides construye una metáfora sobre un viaje que realiza en un carro tirado por caballos que lo conducen por un camino muy pocas veces transitado hasta un palacio divino en el cual una diosa le revela la verdad sobre el ser y las apariencias. La diosa enseña a Parménides que las apariencias son falsas, y que la verdad hay que buscarla en otro lugar, a partir de la aplicación de un método lógico. Es él quien probablemente inaugura este tema tan central para la filosofía de distinguir entre lo que meramente aparenta ser real y la verdad que yace en otro lado.

Una de las versiones más desarrolladas de esta distinción la podemos hallar en ‘La República’ de Platón. Ahí, Platón construye una de las más bellas y conocidas alegorías filosóficas, me refiero a la ‘alegoría de la caverna’. Platón dice que algunos hombres viven como si estuvieran encadenados al fondo de una caverna oscura, sin poder ver otra cosa que el muro de fondo. El muro de fondo servía como pantalla de cine, donde se proyectaban sombras de las cosas reales que existían en el mundo. Plantón cuenta cómo alguno de esos hombres encadenados una vez logró escapar y arrastrarse hacia a fuera de la caverna, donde en principio fue cegado por la luz del sol, pero después se pudo adaptar y ver la realidad como realmente era. Lo que Platón pretende hacer ver con la alegoría es que la verdad no está en el mundo material a la cual accedemos a través de los sentidos, estos solo nos ofrecen sombras de los objetos reales. Para Platón la verdad está en otro lado, está en el ‘mundo de las ideas’, es decir, a la verdad se accede a partir de un ejercicio racional. La verdad, una vez contemplada, puede en principio cegar a los hombres acostumbrados a buscar la verdad en el mundo material, pero a la larga ilumina y se muestra con mucha mayor nitidez que las sombras de la caverna.

Miles de años después, a principios del siglo xix, un filósofo alemán llamado Hegel, nos ofreció una noción del concepto ‘verdad’ que implica una relación completamente distinta con el mundo. Durante mucho tiempo, la filosofía había partido de la noción de que la verdad era una cosa que existía en el mundo, y que el problema era alcanzarla, es decir, que el problema de la verdad era el conocimiento: mejorar y mejorar el conocimiento para acercarnos cada vez más a la verdad. Sin embargo Hegel, propuso en su ‘Fenomenología del espíritu’ que no sólo el conocimiento se transforma, sino que también la verdad se transforma. Hegel sostuvo que cada época tiene su propia configuración de verdad, que se corresponde con el momento de manifestación de su conocimiento, y esa configuración de verdad es suficiente como para que la sociedad que la posee, en un momento dado cualquiera, sea capaz de producir el mundo. Para Hegel, la verdad es histórica, así como la historia es una verdad deviniendo.

 

Elaboró Sergio Lomelí